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Lo mejor, el pianista

Lo mejor, el pianista

El Himno. Del partido no derramaré muchas palabras porque fue un tostonazo. Pero como la vida es efímera y recomiendan los sabios de la tribu que hay que aprender a saborear los buenos momentos, me quedo con la interpretación del Himno de España en Skopje. Un pianista macedonio, al que querría conocer por su habilidad para emocionarnos, interpretó la música de nuestro maravilloso Himno (sé que no es el más arrebatador del mundo, pero nací con él en el corazón) tocando el piano con una sonoridad espléndida. El estadio Filipo II guardaba un respetuoso silencio como si estuviésemos en la Filarmónica de Viena. Nunca escuché nuestro Himno con los sonidos emanados de un piano. Me epató. Y nuestros jugadores se relajaron tanto que afrontaron el partido contra los macedonios como era de imaginar: piano, piano...

Sin chispa. Táchenme de demagogo y de populista, pero digo yo que la manera de preparar el partido contra los rudos y duros macedonios no fue la más adecuada. Del Bosque les dejó a sus chicos gravitar en la animada noche de Gijón a pesar de que al día siguiente había entrenamiento matinal en El Molinón y acto seguido tocaba subirse al avión (vuelo largo y pesado) hacia la capital de la Antigua República de Yugoslavia de Macedonia (nombre impuesto para no ofender a Grecia). Toda la velocidad, voracidad y entusiasmo que vimos en Oviedo se difuminó en un duelo descafeinado desde el once inicial. De Gea jugaba tras cuarenta días de inactividad, se quedaban fuera Jordi Alba y Pedro (los dos cuchillos jamoneros ante los eslovacos), Iniesta suplente... No digo que no nos tomáramos en serio el asunto, pero es evidente que sin tener la clasificación para Francia asegurada no se cocinó la confrontación con el rigor, la seriedad y el entusiasmo que siempre debería generar el hecho de defender la camiseta de la Selección Nacional. Debo ser un romántico trasnochado...

Erre que erre. Diego Costa no puede ser el nueve de España. Se demostró en el Mundial de Brasil (Lagarto, Lagarto...) y ha quedado evidenciado en sus nueve internacionalidades con La Roja. Que sea brasileño me da igual. También lo era el impecable Senna. Sucede que el delantero centro del Chelsea se ha metido con el disfraz de piraña en una pecera llena de tiernos Nemos. El nueve de España es para Morata y Alcácer (¡el gol del ariete valenciano fue legal!). Encima, cuando Del Bosque sustituyó a Costa, éste se fue enfadado y no le tendió la mano. Encima, desagradecido. Al menos, como vio la tarjeta que acarrea su enésima suspensión no podrá jugar en Logroño ante Luxemburgo. No creo que la Federación Española se amotine contra la UEFA pidiendo que le quiten la tarjeta...

La carambola. En partidos que vienen a este mundo de nalgas, como era el de ayer, hay que sacar provecho de las rarezas que te ofrece el devenir de la vida. Si Mata se tira ensayando diez horas el centro chut que nos dio el triunfo, no le hubiera salido igual ni en sueños. El balón se fue cerrando, dio en el palo y el bueno de Pacovski la metió por la cara (nunca mejor dicho). Maldini definía así ayer en AS al veterano portero macedonio: “Bastante lento de reflejos y con problemas por arriba. Muy discreto. Necesita un reemplazo rápido”. Dimitrievski, que ya ha debutado con el Granada, debería ser titular ya. Eso sí, mejor para España. Entre Pacovski y el pianista nos alegraron una velada infame...

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