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Una conversación con Julio Orozco

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Una conversación con Julio Orozco

Una conversación con Julio Orozco

DIARIO AS

"El caso del Málaga-Salamanca de la 79-80 fue un tremendo equívoco, alimentado en actitudes de personas que quisieron salvar su responsabilidad en el descenso".

Hace una semana desarrollé aquí el tema de aquel Málaga-Salamanca de la 79-80, como consecuencia del cual la Federación suspendió a seis futbolistas: cinco del Málaga, por prestarse a un soborno, y uno del Salamanca por inducirles a ello.

Aunque la información terminaba con el hecho de que, tiempo después, el entonces recién creado Comité Superior de Disciplina Deportiva levantó las sanciones a los cinco jugadores del Málaga, entendiendo que no se habían aportado pruebas suficientes contra ellos, en el contexto de la información latía que se daba por cierto el hecho.

Así lo entendió uno de los suspendidos, Orozco, que se sintió mal y me llamó. Con la mayor corrección, tengo que decir. Tengo que añadir que yo le busqué para la información y no le encontré. Culpa mía porque tenía el teléfono mal.

Nos encontramos, y tengo que decir que su explicación me convenció. Y aunque insisto en que la información terminaba explicando que la sanción sobre él y sus cuatro compañeros se levantó, me parece de justicia narrar los hechos como él los cuenta. Encajan cosas que en la versión ‘oficial federativa’ bailaban.

Orozco, en efecto, recibió una llamada de Castronovo (ex del Málaga) el viernes antes del partido. Según Orozco en unos términos parecidos a esto:

-Mira, me han insistido en que os llame para ver si os dejaríais ganar a cambio de un dinero. Yo les he avisado de que supongo que diríais que no, pero como me han insistido tanto, llamo por cumplir.

(El Málaga estaba ya descendido en la práctica, muy rezagado en la tabla; el Salamanca estaba por encima de la zona del descenso, pero en riesgo).

Orozco, me asegura, le dijo que no. Y le advirtió que lo tenía que contar en el club. Y, en efecto, se lo contó al vicepresidente, Pérez-Gascón, que se mostró preocupado.

El sábado, víspera ya del partido, Pérez-Gascón fue a comer al hotel con los jugadores y habló con Orozco tras la comida. Hablaron de la llamada, de la que para entonces no sabía nada ningún jugador. Pérez-Gascón le pidió el nombre del comunicante. Orozco le dijo que estaría dispuesto a dárselo a la Federación, si era preciso. “Ya la advertí a Castronovo que si me exigían su nombre lo iba a dar”, me comenta.

La conversación entre Orozco y Pérez-Gascón fue interrumpida un momento por el meta, Corral, que esos días estaba planteando su renovación por el club y quería tratar el asunto. El directivo le dijo que no era momento, que ya hablarían.

Poco después, Viberti, el entrenador, que estaba al tanto, preguntó a Corral si había avanzado en el tema, y Corral le dijo: “No, y ya sé lo que tengo que hacer”. Esta frase se tomará luego como prueba decisiva.

El partido se jugó en la tarde del domingo. Orozco niega que Castronovo estuviera de un vestuario a otro, como dijeron algunas informaciones luego, aunque sí fue al partido.

Perdió el Málaga 0-3: “Como perdíamos casi siempre. Hicimos 19 puntos en todo el año. Yo jugué mal, me cambiaron en el descanso. Estuve mal todo el año, había perdido la velocidad. Era el delantero centro y en toda la Liga hice un gol, y de penalti. Había decidido dejarlo ese verano”.

El público, enfadado, gritó “¡Tongo, tongo!”. Algo de la llamada se había conocido ya en círculos próximos a la directiva y a Viberti, y empezó a a correr. Además, el primer gol fue un autogol: “La clásica jugada del que baja a defender, el balón le tropieza, y entra. Hoy es el médico del Málaga. Nunca estuvo bajo sospecha ni tenía por qué. En los otros dos goles, Corral tampoco pudo hacer nada. Uno fue un delantero que se le plantó solo y le fusiló. El otro fue una falta de Brizzola a la escuadra. Como la de Messi ante el Atlético”.

Tras el partido, Viberti se queja de la actitud del equipo. “Viberti era Dios en Málaga. Había sido un jugador legendario del club. Para él, ser el entrenador del descenso era un desastre. La historia de la venta le protegía… Y a la directiva, claro.”

Esa misma noche a Orozco le llama un redactor del Sur, que ya sabe de la llamada, le pregunta. El asunto corre como la pólvora, no sólo en la prensa local, sino en la nacional.

“Se montó una pelota increíble en la que nos metieron a varios. A mí por la llamada. A Corral por eso de “ya sé lo que tengo que hacer”, que a lo mejor era escuchar alguna oferta que tuviera…”.

Los cinco señalados eran veteranos de fichas altas que al club le estorbaban. Macías ni siquiera jugó el partido, llevaba varios sin jugar por lesión. Pero salió a relucir que un directivo del Elche había pensado que Macías era el apellido del tesorero del club, lo que le trasladó la sospecha de ser recaudador. Migueli era el capitán. Aráez era veterano…

Ese paquete de cinco cargó con la sospecha. A los mismos se les achacó la supuesta pretensión de haber planeado vender pocas semanas antes el Málaga-Almería, que debería haberse jugado en Algeciras por cierre de La Rosaleda… La directiva había apurado los recursos hasta que se negó a jugar ese partido, porque no consideraba justa la sanción. Ahora, al humo del Málaga-Salamanca, deslizó que en el fondo de la negativa estaba el conocimiento de que los jugadores (siempre esos cinco) querían vender el partido.

Con esa pelota y una larga instrucción la Federación se les sancionó a los cinco, así como a Castronovo, Felipe Mesones (entrenador del Salamanca) y al presidente del club charro.

Se dio por probado que habían viajado a Málaga 4.400.000 pesetas ‘por conducto privado’. No aparece constancia de ningún pago a nadie, ni persona que trasladara el dinero. Orozco dice no tener ni idea de dónde salió esa cantidad. Tampoco lo dice el largo desarrollo de la sentencia.

Orozco se declara inocente en un asunto por el que todavía rabia: “Todo lo que hice fue recibir una llamada, decírselo al club y, cuando me lo exigieron, dar el nombre del comunicante. Luego se fue montando todo eso, tirando de aquí y de allá, se organizó una psicosis y la Federación tiró por la calle de en medio. Y nos hizo polvo”.

Después de hablar largamente con él, que conserva toda la documentación federativa de aquello y me la mostró, me pareció estar ante la verdad de aquel enojoso asunto, del que yo había venido pensando todos estos años, como casi toda Málaga, que en efecto había sido una venta, quizá amparada en la conciencia de los jugadores por los atrasos en los cobros.

Cuando Orozco me llamó no pretendía más que convencerme. Le preocupa la opinión de sus hijos y sus nietos.

Me parece de justicia dejar por escrito la idea final que me queda del asunto: que fue un tremendo equívoco, alimentado en actitudes de personas que quisieron salvar su responsabilidad en el descenso.