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Un Espanyol sin música y sin alma

'A capella'. La afición cantó la parte final del himno 'a capella', como el equipo juega en el césped, sin música que le acompañe desde el banquillo, gritando a pleno pulmón que no está cómodo en el campo y no es capaz de interpretar lo que se le pide. Un grito de auxilio que se ilustra con el gesto de Calero a Diego López pidiéndole que juegue en largo, que cerca del área problemas los justos; en el tiro de Darder a la grada desde 30 metros y su mirada al cielo; o en las caras de los jugadores después del 0-2 en una primera parte insulsa y escalofriante. Otra más.

Despropósito. No da Gallego con el mensaje ni los jugadores con los planteamientos. La primera parte recordó a aquel baño de realidad de la Real ante el Espanyol de Galca en 2016, partido cuyo desenlace fue de sonrojo (0-5). Los pericos no salieron de su campo, sus contraataques eran tan poco hirientes como lluvia fina y los errores empezaron a sucederse. Cuando un equipo, en este caso la Real, marca un gol en tres pases es que el desequilibrio defensivo es una realidad. Y así fue el 0-1, un tiralíneas que puso al Espanyol por detrás de nuevo en el marcador, como ha pasado en siete de los últimos ocho encuentros.

Sin alma. No encuentran salvavidas los de Gallego más allá que el descanso. Mutan en el segundo tiempo por amor propio y por el paso atrás que dan los rivales. Ilusiones ópticas como el 1-2, pues a los dos minutos otro error en la salida de balón provocó el 1-3 ante la parsimonia de un Diego López que estaba mal colocado. El Espanyol acabó el duelo como alma en pena, corriendo como liebres perseguidas, sin orden ante una Real que vivió uno de los más partidos más plácidos que recuerdan.

La mejor noticia. No fue plácida la tarde para la hinchada del Espanyol, que sufrió una indigestión incluso antes de haber comido. La bronca del descanso (y la del final) fue monumental, con un Gallego manos en los bolsillos que fue el último en entrar en el vestuario. La reacción perica se fue al traste con el 1-3 y, con el encuentro sentenciado, el mejor aplauso se lo llevaron Pedrosa y, en especial, David López. El capitán vuelve a un barco a la deriva con la necesidad de poner orden a una zaga que ha recibido ya nueve goles en cinco encuentros y que no conecta con el juego. 204 días después David regresó. Tiempo récord para el alma del Espanyol.

Semana decisiva. La semana, la última de septiembre, empieza con mal pie y puede ser definitoria con el futuro del banquillo. La tendencia no es la mejor ni tampoco el juego. El jueves en Vigo el Espanyol deberá dar un paso adelante para cerrar una hemorragia que sigue agrandándose. Es lo que tiene jugar en Europa: ante tanto ajetreo, el tren no espera a nadie.