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Termina la hora del casting continuo en España

Ha pasado un año desde la derrota de España contra Croacia en la Liga de las Naciones, resultado que dejó a la Selección fuera de un torneo sin mayor interés, pero que invitó a la duda sobre la salud futbolística del equipo. Se había iniciado un proceso de transición que empezó como un cohete –victoria en Inglaterra (1-2) y goleada a Croacia (6-0)- y terminó mal, después de dos derrotas con los ingleses y los croatas en los partidos de vuelta. Aunque no se ha llegado a este extremo en la fase de clasificación de la Eurocopa 2020 –se ha conseguido la clasificación sin perder un encuentro-, la sensación que ha transmitido España en los empates con Noruega y Suecia ha sido algo decepcionante.

España ha funcionado en los dos últimos encuentros sin la claridad y la firmeza de sus actuaciones en Rumanía o contra suecos y noruegos antes del verano. Del equipo hiperactivo y optimista de aquellos partidos se ha pasado a otro que sólo le recuerda en los detalles, en momentos, en fases que luego se han desvanecido. Está claro que prosigue el proceso de búsqueda. Frente a Suecia sólo fueron titulares tres –De Gea, Íñigo Martínez y Ceballos- tres de los que jugaron en Croacia. Rodrigo, titular aquel día, ingresó en el segundo tiempo contra los suecos.

Es cierto que jugadores como Sergio Ramos o Jordi Alba, ausentes en Estocolmo, son titulares, o esa es la consideración general, pero también dice mucho de la situación el altísimo número de cambios que se han producido en estos meses. Casi en cada partido. Se puede pensar que Robert Moreno pretende acentuar el clima competitivo dentro de las convocatorias y que nadie se acomode a la titularidad. También es posible que el seleccionador haya interpretado toda la fase de clasificación como una evaluación de un amplio número de jugadores y que ahora disponga de todos los datos para afrontar la fase final. En cualquier caso, el rendimiento de la Selección ha descendido en los dos últimos encuentros.

Tenía sentido efectuar un casting para navegar por la dificilísima transición que se adivinaba después de los éxitos de un equipo mítico. La siguiente generación no terminó de romper y tanto Luis Enrique como Robert Moreno han explorado un amplísimo abanico de jugadores, sin mirar la edad, en algunos casos con regresos más que merecidos, como el de Navas y con apariciones impactantes, como la de Fabián. El problema surge cuando la búsqueda se prolonga más de lo debido, cuando el equipo ofrece más dudas que seguridades, cuando se pierde la frescura en favor de la incertidumbre.

En sus mejores momentos, la Selección ha dado muestras de un excelente potencial, sobre todo después de la depresión que alimentó el Mundial de Rusia. En sus momentos más discretos, España pareció demasiado vulnerable frente a rivales que de ninguna manera ganarán la Eurocopa. Lo más decepcionante es que las peores sensaciones se hayan producido en los dos últimos partidos, cuando el equipo debería de estar más engrasado.
Terminada la aventura de la clasificación llega el momento de definir el equipo y su plan de juego. Apenas queda tiempo y partidos por delante. Es hora de preservar lo mejor y de solucionar las dudas. El tiempo del casting constante ya no tiene sentido.