F1 | RUSIA

En Sochi no hay coronavirus

La burbuja de la F1 se topa con otra realidad en Rusia: no hay mascarillas ni distancias fuera del circuito en plena temporada de vacaciones.

Aficionados en las tribunas del GP de Rusia en Sochi. F1 2020.
Pavel Golovkin - Pool/Getty Images

—¿Sabe que la entrada a Rusia está prohibida para extranjeros?
—Fórmula 1.

El diálogo recurrente sucede al tramitar el visado, al preparar las tarjetas de embarque, antes de subir al avión o al llegar a la frontera, siempre con final feliz. El consulado de Milán facilitó el procedimiento en la semana del GP de Italia y, en apenas 24 horas, cualquier trabajador del campeonato tenía autorización para viajar. Luego empieza la odisea aeroportuaria de Madrid a Londres, de Londres a Moscú, de Moscú a Sochi. La Fórmula 1 puede ser el deporte global que mejor ha lidiado con el coronavirus hasta ahora, capaz de competir en siete países salvando restricciones, mover a 3.000 personas y realizar unos 50.000 test con apenas 17 positivos en tres meses. Pero en Sochi, donde este fin de semana se celebra el GP de Rusia, su inexpugnable burbuja se pone a prueba.

A un lado de la valla, dentro del circuito, los equipos, organización y medios de comunicación, el denominado paddock, que siguen la competición sometidos al exhaustivo protocolo de la FIA, todos han superado al menos a dos test PCR en los últimos cinco días; apenas hay nueve periodistas internacionales, entre ellos AS, más allá de las televisiones con derechos. Al otro, miles de turistas en Adler, destino vacacional de la clase media rusa donde en 2014 se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno. Las villas para deportistas se reconvirtieron en hoteles y esta semana de final de verano rozan el lleno. Las aglomeraciones en las playas pedregosas del Mar Negro son absolutas, también en las piscinas, los comedores o los bares de la zona. Se escucha música en directo, conciertos de lunes a domingo. Un pequeño detalle: no hay mascarillas, no hay distancia social y no parece que preocupen las consecuencias de la pandemia en la comunidad local.

Aficionados en las gradas del circuito de Sochi, el pasado viernes.

Según los datos oficiales, en Rusia ha habido algo más de un millón de casos positivos de COVID-19 con 20.056 fallecidos y la infección permanece activa en 181.000 pacientes. En la región de Sochi, que es Krasnodar, sólo hay contabilizadas 265 muertes y 2.865 casos activos sobre una población que supera los 5 millones de personas. "La situación por aquí está bien", trasladan trabajadores del hotel. Otras fuentes consultadas prefieren "no entrar en lo político", pero advierten de que se ha querido "respetar la temporada de vacaciones para potenciar el turismo". "La mascarilla es obligatoria en muchos lugares, pero a demasiada gente le trae sin cuidado", cuentan. Eso se constata desde el aeropuerto de la capital y las únicas excepciones están entre los locales que trabajan para la organización de la carrera. Conductores, asistentes, miembros del equipo de comunicación, seguridad…

Hay dos mundos, la burbuja de la Fórmula 1 y la vida real de Sochi, que convergen en la grada: el promotor del gran premio puso a la venta 30.000 localidades y ha vendido una buena parte. La entrada es aceptable con unos 20.000 fans siguiendo la competición en directo. Al acceder a la tribuna se les solicita que guarden distancias y utilicen una mascarilla y en la mayoría de casos se respeta. Aunque las cifras son confidenciales, se dice que esta carrera aporta cerca de 45 millones de euros a las cuentas de Liberty Media y es un salvavidas en medio de una temporada de cancelaciones y acuerdos de mínimos con el resto de circuitos. Por primera vez en varios meses la vida recuerda a épocas pasadas, la grada evoca a cualquier otro año de carreras y en la calle se respira la vieja normalidad. Como si en Sochi no existiera el virus. Como si eso fuera posible…