Y si hubiera jugado Correa...

Ese día de Milán, la verdad, se le echó de menos. Esa prórroga en la que el Atlético no se decidió a ir por un Madrid por entonces empequeñecido disparó una de esas interrogantes sin respuesta que cuesta apartar de la cabeza de los derrotados: ¿y si hubiera jugado Angelito Correa? El argentino es un futbolista diferente, virtuoso del amago y el engaño, con regate y gol para desatascar los partidos que se complican e inventar espacios en las defensas que no los abren. También un riesgo, un jugador que a veces pierde pelotas inoportunas que desatan dañinos contragolpes, y sin mucho físico para la vuelta. Y ese dilema, contra el que conspiraron los calambres de Filipe y Koke, Simeone lo resolvió con un paso menos atrevido. Tiró a Thomas, al que el partido le superó y además dejó escapar un tres contra uno clamoroso. Así que la pregunta quedó en el aire, ¿y si hubiera jugado Correa?, y se cruza de vez cuando en las pesadillas de los atléticos. Y con más insistencia en las del jugador.

Por eso, porque no pisó la final y esas ausencias decepcionan y deprimen, hasta indignan, a Correa le entraron unas ganas comprensibles de irse. Su talento y su edad necesitan más minutos. Y dado el perfil innegociable de la fórmula Simeone, exigente con el sacrificio y la solidaridad defensiva, sus cualidades no los garantizan. Pero se le han pasado las ganas de fuga, convencido o a la fuerza, y el Atlético lo agradece. Porque Correa es buenísimo. Y no abunda.