Pasaporte Japón: Viviendo el lanzamiento de PS3

Luís García

Con tan sólo 100,000 PlayStation 3 en el lanzamiento, hacerse con una de ellas ha sido más que una odisea; una misión no exenta de penurias. Os contamos cómo hemos vivido la jornada del debut de PS3 y cómo conseguimos una de las pocas que partirán rumbo a España

Estamos en Shinjuku, en pleno corazón de Tokyo.

Shinjuku es un lugar en donde son pocos los días en los que no sucede algo emocionante. Sus apretados edificios muestran a la perfección el ahogo que supone vivir en la gran ciudad, y sus habitantes acusan el frenético ritmo de vida que se lleva en el centro financiero más importante del país. Escenario de crímenes y aventuras, romances y traciciones que recoge la cultura popular, Shinjuku se prepara para una nueva historia.

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Historia protagonizada por PS3, que también entrará a formar parte de sus leyendas. A través de esta crónica seréis conocedores de cómo se llevaron a cabo los momentos previos al lanzamiento de la consola más completa de nueva generación, la que trae de cabeza a los americanos a escasos días de su salida en EE UU y la misma que quita el sueño a tantos europeos por su sonado retraso.

A por la Play
Todo comienza la tarde previa a su puesta a la venta. Enormes rascacielos proyectan sus alargadas sombras sobre colegiales uniformados y oficinistas japoneses que se dirigen metódicamente a sus casas. Con este panorama de fondo nuestros pasos se dirigen inquietos al Yodobashi, una de las tiendas más emblemáticas del conocido barrio tokiota. En Yodobashi tuvo lugar el reparto de la primera PSP a manos del mismísimo Ken Kutaragi, y tenemos la corazonada de que algo gordo ha de pasar de nuevo tras sus puertas en cuanto se abra la veda del nuevo retoño de Sony. No está confirmada su presencia, pero creemos con todas nuestras fuerzas que el padre de la PlayStation se dejará ver una vez más en tan prestigioso comercio.

El celo con el que Yodobashi, en casi todas sus filiales, ha mantenido en secreto la manera con la que se hará efectiva el reparto de la nueva PlayStation el día en que sale a la venta ha congregado en sus alrededores a multitud de curiosos desde el jueves, por lo que las colas se antojan infinitas ya desde la noche anterior a su lanzamiento.

Al contrario que otras tiendas donde se organizarían sorteos la misma mañana de la llegada de la consola a los comercios, para evitar aglomeraciones y peleas entre los ardientes candidatos a poseer la negra de Sony de nueva generación, se rumoreaba que sólo unas pocas tiendas optarían por el despiadado sistema de colas. Yodobashi, al mantenerse en silencio, dejaba entrever que las colas harían de jueces en la batalla campal por conseguir la preciada consola. Las pocas tiendas, como Amazon, que se habían atrevido a ofrecer reservas por internet tuvieron que cancelar el servicio al colgarse la página, dado el exagerado número de visitas recibidas.

¿Dónde está la cola?

Son las 5 de la tarde del viernes 10. Seguimos en Shinjuku. Unas 30 personas tratan de buscar un sitio a ambos lados del comercio, intentando formar colas no oficiales que son rápidamente disueltas por los agentes de seguridad que Yodobashi ha contratado para la ocasión. Van a hacer falta, desde luego. Poco a poco el número de personas que se agolpan a las puertas de la tienda de eletrónica aumenta, y se van formando pequeños reductos de deseosos compradores que se apostan en posiciones estratégicas.

Esperar aquí no tiene sentido: los guardias de seguridad nos confirman que Yodobashi aún no ha dado indicaciones acerca de cómo y cuándo se han de formar las colas. Lo único seguro, por el momento, es que al día siguiente el comercio abrirá a las 7 para empezar a repartir felicidad en forma de consolas. Así que decidimos dar una vuelta por la zona, para volver a unas precavidas 8 de la tarde.

Para entonces, al volver, ya no hay sitio en la calle ni para que circulen los coches. El número de guardias de seguridad ha aumentado y asoman los primeros dependientes que se van a dedicar a montar una de las colas más catastróficas jamás recordadas. Todo el mundo está alerta, con los cinco sentidos puestos en los alredores del comercio. El cartel de inicio de la cola que asoma de repente en una calle paralela es la señal que desata el caos.

Sin control

Todo sucedió tan rápido que, sin comerlo ni beberlo, nos vimos envueltos en un pandemónium por alcanzar los primeros lugares de la cola. La gente corría como poseída por el diablo hacia la esquina del Club Sega, donde la fila se debía formar. Esta avalancha cogió a muchas personas por sorpresa, hasta el punto de que algunos ni siquiera tuvieron tiempo para reaccionar y recoger del suelo las pesadas mochilas que traían consigo. La estampida engulló a varios de los desbocados corredores de fondo. Aquí y allá se veían montones de desafortunados que habían perdido el equilibrio o que, con sus piernas entrelazadas en las de otro, habían arrastrado hasta el suelo a un buen número de competidores por un puesto de privilegio en la cola.

Bastante competencia quedó por el camino debido al brutal alúd humano, lo que nos permitió conseguir un puesto decente en la recién formada hilera. Sustos, abrazos, caras de desesperación y de incredulidad ante lo ocurrido se entremezclaban mientras las últimas plazas de la cola eran ocupadas. Pero el descontrol no acabó con la carrera de kamikazes.

Tampoco sin espacio
A pesar de haber ingresado en la cola, los contínuos empujones podían hacerte salir de ella con pasmosa facilidad. La masa presionaba hacia el punto de partida y muchos espabilados trataron de aprovechar la confusión reinante para avanzar unos puestos. Por suerte, el personal de Yodobashi se encargó rápidamente de organizar a los agitados y agitadores, formando grupos de cinco filas que sin embargo tardaron en ser respetados.

Alrededor de la 11 se lleva a cabo el reparto de boletos que aseguraba la compra de una PS3 si no se abandonaba la cola en toda la noche. Al acabarse los números, los que no habían recibido el suyo marchan decepcionados y cariacontecidos, aunque unos cuantos se quedaron a la espera de que alguien se rindiera y les cediese la papeleta.

Aprovechando que los números de la consola ya habían quedado repartidos (alrededor de unos 600), la gente, más calmada, aprovechó para sentarse y sacar las portátiles y revistas que les hiciesen más amenas las interminables horas de espera. Parecía que todo entraba en calma... La noche avanza, el sueño se apodera de unos y las pilas de las PSPs y DSs mantienen despiertos a otros. El cuerpo comienza a sufrir las consecuencias de tantas horas de inactividad, y se hace necesario un paseo corto, sin perder de vista nuestra posición en la cola. El mínimo despiste puede resultar fatal.

Asoman las primeras luces del alba, pero el sol no acaba de despuntar en el horizonte. Sin embargo, con el clarear del cielo se escuchan los primeros gritos de los trabajadores de Yodobashi anunciando que sólo queda una hora para que se empiezen a vender PlayStations. Sus voces hacen las veces de canto de gallo, despertando a los afortunados que habían logrado conciliar el sueño. La frase 'ya queda poco', resuena una y otra vez en nuestras cabezas. La espera ha llegado a su fin.

A la venta
Desde la zona media de la cola escuchamos la cuenta atrás que precede a la venta de la primera PlayStation3 de Shinjuku... que sin embargo no fue entregada por Kutaragi-san, como creíamos en un principio. El presidente se encontraba en la central de Bic Camera (el Jinrakuchou de Ginza) a las 7 de la mañana, para luego iniciar un tour por los puntos de venta más importantes de la capital, que le llevó de paso, por supuesto, por Shinjuku.

En Jinrakucho, lugar donde más PlayStation se vendieron en todo Japón (1800), las calamidades anteriores a la venta no fueron menores que las que experimentamos los que nos reunimos en Shinjuku. Los emujones y gritos acompañaron a los congregados durante toda la noche, y cuando por fin estos pudieron hacerse con sus consolas acabaron con ellas en menos de 2 horas, según la televisión nipona.

De vueta al Yodobashi, al ser miembros poco destacados de su cola, sabíamos que íbamos a pagar un alto precio de conseguir una PS3: no sólo por su valor monetario sino porque las retenciones en algunas filas iban a hacer que nos perdiésemos el encuentro de Kutaragi con los primeros integrantes de la cola, que se produjo sobre las 8 y media.

Después de que el primer comprador pasara sonriente bordeando a los que aún se alineaban en orden, comenzó a llover de manera inesperada. ¿Qué eran esas gotas de lluvia? ¿El summún de la mala suerte? Bajo el chubasco en pleno apogeo, entramos por fin en Yodobashi Shinjuku. Empapados, magullados y destrozados por la espera, mirando la PS3 se nos olvidaron todos los malos ratos que hicieron pasar por nuestras cabezas el deseo de abandono.

Ahora, por fin, es nuestra. Cargados como mulas con la enorme caja que contiene la consola, partimos raudos a probarla cuanto antes.

Y entonces llegó él
El destino es caprichoso, y quiso que tuviésemos el privilegio de vivir un momento de lo  más increíble e inesperado antes de abandonar la calle del Yodobashi. Mientras nos secábamos en el umbral de una cafetería, un hombre se acerca y cruza su mirada con las nuestras. A continuación mira al suelo, donde hemos dejado momentáneamente las recién compradas consolas, vuelve a mirarnos y se detiene a nuestro lado con un semblante feliz en el rostro. El grupo de personas que le rodea se detiene en seco junto a él.

'¿De dónde sóis?', pregunta. Al responderle que españoles, se queda a cuadros y dice '¿pero vivís aquí, no?', como sintiéndose preocupado porque gente de tan lejano país haya podido visitar Japón sólo para hacerse con una PS3 el día de lanzamiento.

Al responderle que sí, respira aliviado y siente curiosidad por los juegos que hemos comprado y el por qué de nuestra elección. Al ver que hemos comprado, junto a Resistance y Ridge Racer 7, un Genji 2, que apenas goza de popularidad entre los japoneses, queda sorprendido: '¿De verdad te gusta este juego...?' Así fue tal y como sucedió una de las situaciones más surrealistas que se haya dado jamás en estas calles: que Ken Kutaragi entreviste a los periodistas que ya habían dado por sentado que no podrían recoger sus impresiones el día del lanzamiento.

'Estoy muy feliz... por favor, disfrutad todos de la PlayStation3'. Y a casa que nos fuimos para cumplir con la voluntad del señor Kutaragi. Detrás nuestro sólo quedan los últimos héroes que han aguantado hasta el final y que ahora se apresuran a elegir de entre el reducido catálogo los juegos que aún están sin vender, y que una ve con ellos y sus flamantes PS3s abandonan la tienda al son del 'arigatou gozaimashita' con el que se despiden el tropel de vendedores que se apiñan tras los mostradores.

No hemos dormido nada, pero con una PS3 por descubrir entre las manos... no hay motivos para hacerlo.

Fotos: MeriStation, Famitsu, Kotaku.