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Valverde, el perfil de interior que quería Zidane

Los contrastes del Madrid son pronunciados. El Bernabéu vivió ante el Granada una repetición del partido contra el Levante. Se confirmó como un equipo distinto de punta a punta según el tramo del partido, inconstante y difícil de explicar. Su gran primera parte, en la que regateó la presión del Granada con un ejercicio de precisión desconocido esta temporada, degeneró en un mal rato durante la parte final del encuentro. La sensación de angustia no le abandona ni en los días de mayor lucidez. Esa irregularidad que le define se ha convertido en una costumbre tan preocupante en la que Zidane debe incidir por encima de cualquier asunto.

Hubo un nombre propio en la victoria madridista. Valverde asumió la función del interior de recorrido que exigía Zidane en el mercado veraniego. Es un centrocampista de un perfil diferente al resto, abrasivo en las disputas -ocho robos tras intento de regate del rival- y con fondo para ocupar todo el campo. Su temperamento en los duelos promovió la recuperación en zonas adelantadas, consecuencia directa del segundo y tercer gol, y su altura sobre el campo estiró las asociaciones blancas. Su dinamismo encaja en el anuncio de revolución que vociferó Zidane al final del curso pasado y del que apenas se conocen signos del mismo en el inicio de esta campaña. La tarde espléndida del uruguayo, derroche de personalidad, energía y despliegue, coincidió con el estreno goleador de Hazard, que se movió mejor entre líneas y no se fijó tanto en la banda izquierda. Todavía está lejos de protagonizar un partido completo, igual que le sucede al Madrid a nivel colectivo.

Lectura adecuada

Valverde salta a la presión con fiereza y sentido. Su intervención permite al Madrid robar con el Granada abierto y después cede a Hazard con tiento en la jugada del segundo gol.