GOLF | US OPEN

De Mickelson al US Open: el idilio con Torrey Pines de Rahm

El campo donde se ganó el respeto del californiano y le pidió matrimonio a su mujer Kelley es también el que vio su primera victoria profesional y ahora le ha dado un major.

Rahm US Open 2021
Sean M. Haffey AFP

Para Tiger son Firestone o Bay Hill. Para Nicklaus lo fue Augusta y para Hogan y Snead, mucho antes, lo fueron Colonial y Bayshore. Si hablamos de Mickelson hablamos, sobre todo, de Pebble Beach. Muchos grandes campeones tienen su campo fetiche, su lugar en el mundo. El de Jon Rahm es Torrey Pines.

El idilio con este terruño californiano de hierba poa cortado por los acantilados al norte de San Diego comenzó mucho antes de que el apellido Rahm se convirtiera en una marca con alcance global. Antes de que todos ubicáramos a Barrika, como a Pedreña u Hondarribia, en el mapa. Allí, entre 2013 y 2016, el año de su transición al mundo profesional, Rahm jugó una serie de tres duelos contra Phil Mickelson, natural de la zona.

Phil se había fijado en él en cuanto su hermano Tim le reclutó para el programa de golf de la Universidad Estatal de Arizona. Le llamó la atención desde el principio su talento innato y su carácter indomito. Vio un ganador en él y quiso apadrinarle, espolearle. En esas tardes Rahmbo terminó de ganarse su respeto y su amistad. Entre apuestas felizmente perdidas, porque cada derrota reforzaba más al californiano en sus augurios, le contó todos los secretos de un recorrido que es casi el patio trasero de su casa y le dio la hoja de ruta para llegar a lo que consiguió el domingo, ganan un major.

Lo cuentan Alejandro Rodríguez y David Durán en Jon Rahm: Señalado por los Dioses, un libro muy recomendable para conocer los entresijos de los primeros pasos del vizcaíno en el mundillo. Pero hay más. En Torrey Pines llegó la primera victoria de Rahm como miembro del PGA Tour. Fue en el Farmers de 2017, que ganó con tres golpes de ventaja sobre Charles Howell y C.T. Pan. Entonces solo jugó una ronda sobre el par y se mostró al mundo.

El diseño de William F. Bell también fue el lugar en el que le pidió matrimonio a la que hoy es su mujer y la madre de su hijo Kepa, Kelley Cahil, novia desde su etapa universitaria en Arizona. El vínculo se terminó de sellar a fuego el domingo, cuando Rahm recibió sobre el green del 18 el trofeo de campeón de US Open. Pero quedó patente durante toda la semana y especialmente en esa jornada final.

Rahm solo jugó sobre el par la tercera ronda del sábado, la única de las cuatro en la que no pateó de cine. Pegó largo, cogió muchas calles y greenes y demostró conocer los trucos cuando la cosa se puso peliaguda, como ese golpe a calle en el noveno del domingo para acabar haciendo birdie cuando parecía que de ese hoyo solo podía salir con un par.

Pero, sobre todo, sacó el instinto de killer que ya le habíamos visto en el Memorial del año pasado o en la Ryder de París. Ese que todavía no había aparecido nunca en los majors. La mirada gélida en los tees de salida, la sonrisa socarrona cuando fallaba algún golpe, el puño furioso al aire con los birdies al 17 y al 18 que le pusieron en la rampa de despegue hacia la gloria... nadie en su sano juicio habría apostado en su contra con ver un solo fotograma de sus últimos nueve hoyos el domingo. Y esa actitud que mostró tiene mucho que ver con el lugar en el que se encontraba. Él mismo lo explicó, o trató de hacerlo: "Este sitio es como donde me crié los veranos. Me siento con mucha confianza aquí. No sé por qué, pero siempre que vengo pasan cosas". Que no acabe nunca este idilio.