Ikaruga
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Ikaruga: Análisis para Switch

Carlos Forcada

Por más que cada cualpueda tener un ranking personal con sus shoot em up favoritos de siempre, haytítulos en este género que han alcanzado el escalón de mito por aclamación.Además, si dejamos de lado los clásicos más añejos, lo cierto es que existentítulos mucho más recientes que han cambiado por completo toda la mitología deeste tipo de juegos. Este es el caso de Ikaruga, una monstruosidad que ya a su salidatomaba al asalto el panteón del género, aunque erraba el tiro por completo encuanto al momento y a la máquina. El heredero espiritual de Radiant Silvergunfue un proyecto que ahora catalogaríamos como poco más que un indie,desarrollado por un equipo reducidísimo para la recreativa Sega Naomi y luegopara Dreamcast, pero ha terminado por convertirse en un juego de culto con todaslas letras. Su llegada a Switch viene, por tanto, a completar una oferta que empieza a ser sobresalientedentro del género de las navecitas que, como ya sabemos, se adapta como pocos ala consola híbrida.

 

Hay queplantearse, antes que nada, si los años que han pasado desde 2001 han sentadobien o mal a un juego con una personalidad tan acusada. La respuesta no se haceesperar más de unas cuantas partidas con la nueva versión. Lo que era una obramaestra en su día aún se muestra capaz de competir, o incluso de superar, a lomejor que el género nos ha dado últimamente. No es tontería, ya que estamos enun momento muy bueno en este tipo de juegos (Super Hydorah, DariusBurstChronicles, Sine Mora EX, Pawarumi, Steredenn), pero la conclusión que sacarácualquiera que lo juegue ahora es que Ikaruga aún destacaría con claridad sisaliese al mercado hoy día. Un paseo rápido por el primer nivel basta parasusurrar al oído la buena nueva a quienes ya conozcan el juego: lo que hizogrande a Ikaruga sigue aún a la vanguardia de su género.

Vigente desde la primera partida

Nada mejor que fijarnosen los primeros minutos para confirmar el prodigio. Las andanadas iniciales nosrecuerdan cómo influyen en el juego las dos polaridades, azul y roja, homenajeadashasta la saciedad a estas alturas (desde el sensacional Outland a algunareferencia allá por el último God of War). También nos recuerdan las primerasvidas perdidas que las cosas van a ser difíciles hasta decir basta, porque eneso también es leyenda Ikaruga. Cuando recordamos que esto va de esquivar lasbalas de diferente color y comernos las de nuestra polaridad actual al estiloPac-Man, el jefe del primer nivel nos enseña que vamos a poder afrontar casitodas las situaciones extremas según la aproximación que más nos guste:absorber y contraatacar con la polaridad opuesta o, simplemente, esquivar ysobrevivir como podamos a base de memorizar patrones y niveles. Cinco nivelesde diseño demencial, cada uno con sus mecánicas que llegan incluso a las de unaespecie de juego rítmico en los últimos momentos, o a ideas tan rompedoras entonces como la de un jefe final al queno podemos disparar. Superar el juego sin continuar no está desde luego alalcance de todos… pero no es imposible. Es cuestión de práctica, memorización de niveles y cientos de intentos.

Ikaruga se haconvertido por méritos propios en la leyenda que ahora es, a pesar de unhistorial bastante lamentable de lanzamientos en Europa. No llegamos ni a olerla versión para Dreamcast, que no salió de Japón, y para colmo fuimosmaldecidos con una conversión para GameCube que nos llegó limitada a 50hz enpleno 2003 -en lo que fue una de las mayores vergüenzas del sistema enterritorio europeo-. Hubo que esperar a unas versiones para Xbox 360 y Steam querepararon el daño, y de ellas bebe directamente la que ahora aparece en lae-shop de Nintendo, que funciona con la fluidez y solvencia que esperamos. Escierto que Ikaruga y Switch forman un binomio al que todo le viene decara; una fusión tan lógica que escomplicado hacerla descarrilar. Sabiéndolo, en Nicalis no se han metido enlíos, y la nueva versión no es mucho más que lo mismo que ahora tenemos enSteam, lo cual son muy buenas noticias para la consola híbrida.

 

Una versión definitiva

Switch e Ikarugase gustan, se respetan, y se sacan partido mutuo. La vibración 3D que tantosorprendía al comienzo del ciclo vital de la consola se ha utilizado aquí conbastante acierto, pero en realidad son las demás características propias delsistema las que hacen que el maridaje funcione tan bien como lo hace. Laposibilidad de rotar la pantalla está mandada y es un añadido importante para Switch, pero no vienen por aquí lasmejores sensaciones, sino más bien por la parte del control, muy versátil. Yasea en modo portátil o en el televisor, la posibilidad de partidas encooperativo con un Joy-Con por jugador proporciona un extra muy especial que seadueña de todo el conjunto. Seguramente son pocos los que van a rotar sutelevisor para jugarlo en vertical, y no es tampoco una opción que nos hayaparecido imprescindible en modo portátil. Por el contrario, esta posibilidad dejugar en cooperativo de inmediato usando Joy-Con separados esla característica de más peso que nos deja esta versión, ya que el control nose resiente para nada esta vez, como sucede en otros juegos. La portabilidadhace lo demás.

 

Desde lasversiones más recientes, Ikaruga se ha modernizado con algunas posibilidadesonline que amplían el espectro del original para Naomi y Dreamcast. Tanto paraquien pretenda emular esas barbaridades dual play de los jugadores asiáticos comopara los que tengan objetivos más modestos, la nueva versión trae laexperiencia definitiva. Galerías, rankings online si jugamos sin continuar,grabación de repeticiones, entrenamientos para conocer a fondo los cinconiveles o el modo prototipo (descartado durante el desarrollo original), garantizandiversión para rato. Son buenos añadidos, pero no nos engañemos: casi todo sefía a la sensacional materia prima de Ikaruga. Un título que bien puede ser elshoot em up vertical más innovador que el género contempló nunca, imitado hastala saciedad y con herederos recientes tan bien diseñados como Pawarumi.Viene que ni pintada la visita de Ikaruga a Switch para plantearse si esoshomenajes han conseguido capturar la esencia, el espíritu de un juego dominadode arriba abajo por esa idea fácil de entender pero desarrollada hasta susúltimas consecuencias, en torno a dos colores que lo cambiaron todo.


 

 

 

 

9

Excelente