Recuerdo aquel 5.8 a Starfield, pero también recuerdo muchas cosas más
La otra versión de la historia.


Recuerdo la ilusión de Alejandro cuando le anunciamos que iba a ser el responsable del análisis. Daba saltos de alegría. Le brillaban los ojos y era incapaz de esconder la sonrisa. Durante una semana, pareció que se desplazaba levitando por los pasillos de la redacción. Era como si estuviera en un sueño. Recuerdo que llevaba meses pidiéndolo, quizás hasta años, pero también recuerdo que lo hacía medio en broma. Era un analista de trincheras, más de maulas que de miuras, uno de esos héroes silenciosos y anónimos que lo cubren todo y mantienen la página a flote. Daba por hecho que a pesar de llevar meses escribiendo sobre las novedades del juego, al final se lo daríamos a otro.
Recuerdo las bromas sobre que ya era hora de que le tocara analizar un posible GOTY. Recuerdo cómo repasábamos la escueta lista de dieces de MeriStation mientras nos preguntábamos si Starfield se sumaría a la misma. Reflexionábamos sobre el momento histórico que nos había tocado vivir, sobre cuándo volveríamos a ver una nueva IP de Bethesda y sobre dónde estábamos cuando jugamos por primera vez a Fallout y The Elder Scrolls. Recuerdo que, mucho antes de saber que le tocaba hacer el análisis, Alejandro ya se había comprado el mando especial del juego. Fuera por trabajo o por placer, nadie le iba a quitar las ganas de disfrutarlo.
Recuerdo aquel 5.8 a Starfield, pero también recuerdo muchas cosas más.
Recuerdo los nervios de la semana del análisis. La impaciencia por los códigos y los cálculos que hacíamos sobre cuánto duraría el juego y cuánto tiempo tendría. Alejandro se veía hasta sacándose todos los logros. Recuerdo las continuas miradas de reojo al correo, el sobresalto de la notificación y el rápido telefonazo a casa para que alguien lo pusiera a descargar de inmediato. Recuerdo haber reconocido el característico cansancio que lo abrazó en los días venideros, sus ojeras tras varias madrugadas en vela, la suma de los turnos de tarde haciendo noticias y las posteriores sesiones nocturnas, horas extra nunca remuneradas. Este trabajo sigue siendo tan precario como vocacional. Por eso es tan duro. Por eso es tan bonito.
Recuerdo la primera vez que nos comunicó que Starfield le estaba decepcionando. Recuerdo su prudencia, su esperanza de que fuera algo momentáneo. Cuando aún confiaba en que sus sensaciones cambiaran y todo remontara. Recuerdo su profesionalidad y entereza. La forma en que no desistió y siguió dándole oportunidades, profundizando en su contenido, levantando cada piedra lunar en busca de razones para enamorarse. Recuerdo que, de forma voluntaria, envío toda clase de correos a Bethesda compartiendo sus bugs y problemas, dando feedback y ayudando a corregir errores que podrían afectar a los primeros compradores. Horas grabando gameplay para tratar de mejorar el juego con su experiencia, con granitos de arena nunca valorados.
Recuerdo que, cuando empezó a hablar de que no lo veía ni de notable, buscamos una segunda opinión dentro del equipo. También buscaríamos una tercera. Recuerdo la sensación de volver a la universidad, a los exámenes que te pedían que justificaras tu respuesta. Recomendamos a Alejandro debatirlo todo, que explicara cada punto y estuviera abierto a otros puntos de vista. Recuerdo la sencillez con la que aceptó. No había orgullo, no había ganas de desentonar. Él era el primero que ansiaba encontrar las bondades de una propuesta que le parecía de lo más endeble. Por si no la había comprendido, por si había algo que se le estaba escapando. Recuerdo que lejos de hacerle cambiar de opinión, era Alejandro quien convencía a los demás. Había verdad en lo que señalaba y decía. Algunos apuntes era más subjetivos que otros, pero todos eran sinceros.
Recuerdo que, antes de publicar el análisis, nadie, pero absolutamente nadie en el equipo pensó que la nota fuera a convertirse en la más baja de Metacritic. A todo el mundo le había llegado de compañeros de otros medios que la experiencia tenía flaquezas significativas, que no era el juego generacional que se esperaba. Nadie tenía ganas de que se levantara el embargo para ver si se liaba. Nadie estaba preparado para lo que vino después.
Recuerdo aquel 5.8 a Starfield, pero también recuerdo muchas cosas más.
Recuerdo que hubo gente que fue corriendo a las cuentas de Alejandro en redes sociales para hacerse con fotos suyas, elaborar montajes y meterse con su físico. Recuerdo que tuvo que cambiar su perfil en todos lados y echar el candado durante una buena temporada. No podía ni jugar a la consola mostrándose conectado porque si lo hacía, no dejaban de llegarle falsas solicitudes de amistad y mensajes envenenados. Recuerdo que la gente hasta averiguó dónde vivía y recuerdo las amenazas de muerte. No podía trabajar ni desconectar. Recuerdo el miedo, el dolor, la impotencia.
Recuerdo las cartas a la dirección del AS pidiendo su despido. Recuerdo que la gente citaba a sus jefes en redes sociales exigiendo que le echaran. También mencionaban a Xbox y Bethesda para que vetaran a MeriStation de por vida. Recuerdo las llamadas pidiendo explicaciones por una simple opinión y me imagino al pobre PR al que tuvieron toda una noche releyendo los análisis pasados de Alejandro en busca de algún hilo del que tirar para acusarlo de odio a la marca.
Recuerdo que Alejandro también iba a encargarse del análisis del reboot de Forza Motorsport, el cual salió poco después de Starfield, y que evidentemente lo rechazó porque se tuvo que coger unos días por salud mental. Como también era un juego de Microsoft y todo el mundo esperaba con las antorchas, recuerdo que nadie quiso tomar el relevo. Tardamos unos días en dar con analista, no llegamos al embargo y muchos lo celebraron pensaron que nos habíamos quedado sin código. Recuerdo a consumidores festejando la falta de información sobre un juego en un medio de comunicación.
Recuerdo a los streamers que dedicaron programas enteros a hablar del análisis. Se cuentan con los dedos de una mano los que condenaron el odio y acoso recibido por Alejandro y el resto del equipo. Se entiende. Los intentos de apaciguar los ánimos no venden. Tender la mano era ponerte en contra de la masa. Mejor hacerlo de pasada o en privado. Pocos youtubers desgranaban el texto. Como mucho leían las conclusiones y lo mejor y lo peor. Se pide una prensa profesional, pero nunca un público adulto. La gente prefiere llenarse la boca con palabras como maletines y sonyers. Se puso en entredicho la experiencia del redactor y aparecieron los de siempre, los que aseguran, seguro que sin rencor, que ellos han trabajado en la industria y saben cómo funciona todo. Los que juran que con ellos no hubiera pasado.
Recuerdo aquel 5.8 a Starfield, pero también recuerdo muchas cosas más.
Recuerdo que, después de la tormenta, la puntuación de los usuarios en Metacritic acabó siendo de 6.8. Se emprendió una campaña de acoso y derribo por un punto, un mísero punto de diferencia. Recuerdo las noticias que fueron surgiendo sobre los problemas durante el desarrollo del juego. A Todd Howard hablando de una “experiencia divisiva”. La gente que fue sintiéndose tan decepcionada como Alejandro y la cada vez más elevada cifra de abandonos. Recuerdo que el texto avisaba de muchas de las cosas que han ido abordándose con actualizaciones, expansiones y ahora una nueva versión para PS5.
Recuerdo pensar en Starfield tras lo sucedido con Crimson Desert. Las notas nunca han sido una cuestión de darse golpes en el pecho ni de tener la verdad absoluta. Son un ejercicio de pluralidad. Una mezcla de voces discordantes en las que todo el mundo pueda encontrar aquella con la que sentirse identificado. Está bien que la gente difiera. Está bien que a unos les guste algo y a otros no. Se trata de coger distintas ideas y reflexiones de distintos análisis. De sumar de unos y otros para componer una opinión más amplia. No va de tratar de encajar todo a la fuerza en un mismo molde. El mundo es un caleidoscopio de formas y colores. Siempre dependerá de los ojos que lo miren y de cuánto lo agiten antes. Deberíamos celebrar lo diferente, no silenciarlo.
Sí, definitivamente recuerdo aquel 5.8 a Starfield y lo recuerdo con orgullo. Fue un trabajo intachable, valiente, sincero. Periodismo de ese que a menudo decimos que no queda, del que vale cada palabra. La prueba está en que quizás la mejor forma de saber cuánto ha mejorado Starfield desde 2023 sea escuchando a Alejandro. Sería fascinante ver si el juego es capaz de reconvertir a sus detractores y si sus nuevos contenidos merecen la pena. Pero cuando te preguntes dónde está su opinión, simplemente recuerda, recuerda aquel 5.8 y recuerda muchas cosas más.
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Starfield es un nuevo RPG de acción de corte futurista a cargo de Bethesda para PC, Xbox Series y PlayStation 5. En el año 2330, la humanidad se ha aventurado más allá de nuestro sistema solar, poblando nuevos planetas y viviendo como exploradores espaciales. Te unirás a Constelación, el último grupo de exploradores espaciales que buscan artefactos extraños por toda la galaxia, y navegarás la gran expansión del espacio en el juego más grande y ambicioso de Bethesda Game Studios.
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