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Entre el sufrimiento y la historia

Entre el sufrimiento y la historia

Maradona dijo anoche, en la retransmisión de Cuatro, cuando empató Francia, que se abría un periodo de sufrimiento, y señaló el astro argentino: "Nadie pasa a la historia sin sufrir". Sufrimos, pero no pasamos a la historia. Es más, Francia hizo todo lo posible porque pasáramos desapercibidos. Durante un rato hubo tan solo un orden en el césped, el orden de la casualidad; reinó mientras España tuvo la iniciativa y se benefició de un penalti que luego fue un consuelo. Cuando Francia empató, a nuestra Selección se le embarullaron las coincidencias y empezó a dudar por donde más crea: por el lado de Xavi. Luis Aragonés palmoteaba -en exceso- desde su sitio, para que el medio recuperara su lugar en el cosmos, pero fue en vano, el centrocampista del Barça se perdió en la nada. Cesc, que es un jabato con la cabeza serena, tuvo que recoger esos papeles, pero pronto fue demasiado tarde, y el descalabro se mascaba como un mal presagio.

El domingo pasado publicó Forges en El País un chiste en el que recogía todos los tópicos que ahora vamos a escuchar en todas partes, el primero de los cuales es ese que reza: "No pudo ser". No pudo ser, y además así no podía ser. La peligrosidad fue francesa, incluso cuando el dominio era español; la pólvora de la delantera roja estuvo mojada desde que comenzó el partido, y con caricias como las que ejecutaron no se bate a una selección tan entusiasta como la que anoche vistió los colores de Francia. Seríamos injustos -y en el fútbol se es injusto siempre cuando se glosa una derrota propia- si no dijéramos que el fútbol español ha sacado un notable mientras duró su presencia en el campeonato; la derrota de anoche no se produjo en virtud de un desastre sino de una insuficiencia. Conviene ahora que los que mandan en la ética y en la estética de este deporte empiecen a pensar por qué no hay jugadores que mejoren la media de sus antepasados, cuando juegan en la mejor Liga del mundo.