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Rossi vuelve a ganar el día de la debacle de los españoles

GP DE QATAR | MOTOGP

Rossi vuelve a ganar el día de la debacle de los españoles

Exhibición de Valentino en un precioso duelo con Dovizioso. Otro transalpino, Iannone, cerró el podio, con Lorenzo cuarto y Márquez, último en la primera vuelta, quinto.

Loco de contento, Silvano Galbusera, el jefe de mecánicos por el que apostó Rossi hace dos temporadas, cambiándolo nada más y nada menos que por el afamado Jerry Burgess, gritaba bromeando: “Valentino es un crío de 36 años que sigue aprendiendo y ya lleva 109 victorias”. La última llegó anoche, en una apasionante carrera bajo los focos de Qatar y en la que, sorprendentemente, no se la jugó contra Márquez, que bastante tuvo con acabar quinto después de verse relegado a la última plaza tras salirse en la primera curva.

El podio que volvía a acoger a Valentino en su peldaño más alto quedó completado con la presencia de otros dos italianos, Dovizioso y Iannone, ambos sobre sendas Ducati oficiales que van como auténticos cohetes y que pusieron muy cara la victoria del 46, especialmente un Dovi motivadísimo, y que echaron de las plazas de honor a un Lorenzo que fue de más a menos, para terminar cuarto.

La carrera tuvo un montón de guerra de guerrillas, y ninguna trinchera era segura viniendo Márquez remontando como un poseso. Tras situarse 25º en su regreso a la pista ya era 17º en el primer paso por meta, gracias a que ganó ocho plazas en un primer giro en el que se tocó con Bautista. El talaverano que ese año padece la Aprilia hubo de retirarse por ello y le recordó después al campeón que no corre solo, para dejarle claro su enfadado. La remontada del pupilo de Alzamora le dio esta vez para ser quinto, siendo su compañero Pedrosa su última víctima e inmerso en una de las peores carreras que se le recuerdan. Su nuevo jefe de mecánicos, Ramón Aurín, le había pedido durante la pretemporada más agresividad en las primeras vueltas para evitarse líos y, a pesar de que salía en una buena segunda plaza, no se le vio en ningún momento con posibilidad de hacer algo grande. Después de la carrera, el catalán desveló que sufre problemas físicos en los antebrazos que precisan de algún tipo de solución médica, aunque no quiso ofrecer más detalles al respecto.

Otra historia fue la de Lorenzo, que aunque no quedó satisfecho con su cuarta plaza, sí que se fajó con las Ducati como un jabato hasta que empezó a sufrir problemas de visibilidad con la visera de su casco. En ese momento Rossi aún no era el máximo candidato a la victoria, pero El Doctor se creció, como suele, y cuando llegó al trío de cabeza destapó el tarro de las esencias. A su favor jugó que, a diferencia de sus compañeros de viaje en pos de la victoria, había montado el neumático duro, pero también la magia que nunca perdió y el hambre que conserva por conseguir su décima corona.

Cuando el duelo por la victoria quedó en cosa de dos, tanto Dovizioso como Rossi se empeñaron en pasarse y repasarse, dejándolo todo para una última vuelta en la que era crucial para Vale llegar con la ventaja suficiente a la recta de meta, para impedir que Dovi le abrasara por velocidad punta metros antes de la bandera de cuadros. Lo consiguió y entró primero con 174 milésimas de ventaja sobre su compatriota, volviendo a demostrar que ni mucho menos está acabado y que hay que seguir contando con él.

La pasada temporada ya fue capaz de ser subcampeón y firmar dos victorias, en Misano y Phillip Island, y ahora arranca con otra que le sitúa líder provisional de la general, una sensación que no experimentaba desde hace exactamente cinco años, cuando arrancó la temporada ganando también en Losail. Y todo ello en su vigésima temporada en el Mundial. No se puede ser más grande.

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