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Fórmula 1: carrera de locos

Fórmula 1: carrera de locos

Hace dos domingos Alonso consiguió lo insólito: la mayoría de los partidos de fútbol huyeron de las siete de la tarde, porque a esa hora corría en pos del título. Ayer volvió a poner una pica en Flandes. Un millón de cazadores esperando un año que comenzara la temporada, y una gran mayoría comenzó a cazar más tarde de lo acostumbrado por ver a Alonso. Ya que había que madrugar... Pues bien que mereció la pena echarse al monte una hora más tarde, La carrera resultó excepcional. La mejor del año, dicen los especialistas. Ése es el mérito de Alonso y el éxito de la Fórmula 1. El título está decidido, sólo queda el secundario de constructores, y los pilotos jugándose la vida en las maniobras más audaces que se puedan imaginar.

¿Audaces? Me quedo corto. Temerarias. Adelantar en una curva que se toma a más de 300 por hora supone salir por los aires al más mínimo roce. ¿Qué necesidad tenía Alonso de ello? Simplemente, la de ganar. Alonso quería ganar. Y Raikkonen. Y Montoya si Villeneuve no se lo hubiera llevado por delante. Schumacher sabía que no podía ganar, pero no por ello iba a facilitar a nadie los adelantamientos. Quien quisiera hacerlo, ya sabía. A ponerse a su lado a 300 por hora. Sato también sabía que tampoco ganaría, pero le daba igual. Iba a por todas en cada curva, con resultado catastrófico para Barrichello y Trulli. Pues esa carrera de locos es la Fórmula 1. Y cuando los buenos salen detrás, se ve lo que se vio ayer. Un carrerón.