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Odegaard marcará una época si se le deja en paz

Analizamos el nivel de un futbolista a la velocidad que se chasquean los dedos. Un mal pase... ¡ah, este no sirve! Un regate, este es un genio. Las etiquetas pueden durar toda una vida. En el caso de Martin Odegaard, nos indignó que no se respetaran las reglas de siempre: cómo se atrevía a incluir en su contrato dónde entrenaba y dónde jugaba. Ese control que pretendía tener un chaval de 16 años, que había cometido el delito de viajar a varias ciudades deportivas de varios clubes importantes europeos para decidir dónde encajaba mejor, era poco habitual y se nos hizo extraño.

Como además se le impuso con calzador al entrenador del Madrid y también al del Castilla, y era un alienígena para sus compañeros del filial que además debían ceder a disgusto un puesto en el once, lo normal era utilizar nuestros prejuicios para reírnos cada vez que cayera.

Lo que no sabíamos era que ya venía enseñado por su padre Hans Erik, ex futbolista, que le hacía prever cada paso y cada pase, que le pedía que mirara mil veces alrededor para entender qué podía pasar y que debía pasar. Ya desde los diez años. O que Solari, por ejemplo, había pasado horas buscando la manera de mejorarle. Sin que Odegaard se diera cuenta, el entrenador trabajaba en silencio para formarle con charlas y vídeos individuales, intentó entender su madurez y le adecuó a sus circunstancias especiales para ser aceptado, cosa que no fue fácil si alguna vez se logró.

Odegaard, en pleno desarrollo, se fue a una liga ideal para él. En Holanda no miran el carnet de identidad, sino la calidad. Y acabó en su segundo año allí, ya en el Vitesse, marcando once goles y dando doce asistencias. A continuación, Martin decidió que debía jugar en España.

Muchos equipos le quisieron, pero vio que la Real Sociedad tenía un estilo definido que pasaba por tener el balón y hacerlo llegar a los de arriba, que son muy buenos. Desde el principio el equipo le mira en busca de soluciones. Tras jugar contra el Espanyol, William José me dijo que se propusieron cuidarle tras verle en el primer entrenamiento. Que se sienta a gusto. Martin lo está en la Real Sociedad y quiere pasar dos años en un mismo sitio, creciendo, equivocándose, mejorando. "Dejadle tranquilo", me dijo Xabi Alonso. Igual sí, igual hay que dejarle en paz para que sea, como sospecho, un jugador que marcará época en el Madrid...