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Old Blood: libra por libra, uno de los mejores juegos del año

Opinión

Old Blood: libra por libra, uno de los mejores juegos del año

Old Blood: libra por libra, uno de los mejores juegos del año

Presentado como precuela de Wolfenstein: The New Order, se trata de un DLC cuya duración excede en bastante a la de algunos triple A.

En boxeo utilizan la expresión libra por libra para comparar dos púgiles cuya diferencia de peso impide que se midan directamente. Atendiendo a una serie de factores: pegada, colocación, técnica, iniciativa... se establece una clasificación que lidera ahora el multimillonario Floyd Mayweather. Si hiciéramos esa analogía en el mundo de los videojuegos muy pocos de los actuales triple A resistirían apenas cinco asaltos contra el DLC de Wolfenstein. Y eso cómo es posible. En primer lugar, porque se trata una expansión a la antigua usanza, de las que de verdad ofrecían una experiencia diferente al juego primigenio; de hecho Old Blood, sorpresa, no necesita The New Order para ser jugado. En segundo lugar, por su precio: 19,99 euros, muy alejado de la idea que tienen muchas compañías de sus clientes, a los que miran como vacas lecheras a los que ordeñar con micropagos que cambian muy poco, por no decir nada, el tronco central de la historia. Aquí uno se gasta el dinero de golpe, pero no a cambio de una chistera en forma de pera y con dudosos poderes, sino por un juego, perdón DLC, en toda regla.

Se nota que Wolfenstein es uno de los ojitos derecho de Bethesda, todo ha sido cuidado con bastante mimo, desde la línea argumental cuyas piezas encajan perfectamente para solaparse con el inicio de The New Order hasta el armamento. Se trata de una ucronía situada en 1946 en la que los nazis tienen contra las cuerdas a los aliados (al que le guste el tema que se lea Patria de Robert Harris) y en la que un operador del OSS, B.J. Blazkowicz, tiene que buscar unos documentos en territorio controlado por los nazis.

El juego se divide en dos partes, la primera se desarrolla en el castillo de Wolfenstein y la segunda en una aldea. Hay numerosas referencias a juegos anteriores y homenajes a películas como El Nido de las Águilas, además de accesos escondidos (pero no mucho) que dan paso a niveles del Wolfenstein original. ¡Qué tiempos!

Que nadie espere novedades. Esto es Wolfenstein, un shooter en tercera persona frenético y violento en el que los malos son muy malos, donde las opciones de exploración o vías alternativas son limitadas, aunque las hay; pero en el que los combates son divertidos e incluso a determinado nivel todo un reto. Es más, cuando se han incluido escenarios de sigilo el ritmo de la partida decae preocupantemente. Paciencia en el inicio, con diferencia la peor parte del juego, porque tras unos diez minutos aburridos e interminables se inicia la partida de verdad.

Por poner algún pero quizá se eche en falta una mayor variedad de enemigos, aunque metidos en fregado da igual un SS de negro con una metralleta que un soldado de naranja con una recortada. Y como no, para estar a la última, varios niveles repletos de zombies. Eso sí, se han encajado en la historia de tal forma que su presencia no chirríe.

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