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Ansu Fati nos faltó en el Sub-17

Teníamos un buen equipo para el Mundial Sub-17, aunque no sé si para haber llegado más allá de los cuartos de final, en los que caímos ante Francia. Entre ambas selecciones había una separación física ante la que no se puede hacer nada. Casi toda la selección francesa estaba formada por chicos que heredan la condición racial de sus padres, procedentes del África subsahariana. Chicos de desarrollo adelantado al propio de nuestra gente latina. Viendo el partido de cuartos, era fácil pensar que lo ganarían los que eran más rápidos, más altos, más fuertes. Altius, citius, fortius, según el viejo ideal latino. Ahí nos ganaron, en tres de las tres.

Pero aún así no olvido que nuestros chicos han hecho un buen campeonato, en el que siento que no haya comparecido Ansu Fati, tan español como franceses son los que nos arrollaron, y que le hubiera venido muy bien a este grupo para romper el cerco futbolístico y físico que nos acogotó. El Barça cameló a la Federación para que dejara aquí al chaval, a fin de ejercer de achuchador de Dembelé (que me temo que no se habrá enterado de ello) y como promesa en la Sub-21. En fin, que el que podría haber sido la estrella de este Mundial Sub-17 se quedó en tierra. Se diría que Rubiales se atreve mucho con Tebas, pero poco con el Barça.

Uno aspiraría a que la Selección de cualquier edad representara de verdad lo mejor que tiene nuestro fútbol en esa capa, pero esta vez no ha podido ser. Ansu Fati, un genio precoz, hubiera podido ser la escapatoria feliz del juego de nuestra Selección ante el abrumador fútbol físico de Francia. Las exigencias del modelo profesional de nuestro fútbol han aconsejado al Barça preservar el variable porcentaje de valor de Ansu Fati en estas jornadas. Lástima. Pinta para genio y entre los de su edad se hubiera distinguido como tal. El Barça debe de sentirse muy inseguro si no ha sido capaz de cederlo para una ocasión así.