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A Fernando Alonso no le pasa ni Schumacher

Fórmula 1 | Gran Premio de Brasil

A Fernando Alonso no le pasa ni Schumacher

A Fernando Alonso no le pasa ni Schumacher

reuters

Heroico cuarto puesto del asturiano, que llegó a remontar de la 17ª a la primera plaza y aguantó los ataques del Kaiser, su hermano y Sato. Gran victoria de Montoya, que no le arrebató el cuarto del Mundial al español

Nervios, miedo, euforia, pasión y angustia. Esos fueron los sentimientos que nos hizo sentir ayer Fernando Alonso. Más allá del cuarto puesto, lo que queda es una carrera inolvidable. Digna despedida de su segundo año en la élite. Y lección de cómo aguantar con un botijo el acoso de tres coches mejores que el suyo. El gran Schumacher, su hermano y Takuma Sato. Ninguno pudo con él. Y eso que sus rivales eran dos segundos por vuelta más rápidos que el español en los veinte giros finales. Está claro que a Fernando no le pasa en pista ni el dios de las carreras. El cuarto del Mundial es español, y eso que Montoya se lo puso muy difícil con una victoria impresionante ante el acoso de Kimi Raikkonen. El gran derrotado fue Rubens Barrichello, pese a acabar tercero.

El gran premio comenzó con la incertidumbre de qué ruedas elegirían él y su escudería para una pista que estaba mojada. Salió seco. Con una fina lluvia era todo un riesgo. Sólo él, Villeneuve y Coulthard tomaron esta decisión. Los primeros metros fueron meteóricos pero al llegar a la primera curva el coche se convirtió en una pastilla de jabón. Le pasó hasta el gato. Pero mientras Jacques y el escocés circulaban con pavor detrás de los Minardi, Fernando se defendía en el 17º lugar como gato panza arriba. Cinco vueltas con el nudo en la garganta.

En cuanto la pista empezó a secarse, comenzó el rodillo. Vuelta rápida tras vuelta rápida. Todos los enemigos a boxes. Una jugada perfecta esta vez de Pat Symonds y sus ingenieros. En tres vueltas subió 14 puestos y se garantizó no hacer una parada extra para poner neumáticos de seco como sus enemigos. ¡Líderes! Pero la carrera era muy larga y este serial aún tenía que vivir sus momentos más duros.

El asturiano adelantó su primera parada en boxes porque estaba perdiendo tiempo respecto a Montoya, que esta vez sí tenía un monoplaza ganador y la motivación necesaria. Kimi seguía a One y Rubinho perdía comba por tener que entrar a cambiar neumáticos detrás del alemán de siempre. La carrera era una auténtica maravilla. Con depósitos llenos, Nano padeció la mala elección de neumáticos del viernes. Iban con blandos y más peso que los demás, por lo que sufrió lo que en el argot se llama graning (unos pequeñas pelotitas que aparecen en la superficie del compuesto). Así que a su despacho llegó Schumi, que se fue escaldado, como todos los demás que se agruparon detrás suyo en un angustioso final. A Ralf, que llegó a pasarle, le mandó después al tinte con una pasada a final de recta. Y con Sato llegó a emparejarse a su salida de boxes. Aguantó en un sprint lleno de tensión.

La carrera acabó con el adelantamiento en boxes de Montoya a Kimi. El finlandés lo intentó, pero le faltó punch. Y a Alonso le recibieron en su box con aplausos. Desde Faure, presidente de Renault Sport, al cocinero. Todos se rindieron al esfuerzo de un piloto que apenas podía hablar.

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