Chicory: A Colorful Tale
Chicory: A Colorful Tale
Carátula de Chicory: A Colorful Tale

Chicory: A Colorful Tale, Análisis. Un arcoíris de emociones

Lo nuevo de Greg Lobanov es una obra personal, ingeniosa y repleta de creatividad. Una experiencia absorbente donde el color da sentido a todo.

Chicory: A Colorful Tale es un videojuego con alma. No son muchas las veces que nos topamos con obras cuyo universo transmite tanto con tan poco, cuando la sencillez y la naturalidad son la mayor de las virtudes. Creado por Greg Lobanov, conocido por Wandersong, lo nuevo de la editora Finji se presenta como una aventura en vista de pájaro con toques RPG donde un perro recibe, por diferentes circunstancias, el poder de un pincel mágico capaz de dar color a un mundo que ha quedado en blanco y negro.

Y esa la principal premisa, abandonar los extremos y encontrar el equilibrio a base de creatividad, exploración, puzles y simpatía; porque su toque costumbrista y su inteligencia a la hora de plantear cada fase, cada hora de juego, son lo que convierten a esta obra en una de las más agradables sorpresas de lo que llevamos de 2021. Acompañadnos en estas reflexiones sobre nuestra aventura en la región de Pícnic.

Todo tiene un motivo: una pincelada de creatividad

El desarrollo de Chicory: A Colorful Tale se remonta al mes de agosto de 2019, cuando este equipo compuesto por tan solo cinco personas —Greg Lobanov, Alexis Dean-Jones, Madeline Berger, Em Halberstadt y Lena Raine, compositora de Celeste, de quien hablaremos más adelante— apostó por un KickStarter que saltó a la vista, nunca mejor dicho, por su inclinación hacia el preciosismo estético sin necesidad de recurrir al color. Hablamos de un título hecho a mano, muy expresivo y reactivo ante nuestras acciones con el pincel, que no dejan de ser el eje vertebrador de la jugabilidad. Por suerte, al margen de su propuesta jugable, que seguramente sorprenda a más de uno por cómo va yendo a más con el paso de las horas, su historia es el verdadero hilo conductor para que lleguemos al final. El pincel conecta las mecánicas con la historia, y viceversa.

“Soy diseñador de juegos y me encanta crear cosas. Para mí, es el lugar ‘zen’ perfecto”, sostuvo Lobanov el pasado mes de marzo, a la hora de presentar el juego como uno de los grandes títulos independientes de PlayStation para este primer semestre; también disponible en PC vía Steam. No podríamos estar más de acuerdo con esta declaración, pues son tantos los sentimientos representados en este título que no hay una sola situación repetida. Es personal, tierno y cautivador.

Dejando esto claro, pasemos a entender qué nos espera en Chicory, que no es precisamente el nombre del personaje protagonista —tú decides cómo verlo representado— y nos adentramos en un cómic en movimiento. Al principio del juego, veremos que una serie de catástrofes han hecho que el color de Pícnic quede desaparecido. Nosotros somos elegidos para traer de vuelta la normalidad en un viaje completamente altruista basado en reconstruir esa normalidad y, de paso, ir haciendo favores al resto de seres que nos rodean. El planteamiento combina las misiones principales y secundarias de forma orgánica, lo que facilita que simplemente juegues, converses, avances, retrocedas y, si te bloqueas, investigues por otro lado. No dejamos de encontrarnos personajes, cada uno con sus filias y fobias, con sus pequeños problemas y sus caprichos.

Son más de 100 los personajes diseñados, cada uno con su propia personalidad e inquietudes. Mientras tanto, pintas. Usas el pincel para romper una bola de pintura que elimine un montón de rocas y libere el paso; usas el pincel para desentrañar un rompecabezas en una mazmorra; o lo usas para que una flor se haga más grande y te permita usarla como puente entre diferentes alturas. También a la inversa, con momentos donde es la ausencia de color la respuesta a lo que te pide el juego. Manipulas el entorno, aprendes habilidades y las aplicas, siempre con el pincel mágico mediante. Esa diversidad de situaciones y cómo penetran en la ambientación dan como resultado una sensación de aventura repleta de reminiscencias a otras series populares del sector, con la salvedad de que el carisma que desprende Chicory está lejos de toda duda. Te olvidas de todo y te dejas llevar.

Personalidad a base de situaciones costumbristas

Su planteamiento general bien recuerda al primer The Legend of Zelda, con un mapa dividido en subzonas con cámara estática; sumado a una estructura de juego al más puro estilo Paper Mario… pero con una forma de contar su relato como bien narró Shigesato Itoi en Earthbound. Y sí, también Animal Crossing. Sirvan estas comparaciones simplemente para ponernos en contexto, pues como decimos Chicory recuerda a Chicory, se libera de imitaciones y te atrapa por su mensaje.

Llama la atención que el juego se adapta a lo que tú le pidas. Dependiendo de si buscas más una aventura o prefieres dedicar más tiempo a su componente de puzle y rompecabezas, eliges cómo avanzar en los lugares opcionales y el sinfín de tareas accesorias del viaje. Desde la escuela de pintura, pasando por una tienda de trueques, el juego avanza y poco a poco te va revelando la verdad. Pero ¿qué es la verdad? Sea como fuera, sea cual sea la forma de resolver el puzle en cuestión, el color tiene de alguna forma la respuesta.

Por mucho que lo hemos intentado, sin embargo, el control no es óptimo con el mando DualSense. En ocasiones brilla gracias al uso de la retroalimentación háptica en los gatillos L2 y R2; hace que la experiencia sea muy sensorial, con información táctil y sonora. El problema viene con el control del propio pincel, mucho menos preciso de lo deseado. La forma idónea de controlarlo es con un ratón de ordenador por velocidad y practicidad. ¿Quiere decir esto que es errático? En absoluto, sobre todo teniendo en cuenta que podemos cambiar el color, grosor, estampados y velocidad de movimiento del puntero. Una solución a esta posible incomodidad es el uso del panel táctil del mando DualSense, que es lo que hemos terminado utilizando en aquellos rompecabezas que requerían de una mayor precisión a la hora de hacer los trazos. Es esto, en realidad, el único pero que encontramos a la que es seguramente una de las mayores sorpresas que nos llevamos de la escena independiente en 2021.

No podemos olvidarnos de la música. De hecho, Chicory no sería igual sin su música. Lena Raine no necesita presentación. Tras trabajos como Celeste, Guild Wars 2 o Minecraft: Nether, nos consideramos seguidores de su trabajo. Esta vez, casi sin dudarlo, estamos ante una de sus obras más variadas. Con un fuerte apoyo en la flauta, el oboe y el piano electrónico, la compositora y productora estadounidense ha logrado condensar en su repertorio un abanico de ritmos incluso más acentuado que en la aventura de Madeline. Hay temas de Chicory que recuerdan a sus anteriores melodías, una impronta perfectamente reconocible que nos ha hecho no despegarnos de los auriculares hasta el final. Soberbio trabajo.

La labor de Finji (Night in the Woods, Overland, Wilmot’s Warehouse) a la hora de localizar el juego al castellano y ofrecer funciones de accesibilidad es atípico en un título de este tamaño. Y nos alegramos. Es tal la atención por el detalle que incluso el nombre de los animales guarda una relación semántica en diferentes grupos, generalmente comidas más o menos sanas, materias primas o platos típicos del día a día. Desde Quinoa pasando por Cardamomo, Bocata o Cuscús. Nosotros no podíamos ser menos y nos terminamos llamando Brócoli. A veces, tienes una sonrisa en la boca mientras disfrutas de las vistas del próximo destino y escuchas la música compuesta por Raine para ese escenario; otras, sin embargo, te lamentas por la atmósfera, por los obstáculos y lo fácil que es sentirse identificado con los problemas que se narran. Es curioso, porque bajo una superficie ficticia, en ocasiones onírica, se escribe una historia madura y extremadamente realista. Hay ingenio en su guion.

En las opciones del juego podemos configurar la exigencia de la aventura con el jugador; no es un selector de dificultad estándar. Podemos modificar el número de daños que puede recibir el personaje o utilizar funciones como las tarjetas de Actividades que facilita PlayStation 5. Lo más útil —y original— son las pistas que encontramos en cabinas telefónicas, donde literalmente llamamos por teléfono a nuestros padres para que nos digan cómo continuar.

Cuando todo cobra sentido

Pícnic, el mundo de Chicory: A Colorful Tale, es un puzle en sí mismo. Abandona constantemente su zona de confort para sorprendernos hasta el final, con mazmorras que van a más en su complejidad. Su mensaje, que evoluciona y busca trascender más allá de las palabras, deja un sabor de boca similar al de Night in the Woods, editado también por Finji. Diferentes entre sí, parecidos en su propósito creativo. No podemos más que recomendarlo, queremos seguir pintando. Ha merecido la pena.

CONCLUSIÓN

Chicory consigue exactamente lo que pretende: absorberte por su universo y encandilarte con su estructura. Un pincel como varita mágica capaz de pintar, resolver puzles y dar respuesta a muchas de las preguntas que te formula. Excelentemente localizado y con una banda sonora inolvidable, su único problema es el control con el mando, que sin ser incómodo es más preciso con un ratón en PC. Finji ha vuelto a acertar convirtiendo la sencillez en una virtud. Sus puzles son inteligentes, siempre hay una sorpresa esperándote en su bonita historia. Una de las sorpresas independientes de 2021.

LO MEJOR

  • La idea del pincel como verdadero protagonista.
  • Su mundo, su historia y sus personajes.
  • La banda sonora de Lena Raine, inolvidable.
  • Algunas mazmorras tienen retos muy bien pensados.

LO PEOR

  • El control del pincel no es del todo cómodo con el DualSense.
  • Las primeras horas pueden ser confusas.
8

Muy bueno

Juego de notable acabado que disfrutaremos y recordaremos. Una buena compra, muy recomendable para amantes del género. Está bien cuidado a todos los niveles.