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España sufre entre el diseño y la realidad

Una alineación de ataque sufrió para defenderse más de la cuenta en Oslo, donde Noruega ofreció señales de sus progresos después de varios años decepcionantes. De esa contradicción entre el diseño y la realidad trató un partido que se le complicó a España hasta el último minuto –el penalti y el gol noruego se ajustaron a las características del duelo– y exigió del equipo recursos diferentes a los habituales. Aunque irregular en su desempeño, la Selección evitó que sus problemas fueran insuperables.

La ausencia de Diego Llorente, la escasa actividad como titular de Hermoso en el Atlético y la suplencia de Unai Núñez –integrante de la anterior convocatoria– en el Athletic impulsaron la titularidad del veterano Albiol, después de varios años de ausencia. Funcionó bien, con la experiencia y la autoridad necesarias para medirse, y ganar casi siempre, en los continuos duelos aéreos que propuso Noruega. La frecuencia en este tipo de jugadas señaló las dificultades de la Selección para sentirse cómoda y sobre todo para aprovechar las cualidades de sus laterales, Navas y Bernat.

Son dos jugadores con una clarísima vocación atacante. En gran parte, los últimos excelentes partidos de la Selección se han debido a la enorme incidencia de Navas por el costado derecho y de Jordi Alba, antes de su lesión. Las características de Bernat, que fue titular ante Noruega en Valencia, son muy parecidas. Todos ellos ejercen de termostato del equipo. La Selección eleva sus prestaciones cuando estos laterales son protagonistas por su profundidad. España sabe que tiene problemas cuando Navas, Jordi Alba, Bernat o Gayá son constantemente exigidos en el capítulo defensivo.

Fuera de la primera media hora, donde Navas y en menor medida Bernat jugaron más cerca del área rival que de la española, los laterales fueron piezas estrictamente defensivas. Tiraron de recursos –son jugadores curtidos, con una amplísima experiencia–, pero sufrieron frente a un equipo que se desplegó bien por los costados y buscó con insistencia los centros aéreos. Esta tendencia, que España contrarrestó en algunas fases del encuentro, se acentuó tras el gol de Saúl.

La Selección se sintió obligada a jugar el partido que no le gusta. Estuvo a punto de ganarlo y no lo perdió. Tampoco concedió buenas oportunidades a Noruega. Eso sí, se sintió rodeada más tiempo del conveniente. Se retrasó cada vez más y terminó encerrada. Ahí se le planteó un dilema que Robert Moreno pretendió resolver con el ingreso de Cazorla. Quería más posesión y menos imprecisiones.

Sin embargo, el partido había entrado en una dinámica que no ayudó a España. Prefirió la solución directa del contragolpe aparentemente sencillo a bajar la temperatura del partido. No ayudó el anonimato de sus delanteros. Rodrigo y Oyarzabal apenas ayudaron a generar dificultades a los noruegos. A esa carencia se añadió el alto número de pérdidas en el arranque de los contragolpes, con un efecto muy preocupante: Noruega siempre estuvo demasiado cerca del área de Arrizabalaga, sin generar ocasiones, pero advirtiendo en cada jugada de un peligro inminente. Se concretó en el último minuto del partido.