Medal of Honor: Above and Beyond
Medal of Honor: Above and Beyond
Carátula de Medal of Honor: Above and Beyond

Medal of Honor: Above and Beyond, análisis. Poco real, excesivamente virtual

Analizamos el juego de EA y Respawn para Realidad Virtual con muchos momentos para el recuerdo, pero también no pocos altibajos.

Medal of Honor vuelve, y lo hace con un formato inédito hasta el momento: el de la realidad virtual. Desde su anuncio, no fuimos pocos los que seguimos con interés qué nos podía contar una de las míticas sagas en esto de recrear conflictos bélicos históricos. Más que por el nombre de una serie que lleva tiempo apagado, por el hecho de estar Respawn Entertainment detrás de él. Nombres como Star Wars Jedi: Fallen Order, Titanfall o Apex les preceden. Un estudio que es sinónimo de garantía de éxito y que en esto de disparar en primera persona, saben un rato. Por lo que vincularse a un proyecto de envergadura para Oculus llamaba mucho la atención. El resultado es que a veces es brillante, pero otras -y no pocas- no precisamente lo que esperábamos.

Ya hablamos en un avance a principios de semana de lo que habíamos jugado en la primera de las seis misiones -sin contar el prólogo- en el juego. Nos gustó ver el manejo de las armas, así como también ciertos momentos de pura inmersión que nunca habíamos vivido en un shooter como este. A cambio, notamos que la inteligencia artificial enemiga no estaba a un gran nivel y que muchas veces, sentíamos estar más en un Time Crisis que en un FPS de realidad virtual. Primeros pensamientos y sensaciones que se han amplificado, moldeado y en algunos casos, cambiado. Esta es nuestra valoración final de Medal of Honor: Above and Beyond.

Todo empieza con un prólogo en el que salimos vivos, por poco, de una zona de guerra tras haber salvado a no pocos compañeros. Una vez en el hospital, se nos chequea, se ve que estamos en condiciones y se nos invita a formar parte de la OSS para ayudar a la Resistencia Francesa ante el asedio nazi en la Segunda Guerra Mundial. Antes de todo esto, un doctor empieza a calibrar lo que vamos a ver y sentir jugando. Desde los indicadores en pantalla hasta la manera de interactuar con los mandos de Oculus Rift S, pasando por otros menesteres. Todo está en orden.

Con el stick izquierdo nos movemos, con la cabeza podremos mirar donde queramos y con el stick derecho cambiamos, no de manera contínua (se echa en falta) sino a tramos, hacia donde apunta la cámara. los botones laterales de los mandos nos permiten coger las armas y dejarlas preparadas, para que los botones en nuestros dedos índices sirvan para disparar. El juego es bastante ágil y accesible en lo que armas se refiere: cada una está en un lugar diferente: la pistola en la cadera, dos armas grandes en los hombros. Las granadas, en el pecho, donde clavamos las jeringuillas para recuperar vitalidad. Y para recargar, colocamos la munición donde toca y quitamos el seguro.

Aunque está todo pensado para reaccionar rápidamente, es verdad que no tiene el nivel de interacción y física que Half-Life: Alyx, ni de último Walking Dead. Seguramente no es justo compararlo con el juego de Valve, porque las comparaciones las pierde todas, pero es un referente reciente, de este mismo año, y las diferencias ahí son palpables. La sensación es que estamos en medio de un mundo con el que tenemos una interacción limitada, y eso en 2020 ya no vale. Ya no es suficiente. En todo caso, el manejo de las armas es de lo más inmersivo del juego.

En el modo normal, apuntar tiene su miga. Tenemos que mirar bien por la mirilla de hierro del rifle americano, calcular bien el retroceso de las ametralladoras y apuntar con el brazo firme con la pistola. Es sin duda lo mejor del nuevo Medal of Honor: como interactuamos de manera realista con cada tipo de arma para asestar un disparo a la cabeza. También con los francotiradores y sus mirillas a distancia, que ampliamos o reducimos con el movimiento de nuestra cabeza. Cada arma tiene su manejo y eso se nota. Y se agradece. De hecho, recomendamos encarecidamente no probar el juego en modo fácil, porque el apuntado pierde toda su gracia y con ella, gran parte del juego.

Seis misiones, seis momentos

El juego nos hace navegar por distintas misiones con distintas circunstancias. Ya hablamos de la primera de ellas, en la que los tiroteos con enemigos llegando por distintos costados era lo más interesante mientras buscábamos cobijo y nos escondíamos, arrodillados en medio de nuestro salón, detrás de piedras virtuales. Per Above and Beyond va un paso más allá en los siguientes capítulos, y la gran variedad de situaciones en las que nos encontramos son dignas de mencionar. Empezando por nuestra batalla aéra a bordo de un avión de combate, desde el que dispararemos desde una metralleta, otra más pesada o marcaremos donde debemos dejar caer las bombas. La intensidad de esta misión, con nuestra cabeza apuntando en la dirección en la que queremos disparar simplemente moviéndola, es toda una experiencia.

De hecho, es en esta variedad de momentos cuando Medal of Honor consigue brillar con más fuerza. Hay un momento en el que controlamos un tanque y disparamos a 360 grados. La forma de apuntar, tan natural con la cabeza, y los cálculos al momento de la caída de las balas o la trayectoria de los vehículos enemigos aportan un grado de inmersión destacado. Pasa lo mismo cuando, metralleta en mano, recorremos un bosque de noche a lomos de una moto y su sidecar. O cuando, en pleno asalto en un tren en marcha, decidimos coger una metralleta antiaéra y disparar a los cazas que se nos acercan a toda velocidad.

Medal of Honor: Above and Beyond peca muchas veces de ser como un parque de atracciones. Las misiones son ciertamente inconexas, y el desarrollo de las mismas demasiadas veces son una mera excusa para ir acabando con los nazis a diestro y siniestro de mil maneras diferente. Lo bueno de este formato, bastante superficial en lo que recrear la Segunda Guerra se refiere, es que te permite experimentar a nivel jugable con muchos momentos espectaculares y palomiteros. Que sean poco verosímiles no quita que sean espectaculares.

El problema es que no siempre funciona. El juego nos invita a interactuar con un detector de minas para pasar en una zona repleta de estas trampas mortales. A no ser descubierto en un barco mientras intentamos sabotearlo. Y a enfrentarnos a hordas de enemigos que, eso sí, siempre vienen perfectamente escalonados. Y todo va razonablemente bien durante los tres primeros episodios. Pero algo se empieza a torcer en el cuarto y en el quinto. La fórmula no escala como esperábamos.

Es entonces cuando empiezan a introducirse secuencias que ya no funcionan tan bien. Bajar esquiando por largos caminos nevados mientras disparamos hacia un lado o hacia otro tiene poca sensación de velocidad y mucha de camino preasignado. Nadar en el mar en medio de un subnarino hundido es incómodo, cansado y poco reconfortante. No diremos que no se recrea una situación divertida, pero es cierto que la manera de interactuar con nuestro alrededor en esta situación es bastante simple. Como también es simple ciertos momentos de escalada muy poco convincentes. A esto se añade que hay varios tramos en los que la interacción para sabotear, abrir puertas, robar planos o colocar bombas en un desembarco en una playa son meras transiciones sin alma. En física, en interacción, Oculus da para mucho más (Alyx, Lone Echo) y Medal of Honor intenta darle el suficiente espacio, incluidas charlas y conversaciones, como para que tengamos en cuenta si no son fases que estén al nivel.

El último capítulo recupera un poco el pulso con ciertos momentos épicos, aunque cuando terminamos el juego tenemos la sensación que lo mejor, ya lo habíamos visto en las primeras de las 7-8 horas que dura la campaña en total. Cuando en el ecuador estás familiarizado con el apuntado y el control de las armas, es cuando la IA enemiga, estática muchas veces y sin reacción suficiente, va haciendo mella. El cómputo global de la experiencia para un jugador es que lo hemos pasado bien, hemos tenido momentos en los que haces cosas solo posibles en realidad virtual, pero no deja de estar presente una realidad, la de que podría haber dado para más. Destacar que una vez terminado podremos jugar cada una de las fases de cada misión para conseguir todos los coleccionables que hay escondidos en ellas, algo que aporta cierta rejugabilidad.

Una galería a modo de documental

Es en este punto donde sorprende, y gusta, la inclusión de una galería en la que se narra, a través de los ojos de veteranos de guerra, acontecimientos vividos en la Segunda Guerra Mundial, como el desembarco de Normandía. También se va a emplazamientos vividos en el juego, como la playa de Omaha a través de los ojos de uno de los médicos que estuvo ahí. Esta documentación es interesante por la voz que traen testigos de una de las guerras más cruentas de la humanidad, aunque es cierto que no dejan de ser dos mundos que no acaban de encajar. Como el aceite y el agua, uno navega por la galería y esos testimonios y es díficil de conectarlos, más allá de la puesta en escena, con lo que vivimos mientras jugamos al videojuego. Hay algo de artificial, y no nos referimos al hecho de ser un vídeojuego en sí mismo, que marca unas barreras muy claras en lo que experimentamos y lo que experimentaron esos veteranos de guerra. Y esto no lo va a romper la Realidad Virtual, al menos de momento.

Un multijugador completo

Por su parte, el multijugador llega para convertirse en una experiencia que bien puede valer la pena explorar en futuras entregas y otras disciplinas. Aunque no hemos podido profundizar mucho más allá de las partidas organizadas y faltará ver cómo funciona en un entorno real y los servidores abiertos a todo el mundo, podemos decir que tanto el rendimiento como las modalidades nos parecen adecuados. Por un lado, en Europa contábamos con un ping alrededor de 30ms, algo que permitía una experiencia solvente en este sentido. Por el otro, los números del multijugador son solventes con nueve mapas disponibles, sacados de momentos de la campaña, y una buena variedad de modos.

Además del clásico duelo por equipos, el todo contra todos o el modo dominación, el juego cuenta con otras propuestas como es radio de explosión: una modalidad en la que nos teníamos que colocar dentro de los puntos que iban saliendo en el mapa para que, matando desde ahí dentro, nos dieran más puntuación. Por último, un modo loco basado en un todos contra todos en el que cada uno tiene una bomba cronometrada que puede dejar pegada en cualquier lugar y que a los 30 segundos explota. Si matamos a alguien, sumamos muchos más puntos. Todos los modos permiten 12 jugadores como máximo y también la posibilidad de bots que, eso sí, son bastante torpes.

La experiencia del juego se completa con un modo supervivencia en el que debemos aguantar el máximo de tiempo posible matando al máximo de enemigos que nos van apareciendo, y consiguiendo la mayor puntuación.

A nivel audiovisual, no es el título más espectacular que hemos visto en Realidad Virtual, y se maneja mejor en interiores que en exteriores, pero también es cierto que tiene momentos espectaculares, como ver un gran vehículo en llamas o ciertas explosiones, y que los modelados de varios de nuestros compañeros de viaje están bien conseguidos. Le falta más detalle y riqueza en lo que nos rodea, de eso no hay duda. El juego está con voces en inglés y subtítulos en castellano.

Nota: 6.5

CONCLUSIÓN

Medal of Honor: Above and Beyond quiere ser la saga veterana que abra paso a los FPS de corte bélico en la realidad virtual, y hay momentos en los que lo consigue. El manejo, apuntado y respuesta de las armas es toda una experiencia, y rápidamente estaremos cubriéndonos, lanzando granadas y recargando mientras intentamos acabar con los nazis que se nos aparecen. Es en la variedad de situaciones a lomos de aviones, trenes, lanchas o tanques, donde el juego te atrapa: por variedad y por un control preciso imposible sin VR. Pero la experiencia se diluye superada la mitad de la campaña, la IA enemiga es bastante simple y el desarrollo de las misiones, errático. El sabor acaba siendo agridulce porque cuando promete acción de altos vuelos, funciona. Pero no siempre cumple. La escasa interacción con nuestro entorno también empeora el cómputo global de la experiencia. El solvente multijugador con varios modos, mapas y un ping ajustado equilibra la balanza y abre un camino que será interesante ver en otras entregas y otras franquicias. Tiene extras, como la galería, que vale en los que vale la pena detenerse. Aunque nos deja la sensación que queda lejos de lo que podría haber sido.

LO MEJOR

  • El manejo de algunas armas y vehículos, imposible de hacer si no es en VR
  • Varios momentos espectaculares y repletos de acción
  • Modo multijugador con diversas opciones
  • La Galería

LO PEOR

  • La campaña se diluye hacia la mitad, perdiendo interés poco a poco y con una estructura mejorable
  • Una IA enemiga muy simple
  • Escasa interacción con lo que nos rodea para lo que hemos visto ya en el medio
6.5

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.