La importancia del discurso coherente

Dicen que el fútbol es/debe ser de los futbolistas. Faltaría más. Son quienes dan lustre a este deporte, quienes llenan estadios, por los que se pagan esas carísimas entradas. Tan expuestos a focos y aplausos como a críticas y silbidos. “Normal. Con lo que cobran...”.. Totalmente de acuerdo. Sin embargo, este protagonismo a veces nos juega una mala pasada cuando dejamos de valorar como se merece la figura del entrenador. Porque claro, todos llevamos uno dentro. Y el nuestro, es decir, nosotros mismos, es el mejor. “Es que a este equipo lo entrena cualquiera. No es tan difícil”. Se dice aquí y en Pekín. Tremendo error valorar de manera tan simple algo tan exigente. Y qué poco nos fijamos en la importancia capital del técnico cuando realmente la tiene.

O curre que Las Palmas tiene a un futbolista insultantemente superior en Segunda como Jonathan Viera, cuenta con el talento superlativo de Pedri, un ángel de 17 años, y se permite el lujo de tener lesionado a Rubén Castro. Su teórico titular en ausencia de Raúl va de portero a la sub17. Y luego, invisible para muchos, está Pepe Mel. Coherente en su discurso, apostando por la cantera, regalándole la tierra a quien la merece. Cada alineación, una odisea. Inscripciones, lesiones, sanciones, selecciones. Un desastre para cualquiera, una oportunidad que aprovechó para reinventarse. En fin: un entrenador importante.