Shakira: “He prohibido YouTube a mis hijos y espero que pronto lo prohíban en todo el mundo”
La artista defiende un control estricto del acceso de los menores a las redes sociales.

En un momento en el que gobiernos y reguladores europeos discuten cómo limitar el acceso de los menores a las redes sociales, la voz de Shakira ha irrumpido en el debate desde un ángulo poco habitual: el doméstico. Pero sus palabras, lejos de quedarse en el terreno del famoseo, conectan directamente con uno de los grandes dilemas tecnológicos actuales —quién controla la experiencia digital de los menores: las familias, las plataformas o el Estado.
Durante su entrevista en el programa Al cielo con ella, presentado por Henar Álvarez, la artista fue tajante: ha prohibido YouTube a sus hijos. No es una decisión anecdótica, sino parte de una estrategia consciente de control del entorno digital en casa.
“Ellos ya tienen la suficiente experiencia y madurez para no buscar donde no tienen que buscar. Tienen el tema de la tecnología muy controlado. No tienen teléfono (…) Les prohibí YouTube directamente”, explicó.
De la crianza analógica a...
Lo relevante de sus declaraciones no es tanto la prohibición en sí, sino el enfoque: Shakira describe una gestión activa del acceso a la tecnología, donde el dispositivo no es un derecho adquirido sino un recurso condicionado. En un ecosistema dominado por algoritmos de recomendación —especialmente en plataformas como YouTube— esta decisión implica, en la práctica, desconectar a los menores de sistemas diseñados para maximizar el tiempo de permanencia.
Su planteamiento introduce una idea clave en el debate tecnológico: la asimetría entre usuarios y plataformas. Mientras las grandes tecnológicas optimizan sus productos mediante inteligencia artificial y datos masivos, los usuarios —y especialmente los menores— carecen de herramientas reales para comprender o controlar lo que consumen.
“Saben que hay que buscar la felicidad en las cosas simples (…) La verdad no está en las redes sociales”, añadió la artista, subrayando una desconfianza estructural hacia los entornos digitales como espacios de validación.
Shakira sobre cómo maneja el uso de internet con sus hijos:
— shakira charts (@ShakOnChart) April 7, 2026
“Ellos ya tienen la suficiente experiencia y madurez para no buscar donde no tienen que buscar. Tienen el tema de la tecnología muy controlado. No tienen teléfono (…) Les prohibí YouTube directamente (…) Saben que hay… pic.twitter.com/ogNg7KOju0
Regulación europea
Las palabras de Shakira llegan en paralelo a un endurecimiento global de las políticas sobre menores e internet. Países como Dinamarca están impulsando prohibiciones de acceso a redes sociales para menores de 15 años, con sistemas de verificación de edad apoyados en identidad digital. La medida apunta directamente a plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, obligándolas a rediseñar sus mecanismos de acceso.
En Australia, el debate ha ido incluso más lejos: se ha aprobado vetar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, incluyendo explícitamente YouTube. La justificación no difiere demasiado de la intuición de Shakira: proteger a los menores de dinámicas adictivas, exposición a contenido dañino y construcción prematura de identidad digital.
Lo interesante es cómo una decisión individual —prohibir YouTube en casa— refleja, a pequeña escala, la misma lógica que las políticas públicas: reducir la exposición a sistemas digitales que aún no están diseñados para el bienestar infantil.
Desconexión consciente
Otro aspecto clave de sus declaraciones tiene que ver con la relación con la identidad digital. Shakira afirma que sus hijos “no tienen que buscar su nombre, ni el mío ni el de su padre”, y añade que ella misma evita exponerse al ruido de las redes: “yo no me meto a ver qué dice la gente de mí”.
Este posicionamiento choca con el paradigma dominante, donde la identidad online se construye desde edades cada vez más tempranas. Desde una perspectiva tecnológica, implica rechazar el modelo de autoindexación constante —la necesidad de existir, medirse y validarse dentro de plataformas.
¿Hacia un modelo híbrido de control?
El caso de Shakira ilustra una tendencia emergente: el desplazamiento del control desde las plataformas hacia las familias, en un contexto donde la regulación aún está en construcción. Mientras Europa debate una “edad digital” común y países como Dinamarca o Australia avanzan en restricciones legales, decisiones como la suya funcionan como soluciones inmediatas —aunque desiguales— frente a un problema sistémico.
La pregunta de fondo sigue abierta: ¿puede la autorregulación familiar competir con el diseño adictivo de las plataformas? O, como sugieren las iniciativas legislativas, ¿será necesario imponer límites estructurales desde fuera?
Lo que está claro es que el gesto de Shakira no es solo una elección personal. Es, en esencia, una toma de posición en uno de los debates tecnológicos más urgentes de nuestro tiempo: el futuro de la infancia en internet.

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