Ben Baker, directivo regional de Ticketmaster: “Esta gente es idiota. Los estamos desplumando vivos”
Unos mensajes internos incorporados al caso antimonopolio contra Live Nation y Ticketmaster muestran cómo Ben Baker presumía de cobrar precios “desorbitados” por extras como aparcamiento VIP.


Los mensajes internos de Ben Baker, entonces director regional de ticketing en Live Nation, han puesto una capa más de descrédito sobre Ticketmaster en pleno pulso judicial por su posición dominante en el negocio de los conciertos en Estados Unidos. La conversación, incorporada al proceso antimonopolio que enfrenta a la compañía con el Departamento de Justicia y decenas de estados, muestra al directivo burlándose de los clientes mientras hablaba de precios muy altos para servicios adicionales en un recinto de Florida.
La frase que ha terminado de incendiar el caso es la que inspira este titular. En inglés, Baker escribió que estaban “robbing them blind” (“desplumándolos vivos”), una expresión que apunta a la idea de exprimir al cliente al máximo con un tono claramente despectivo. En esos intercambios también aparece otra frase demoledora: “These people are so stupid” (“Esta gente es tan idiota”), junto a un “I almost feel bad taking advantage of them” (“Casi me siento mal de aprovecharme de ellos”) rematado con una carcajada escrita en mayúsculas.
Un juicio de alta tensión
Según la documentación judicial citada por la acusación, Baker estaba comentando el precio del acceso VIP en el MidFlorida Credit Union Amphitheatre de Tampa. Allí hablaba de aparcamiento VIP por hasta 250 dólares (unos 216,51 euros al cambio) y de subir el acceso al club a 125 dólares (unos 108,25 euros). No se trataba, por tanto, del precio base de la entrada, sino de cargos y servicios complementarios que los demandantes consideran igualmente relevantes para demostrar cómo se monetiza la falta de competencia en el mercado.

Ese es el núcleo del conflicto. El Gobierno federal estadounidense, 39 estados y el Distrito de Columbia sostienen que Live Nation y Ticketmaster han sofocado la competencia y encarecido la experiencia de los fans mediante amenazas, represalias y un control casi total del circuito, desde la promoción de conciertos hasta la venta de entradas. La empresa, por su parte, insiste en que los artistas, los equipos deportivos y los recintos son quienes fijan los precios y deciden cómo se venden las entradas.
Live Nation ha intentado restar importancia a la conversación, definiéndola como un intercambio privado, improvisado y ajeno a la política real de la compañía. Su respuesta pública asegura que esos mensajes “no reflejan nuestros valores ni cómo operamos” y añade que la dirección conoció su contenido al mismo tiempo que el público. Sin embargo, la acusación recuerda que Baker no era un empleado cualquiera y que, desde entonces, ha sido ascendido a jefe de ticketing de Venue Nation, la división que supervisa los recintos del grupo.
La polémica llega además en un momento delicado. Esta misma semana, el Departamento de Justicia anunció un acuerdo provisional con Live Nation que no rompe la relación con Ticketmaster, pero sí plantea límites como un tope del 15% a ciertos gastos de servicio en anfiteatros y más margen para que recintos y promotores trabajen con otras plataformas. Aun así, más de dos docenas de estados han rechazado esa salida y quieren seguir litigando, de modo que estos mensajes no sólo dañan la imagen de la empresa: también refuerzan el relato de quienes sostienen que el problema no era una percepción de los fans, sino una forma de operar que se guardaba en privado, plenamenete conscientes de ella.
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