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MOTOGP | EL PERFIL

El adiós de un gran campeón

El sueño del 'dream team' en Honda derivó en una pesadilla que se acaba con un anuncio de retirada que no sorprende a nadie, porque había dejado de ser él.

No soy un gran piloto, soy un gran campeón, lleva puesto en su casco Jorge Lorenzo, y es verdad. Es verdad mucho más allá de esta horrorosa temporada 2019, la única con Honda en MotoGP, la misma en la que no ha sido capaz de acabar una sola vez entre los diez primeros. Y es que Lorenzo es uno de los mejores pilotos de la historia de este deporte, por palmarés (cinco veces campeón del mundo, tres de MotoGP y dos de 250cc) y por los rivales a los que fue capaz de superar. Para entender aún mejor quién es y qué ha supuesto el mallorquín en este deporte, destacar que es el propietario del único título que se le ha escapado a Marc Márquez desde que está en la clase reina, en 2015. Sólo el hijo de María Guerrero y Chicho Lorenzo fue capaz de salir una vez campeón con el caníbal ya en la parrilla.

Este hombre de 32 años llegó al Mundial siendo un niño de 15. De hecho, se perdió el primer día de entrenamientos en su GP de debut en Jerez 2002 por contar aún con 14 años, de la mano de Derbi. Había sido entrenado desde crío para ser algún día campeón del mundo, con vida y método espartano, y lo logró estando ya en 250cc, al manillar de una Aprilia con la que se llevó los títulos de 2006 y 2007. Antes, en 125cc, se había ganado el calificativo de Por Fuera, por sus pasadas por fuera Stoner y Pedrosa camino de su primera victoria en Río de Janeiro. El mallorquín era un diamante en bruto desde hacía tiempo, y entre la conquista de su primera corona y la segunda ya tenía firmado su salto a la clase reina con Yamaha, para ser ni más ni menos que el compañero de un Rossi que nunca le regaló nada…

El Doctor llegó a poner un muro en el box entre ambos para diferenciar perfectamente las parcelas de trabajo de cada uno y, lejos de achicarse, el futuro campeón fue a más en cada carrera desde su llegada en 2008. Dejó el sello nada más llegar, con pole y podio en la carrera inaugural, la de Qatar, y sólo necesitó de tres carreras para conseguir su primera victoria en MotoGP. Fue en Estoril (Portugal), deshaciéndose de Rossi y Pedrosa, el que fuera durante muchos años su gran enemigo, dentro y fuera de la pista. Tan mala llegó a ser la relación entre ambos que hasta el Rey Juan Carlos les pidió una vez mientras les juntaba las manos que se llevaran bien. Ninguno le hizo mucho caso en ese momento, pero con el tiempo limaron sus asperezas y acabaron teniendo una relación cordial y respetuosa.

El primer título de Lorenzo en MotoGP llegó en 2010, al tercer intento y tras llevar al límite a Rossi en varias ocasiones en 2009. En 2012 conquistó el segundo y su principal rival fue Pedrosa, con Stoner al borde de la retirada y Rossi penando con la Ducati. Y el tercero, el de 2015, fue el año en el que estalló la guerra entre Márquez y Rossi, de la que él salió muy beneficiado.

Aburrido de compartir espacio con Rossi en Yamaha, optó por fichar por Ducati para las temporadas 2017 y 2018, protagonizando el movimiento más caro de la historia de este deporte, con un contratazo a razón de 12.5 millones por temporada. Además del factor económico, le impulsó a dar el paso el desafío con la historia que suponía intentar ganar con Ducati. No lo consiguió durante la primera temporada, pero en la segunda, ya cuando la casa de Borgo Panigale le había comunicado que no le renovaría, le cogió definitivamente el punto a la Desmosedici y ganó en Mugello y Montmeló de manera consecutiva, más una tercera vez en Austria.

Estuvo a punto de regresar a Yamaha, con el equipo satélite y en la moto que finalmente heredó Fabio Quartararo, pero surgió la posibilidad de ir al box oficial Honda y eso era algo a lo que no podía negarse. De hecho, ser piloto Repsol Honda era su sueño de niño y todos calificamos el tándem que formaría con Márquez para 2019 y 2020 como un dream team. Sin embargo, con el tiempo, el sueño derivó en una pesadilla que se acaba con un anuncio de retirada que no sorprende a nadie, porque había dejado de ser él, ese piloto tan fino como rápido, con un paso por curva endiablado y una fuerza huracanada que le llevó a medirse y batir, con las mismas armas, al mejor Rossi, pero también a los Stoner, Pedrosa, Dovizioso y hasta al mismísimo Márquez.