Empieza el show

La música del primer nivel

En el mundo retro, la primera melodía era la que definía el tono de los videojuegos. Recordamos grandes temas de inicio

   Cuando un músico va convirtiéndose en profesional y las clases teóricas empiezan a ponerse interesantes, una de las nociones más cruciales de la historia de la música comienza a mostrarse en todos sus variados matices. Los conceptos de forma y género musical empiezan a revolotear sobre nuestras cabezas, y no dejarán de hacerlo durante unos años. Si lo reducimos al absurdo, el primero haría referencia a la distribución interna de una obra musical: melodías, temas, secciones y cómo están interrelacionadas entre sí. En cambio, el segundo es un contenedor mucho más amplio que nos sirve para crear categorías superiores, que a su vez pueden contener esas muñequitas rusas que todo el mundo conoce: música de cámara, música sinfónica, música popular o, por qué no, música compuesta para videojuegos.

   Admitir la música de videojuegos como género musical, aunque sea dentro de otras categorías más aceptadas como la de música compuesta para medios audiovisuales, va aceptándose como algo natural entre los músicos. Distinto es el caso de esas matrioshkas en las que podríamos descomponerla si quisiésemos. Puestos a fantasear, podríamos tratar como subgénero a la música de los J-RPG, atendiendo a sus características propias en cuanto a su relación con la narrativa de estos juegos (tema, por cierto, que interesa mucho a la ludomusicología americana). Afinando un poco más, podríamos pensar también en la música de las recreativas, compuesta a sabiendas de que no llegaría a escucharse bien en mitad del estruendo que había en los salones (al menos en la ruidosa Europa). Por fin, dentro del universo de la música retro, podríamos hablar también de un subgénero que nos ha legado algunas de las melodías más atemporales de toda la historia de nuestro medio: el de la música del primer nivel.

En busca del impacto inmediato.

   Quienes hayan seguido más o menos la evolución del medio desde algunas de las melodías que hoy vamos a recordar, sabrán de sobra que el de “nivel” o “pantalla” es un concepto que se parece muy poco a lo que era hace años. El género del primer nivel tuvo su mejor momento en una época de juegos de disfrute inmediato, pero sobre todo de partidas cortas. Un mundo en el que el primer impacto de un videojuego sobre la persona que se ponía a los mandos tenía que tener una serie de características -intenso, duradero y suficientemente variado en cada juego- que ponían al compositor de su música ante todo un problema a la hora de afrontar el asunto. Pensándolo desde este prisma, cualquiera que examine sus memorias se dará cuenta de que una parte importante de nuestros recuerdos musicales de videojuegos antiguos lo son de melodías que estaban colocadas precisamente ahí: en el primer nivel. Por mucho que todo esto haya podido diluirse con el tiempo, es un hecho que una playlist con muchas de estas melodías es algo de un enorme atractivo para quienes gustan de la música de videojuegos, incluya o no los greatest hits de esto que hoy nosotros nos atrevemos a llamar género musical.

Capcom: una clase magistral

   Más que imposible, sería pretencioso intentar trazar cual fue la primera música de primer nivel que nos impactó a cada uno. Muchos pondrán el foco en Koji Kondo con el Overworld de Super Mario Bros en 1985, pero de ese mismo año es otro clásico que también ha causado tendencia, como luego veremos. Asentada desde 1988 en la placa CPS1 desde la que cambió el curso de los videojuegos, Capcom es posiblemente la primera compañía histórica que se ocupó de este tema de modo consciente, ya que lo cuidó con un esmero muy pocas veces visto antes y después. En todo caso, hay que aceptar que su primera gran melodía de este tipo venía de antes (es la misma que escuchamos en Ghosts’n Goblins en 1985), pero el tema del cementerio que abría el inmortal Ghouls’n Ghosts es sin duda alguna uno de los grandes momentos del medio. Nunca hasta entonces se nos había sugerido tan bien una introducción orquestal en la que casi podíamos reconocer los instrumentos que sonarían en una orquesta real, pero tampoco todo lo que venía después había sonado tan bien hasta entonces, en uno de esos temas musicales de los que uno nunca se cansa.

   Capcom jamás defraudó con la música de los primeros momentos de juego en sus arcades. Unos se han recordado más y otros menos, pero todos tienen algo que los convierte en piezas de referencia. Por ejemplo, Magic Sword hacía santo y seña de un heroísmo que su melodía inicial plasmó como muy pocas veces hemos visto desde entonces en un videojuego, aunque es un tema que se vio perjudicado por el –relativo– poco éxito del mismo. Final Fight y Knights of the Round también merecen que volvamos a escuchar sus primeros acordes, uno por lo bien que nos situaba en una ciudad sin ley que ya no cree en nada y el otro por un bajo ostinato que nos llevaba con mucha calidad a su época de espada y brujería, siendo ambos dos de los pretextos argumentales en los que Capcom era simplemente imbatible en su momento (como también podemos comprobar en la primera melodía de The King of Dragons). Es complicado destacar algún título más, pero lo es porque todos tienen melodías para el recuerdo, unas piezas en las que nombres como son los de Yoko Shimomura o Manami Matsumae, empezaron a forjar su leyenda. Capcom se especializó luego en juegos de lucha; en ellos, la música estaba ­–digámoslo de algún modo– mucho más estratificada, sin centrar esta urgencia por capturar al oyente en una única melodía. Pero en los demás arcades de Capcom gozamos hoy de unos temas fascinantes a los que únicamente el exceso de entusiasmo por la percusión les resta, en nuestra opinión, algo de protagonismo a unas melodías realmente bellas, que perfectamente podrían haber sido utilizadas en cualquier otro medio o en esos grandes géneros que comentamos al comienzo.

Un mundo musical aparte: el Shoot’em Up

   Si pensamos en las características que enumerábamos anteriormente, entenderemos por qué el shoot’em up es un animal diferente en lo musical. Pensemos en lo que pasaba en un juego de este tipocuando este género estaba en todo su apogeo: muchas de las primeras partidas podían ser perfectamente experiencias de un par de minutos antes de perder las tres vidas. En este brevísimo lapso de tiempo, existía la posibilidad más que cierta de que el jugador ni siquiera llegase a pasar de nivel, así que la música de la primera fase no era únicamente la melodía que tenía que engancharnos a los mandos en una primera aproximación, sino que más bien se tornaba en la única que escucharíamos durante bastantes de esos intentos de un par de minutos de juego. Con esta misión tan delicada en mente trabajaron compositoras tan apreciadas como Michiru Yamane, a la que hoy recordamos por muchas otras cosas, pero también por la música de algunos títulos bastante monstruosos de este género. Por hablar de algunos ejemplos, en 1985 escuchamos, como antes adelantábamos, otro de esos temas rotundos que contribuyeron a definir la sonoridad de varias generaciones de juegos de Konami: el del primer nivel de Gradius, que después se convertiría en habitual de la saga y de alguno de sus spin-off. Aunque no lo consideraríamos una de las melodías más históricas de Konami, sí que nos parece muy definitorio del tono que seguiría una compañía que se esforzó en crear obras maestras desde su grupo de compositores, el legendario Konami Koukeiha Club. De este grupo y nuestro género de hoy destacaremos otra composición para enmarcar como es Gift of the Wind, un tema compuesto para los primeros compases de Detana! Twin Bee. En él, Michiru Yamane dio muestras de lo mejor de su genio, consiguiendo una obra maestra que sigue los trazos maestros de su estilo: melodía más extendida de lo habitual en estos casos, una idea musical secundaria que no lo es tanto y un arreglo que sacaba el mejor partido del hardware disponible. Una verdadera maravilla musical.

   Aparte de los títulos de Konami, que lo cuidaron hasta el extremo, salta a la vista que todas las empresas sabían a lo que jugaban con la música en este género de las navecitas, por lo que son muchos los temas de nivel inicial que recomendaríamos escuchar a quien lo quiera comprobar: Eco Fighters, Salamander 2, Blazing Star, R-Type Delta, Ikaruga, la auténtica locura musical que es Darius Gaiden… es imposible quedarse solamente con un par de ellos. Todo es realmente exuberante, aunque en el caso del shoot’em up hay sagas como R-Type que hicieron su propia tradición también de la música del segundo nivel. Piezas más pausadas que parecen una recompensa por haber sobrevivido al primer envite del juego, que también darían para hablar largo y tendido.

Algunos ejemplos en consolas

   Podría parecer, hablando de todo esto, que lo de los primeros momentos es más importante cuanto más breve la experiencia jugable que vamos a vivir a los mandos, pero lo cierto es que esta era una verdad a medias. Aunque la limitación no se midiese ya por las monedas que llevásemos en el bolsillo, la tradición de las melodías iniciales geniales también puede seguirse en las consolas clásicas, hasta tal punto que algunos de estos temas han pasado al acervo más mainstream de la música popular. Y no hablamos únicamente de ese Overworld de Koji Kondo al que nos referíamos antes, una composición que prácticamente todo el mundo conoce, juegue o no con videojuegos.

Un título nacido por y para consolas con música impresionante en sus primeros momentos es sin duda Streets of Rage 2. Ahora que la cuarta entrega está teniendo un éxito importante en ventas, son muchos los que piensan que las viejas melodías de Yuzo Koshiro para Mega Drive se escuchan con más agrado que una nueva banda sonora que tampoco está nada mal. Nos guste más o menos el techno, Go Straight! es una composición que se ha convertido en referencia en este mundillo, y la cuarta parte no ha hecho otra cosa sino recordárnoslo. Palabras similares podríamos dedicar a Jungle Hijinxs, una pieza de tres minutos en la que David Wise demostraba que la música también acababa de entrar en otra dimensión en 1994, con Donkey Kong Country. Es casi imposible mencionar todos los temas soberbios que sonaron en el primer nivel de juegos para consola, pero desde luego sí que podríamos decir algo sobre ellos: son tantos que se bastan por sí solos para cerrar la cuestión que nos planteábamos al comienzo sobre si los podríamos considerar un género propio. Ahí van unos cuantos más para quien quiera profundizar: Sonic 2, Sparkster, Hagane, todo lo que se haya escrito para la saga Mario…

Lo que pasa hoy día

   Después de estos tiempos del retro, los videojuegos avanzaron mucho en lo musical, creciendo a lo largo (cada vez más música), a lo ancho (cada vez en más momentos del juego). El desarrollo de la música de un juego se encaminó hacia unos inicios mucho menos preestablecidos, lo que progresivamente convertiría en algo menos importante –aunque nunca imprescindible del todo– ese primer impacto musical en el que los compositores enseñaban sus mejores cartas. El hecho es que aún es posible encontrar muchos momentos en los que los compositores claramente ponen toda la carne en el asador en el primer nivel de juegos más recientes. Veamos algunos ejemplos.

   Hitoshi Sakimoto es uno de los grandes compositores japoneses que no han llegado a alcanzar el reconocimiento del que hoy van gozando otros más populares. Su obra, en cambio, tiene un nivel medio de calidad impresionante, con momentos que están a la altura de los mejores. Dos de sus temas de primer nivel nos parecen material suficiente como para recordarlo hoy por su nombre y apellidos. El primero es el de Soukyugurentai, un shoot’em up para Saturn que además clavaba esa tendencia de relacionar temáticamente entre sí las melodías de todos los niveles del juego, idea que estuvo de moda un tiempo en este género. Pero el más impresionante es seguramente el de Muramasa The Demon Blade. Toda la banda sonora de este juego es una obra maestra de la música de videojuegos, pero lo que nos interesa es un tema de inicio, Losing Consciousness, que logra varios objetivos de forma admirable: por un lado, es lo suficientemente concreto como para que ese primer contacto con el juego destaque también por la música; por otro, enlaza con igual solvencia con el tono del juego, su instrumentación folklórica y sus melodías típicamente japonesas.

   Algo parecido, pero mucho más profundo a su manera, es lo que consigue Lena Raine con First Steps, el tema que nos acompaña durante los primeros saltos en el sensacional Celeste. Consciente de que estamos en un juego con estética antigua, la música incorpora ciertas sonoridades chiptune que trata más bien como unas notas de colorido, sin llegar a dotarlas de un protagonismo excesivo. La voz cantante, en cambio, la lleva una melodía que refleja, a la perfección esa dualidad del juego. Una música que bascula entre la apuesta por las plataformas hardcore y ese argumento mucho más pausado que quiere contarnos una historia que no esperaríamos nunca de un juego así. No nos tiembla el pulso al decir que se trata de uno de los mejores ejemplos de la evolución de este género musical de los primeros niveles, que trata con un respeto y un acierto admirables.

Colocando un mensaje. Definiendo el tono

   Escuchando la playlist que hoy proponemos, podemos hacernos una idea –aproximada, claro está­– de lo que suponía a nivel musical ese momento de comenzar una nueva partida en un videojuego de hace años. Aunque el papel de la música en los videojuegos se haya transformado en algo mucho más multiforme, el patrimonio musical de las primeras generaciones es algo que daría para muchas horas de escucha, y estas piezas que hoy recordamos son prácticamente ineludibles en este sentido. Autores de ayer y hoy como los que ya hemos mencionado, pero también otros como Jake Kaufmann en casi todos sus juegos bidimensionales, han mantenido esta tradición de comenzar la partida con una melodía que asociaremos para siempre al juego. Una asociación que se mantendrá en nuestra mente incluso décadas después, porque ese es el poder de las buenas obras musicales.