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Vinicius sigue en muy buen estado

Un Madrid vestido de verde, guiño climático muy apropiado, se quedó con los puntos ante un Espanyol que anda muy mal en la tabla pero que no dejó malas sensaciones. Se hizo raro ver al Madrid en el Bernabéu con un color distinto del blanco. Que yo sepa, jugó de azul dos veces, una en el 59, ante el Santos, homenaje a Muñoz, y otra en el 67, ante el Ajax, correspondiendo a la cortesía del equipo holandés, que en la ida cedió el blanco al Madrid. Eso, más el pantalón azul con que se jugó el partido de homenaje a Di Stéfano, porque el árbitro no dejó que el Celtic se cambiara el suyo, pues llevaba los números en él.

Esa rareza aparte, fue un partido más, con un resultado más y otra demostración de eficacia de Benzema, que facilitó el primer gol a Varane (cuya serenidad en el remate fue propia de los grandes delanteros que en el mundo son) y otro propio, el undécimo del campeonato. Con esos dos goles resolvió el Madrid el partido ante el Espanyol, que apretó bien arriba y se apalancó bien atrás cuando fue preciso. Un modelo para incomodar el arranque del juego del rival y para cerrar espacios cuando le llegaba al área. A cambio, lo que tiene poco el Espanyol es peligro. Diez goles lleva, uno menos que Benzema. Así le va a costar salvarse.

La novedad, aparte del verde, fue el regreso al 4-3-3, con Rodrygo y Vinicius en los extremos. Digamos que esta vez ganó Vinicius, que agitó su banda, se fue siempre y terminó mejor de lo que suele, encontrando la portería o el pase varias veces. Al otro lado, de Rodrygo se echó en falta más atrevimiento para encarar, que es para lo que le ponen ahí. Fuera de eso, fue otra tarde para disfrutar de las idas y vueltas de Valverde, que está en todo, y para lamentar la expulsión por dos tarjetas de Mendy (le pudo pasar lo mismo a Vinicius en la primera mitad) lo que deja a Zidane un doble agujero para esa posición en Mestalla, una perspectiva incómoda.