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Adrián Rodríguez, un niño tras los pasos de Marc Márquez

MOTOCICLISMO

Adrián Rodríguez, un niño tras los pasos de Marc Márquez

Adrián Rodríguez, durante una de sus competiciones en Moto 5.

Pepe Sanchís

A sus diez años, Adrián Rodríguez lucha por llegar a la cima desde Moto 5. Pasión: "Desde pequeñito jugaba con motos y construía circuitos".

"Es una lucha diaria, requiere mucho tiempo, dedicación, viajes...". Lo dice Cristina Martín Olivares, madre de Adrián Rodríguez. Y lo que describe no es ni más ni menos que la carrera de una familia para lograr alcanzar la cumbre del motociclismo. Adrián es un madrileño afincado en Guadalajara, concretamente en Tórtola de Henares, que tiene diez años y un sueño: ser piloto de MotoGP. "La afición le viene de su padre y desde pequeñito le encantaba jugar con las motos, hasta se construía circuitos. Creo que lo lleva en la sangre porque desde que se subió en una moto no se ha vuelto a bajar", dice Cristina.

Adrián lleva ya tres años compitiendo, empezó con siete en Minimotos, luego pasó a MiniGP 110, categoría de la que fue subcampeón regional, más tarde, y debido a su estatura, saltó a MiniGP 140 (subcampeón regional y cuarto en el nacional) y este año disputa Moto 5 en la Cuna de Campeones. Un camino nada fácil que ya le ha mostrado su dureza: a su corta edad ya se ha roto la falange de un dedo y la clavícula. Pero el pequeño Adrián no deja que nada se interponga en su camino, ni siquiera las notas. Cursa 5º de Primaria y trabaja mucho también en el colegio ya que, si no aprueba, el propio campeonato le quita puntos de la clasificación general. Hay que aplicarse.

"Mi piloto favorito es Marc Márquez, le conozco en persona porque nuestra última carrera suele coincidir en el mismo circuito en el que se disputa MotoGP. Tengo un casco firmado por él", dice Adrián; y su madre desvela: "Lo guarda como un tesoro junto a un mono firmado por varios pilotos". Entrena lunes y martes en Torrejón de Ardoz, en la escuela 111 School Motorsport, y los fines de semana se desplaza junto a su familia al circuito en el que disputa la siguiente carrera. Una familia que sufre por el riesgo, pero es un sufrimiento que se compensa con "la cara de felicidad con la que termina cada una de las carreras".

El campeonato de Moto 5 es la hora de la verdad para Adrián. "Es un año clave, necesita muchísimo apoyo porque le va a ver muchísima gente del mundo del motociclismo. Ahora es cuando sabes si valen o no valen", confiesa Cristina, que sigue a su hijo allá donde va junto al padre de Adrián y su hermana, viajando y durmiendo en su caravana. Pero esta familia sobre ruedas no está sola, recibe la ayuda de patrocinadores como Rentbull, Quatro o el Ayuntamiento de Tórtola del Henares, que les impulsan en la ardua tarea de cumplir el sueño de un niño que nació subido en una moto.

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