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El maestro Nadal aún no ha llegado

Si no fuera porque las ATP Finals son uno de los torneos más importantes del año, sólo reservado a los ocho mejores del curso; porque el título de maestro es una de las pocas joyas que faltan en su corona, y porque está en juego el trono mundial a final de temporada, Rafa Nadal se habría pensado mucho más su presencia en el O2 Arena. Ya bien metido en la treintena, y con su físico zarandeado por las persistentes lesiones, el balear mide a conciencia sus esfuerzos. En la presente campaña había renunciado a varios torneos relevantes, pero, claro, el Masters es el Masters. Y este año, además, viene con doble premio: el número uno. Sus recesos han tenido como objetivo volver más fuerte, pero su último retorno no ha resultado tan afortunado. Rafa se retiró del pasado Masters 1.000 de París-Bercy por un problema abdominal, y se ha plantado en Londres entre algodones, con el tiempo justo para ser competitivo, sólo nueve días después. No es lo mismo entrenarse al máximo rendimiento, que ir midiendo cada servicio y cada gesto. Así no cunde.

A Nadal se le vio este lunes sin precisión y sin frescura en su debut frente a Alexander Zverev, quien además protagonizó un enorme partido, como corresponde a su condición de defensor del título y de campeonísimo del futuro. Los rivales también juegan. Al contrario que en otros torneos, una derrota no te expulsa de las ATP Finals. Rafa tiene todavía por delante dos oportunidades para meterse en las semifinales, dos duelos tremendos ante Daniil Medvedev y Stefanos Tsitsipas. Pero, de momento, ya se ha dejado los 200 puntos de esta victoria, muy apetecibles en su lucha con Novak Djokovic por el número uno. Por encima de estas decisivas cábalas hay algo más importante que Nadal debe recuperar: las buenas sensaciones. Sin ellas no hay maestría.