GOLF | MASTERS DE AUGUSTA

Matsuyama revienta un Masters que le da la espalda a Rahm

El japonés firma una tercera vuelta estratosférica (-7) para liderar con -11 y está cerca de ganar el primer major para su país. Rahm, al par en otra dura lucha contra Augusta.

Matsuyama Augusta 2021
Mike Ehrmann AFP

Casi con toda seguridad Kepa, el primogénito de Jon Rahm y su mujer Kelley, no verá a su padre calarse este domingo la chaqueta verde en la jornada final del Masters. Para que eso sucediera, tendría que interceder por lo menos San Ignacio de Loyola, patrón de los vizcaínos.

Augusta enseñó la dentadura completa en el día del movimiento y castigó cruelmente a Rahmbo. El de Barrika ha llegado a la cita marcado por un acontecimiento tan especial que podía ser la espoleta que le detonara o una distracción del objetivo. Él mismo avisó de que no convenía apostar a su victoria si el parto se producía durante el torneo y, aunque llegó días antes, acabó afectando a su preparación.

No hace falta que lo diga para saber que Rahm no cambiaría lo que la vida le acaba de deparar ni por mil triunfos, y lo cierto es que su actuación en las tres primeras rondas está muy lejos de lo reprochable. Ayer se batió el cobre con bravura y firmó tablas con el campo por tercer día consecutivo. Jugó mejor de lo que sugiere el resultado, pero recibió un portazo cada vez que quiso asomarse a la zona noble de la tabla, en la que debería estar por talento y trayectoria (lleva tres top-10 en sus tres últimas apariciones).

Las campanas repicaron con su birdie al par 5 del tercero, pero en el cuarto se llevó la primera bofetada, ampliada a croché en el séptimo. El 8, otro par 5, resultó en un nuevo birdie anulado después por otros dos bogeys al 11 y al 14, especialmente doloroso el primero tras un dardo al trapo que no encontró premio. Enrabietado, se revolvió y restó con un cuatro en el 15 y un dos en el 16 para cerrar al par. "Fue frustrante", se lamentó después ante los micrófonos, y aseguró que intentará dar "un susto" en los últimos 18 hoyos.

Que peleé por algo más que volver a estar entre los diez primeros no solo dependerá de lo que él pueda ofrecer, que debe ser algo mejor que su mejor versión, también estará supeditado a lo que haga un cuerpo de candidatos muy selecto comandado por Hideki Matsuyama, que está otra vez en el nivel que le llevó a pelear por los majors a principios de la pasada década. El japonés, que lleva por apellido el nombre de su ciudad natal, le pegó un auténtico repaso a Augusta en un día que era más para sobrevivir que para lanzar una Blitzkrieg. El -7 para -11 en total que firmó, sin un solo bogey y con una secuencia demencial eagle-birdie-eagle entre el 15 y el 17 tras reanudarse el juego, detenido más de una hora por amenaza de tormenta, pone una distancia importante con sus perseguidores. Los más inmediatos sonJustin Rose, Xander Schauffele, Marc Leishman y el desmelenado debutante Zalatoris, todos en -7.

Otra cosa fue el siempre difícil tramo final para José María Olazábal. El sempiterno campeón de Hondarribia se plantó inmaculado en el 15, un golpe bajo par con dos birdies y un solo bogey manchando la tarjeta, pero decidió arriesgar en el tercer golpe y se fue al agua. Acabo cediendo dos golpes allí y otros dos entre el 16 y el 17 para terminar con +3 el día y +7 en el acumulado. "Iba muy bien hasta ese momento. Así es Augusta, te lo juegas todo en dos metros", aseguró un tipo que este domingo jugará la ronda final del Masters con 55 años. Que le quiten lo bailado.

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