Pacheco ha callado más de una boca

Pacheco ha callado más de una boca

Más de uno quiso enterrar a Edgar antes de tiempo. Como si eso de romperse una rodilla por los cuatro costados fuese cuestión de cortar, pegar y volver a jugar como si nada hubiera pasado. A Edgar, es cierto, le costó, pero no lo tuvo nada fácil. Se rompió en el último tercio de la temporada 99-00 y volvió un año después, pero para entonces ya era imposible entrar en el equipo, tener continuidad. Jugaban, ahí es nada, el mejor Darío Silva que pasó por la Liga y Dely Valdés. Peiró, evidente, no arriesgó para darle partidos a Edgar, que sabía perfectamente que para volver a ser el mismo iba a necesitar una tonelada de minutos.

Por un momento pareció que no había salida. Edgar empezó a jugar ratitos. 20 minutos, media hora, cinco partiditos en Getafe... Un tiempo ridículo para recuperar la exuberancia de su juego, la misma que tanto había impresionado en su primera temporada. Todas las condiciones que habían cautivado al Madrid para probarle. Demasiadas voces se apresuraron a pronosticar que no volvería a ser el mismo. Pacheco (así le llaman en el vestuario) no hizo demasiado caso. Fue arañando minutos. Primero, con Juande Ramos, con el que consiguió un gol de chilena ante el Madrid que le devolvió la moral para pensar que ya era capaz de hacer cualquier cosa con esa rodilla. Luego, con Manzano. Y finalmente, con Tapia, que al principio no se terminaba de decidir, pero que luego descubrió que en él tenía un estupendo factor de desequilibrio. La inevitable tendencia del ser humano a idealizar el pasado hace creer a muchos que el Edgar del primer año no volverá nunca. Pero la realidad es que ha vuelto y que la vida le sonríe. Tanto que está a un favorcito de la FIFA para jugar el Mundial. Lo merece.