BALONMANO | OBITUARIO

Muere Juan de Dios Román

El balonmano llora la pérdida de una de sus figuras más legendarias. Juan de Dios Román falleció este sábado a los 77 años tras un derrame cerebral.

Muere Juan de Dios Román
FELIPE SEVILLANO DIARIO AS

El balonmano llora la pérdida de una de sus figuras más legendarias. Juan de Dios Román falleció este sábado en el hospital madrileño de La Paz donde se encontraba ingresado debido a un derrame cerebral irreversible que no pudo superar este emeritense de 77 años. Aquejado de un cáncer de pulmón contra el que luchaba los últimos años, su pérdida significa el adiós de uno de los nombres más importantes de la historia del balonmano y del deporte español que, primero como entrenador y luego como dirigente, fue pieza clave en el crecimiento de esta disciplina.

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Descubre su trayectoria deportiva

Inició su carrera profesional en el Atlético de Madrid, club al que llegó tras trabajar con la base en el Colegio de Jesuitas de Chamartín, estuvo a cargo de la sección del club colchonero 15 años.

Aunque la imagen que todos los aficionados tienen de él es en el banquillo de la Selección, un equipo en el que resultó clave para pasar de la segunda fila internacional a empezar a luchar con las mejores selecciones del mundo.

Entre 2002 y 2005, con el Balonmano Ciudad Real, ganó una Recopa de Europa, una Copa del Rey, dos Copas Asobal y una Supercopa de España. Tras cesar como entrenador, continuó en el club como director deportivo, hasta 2008.

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Alumno aventajado de Domingo Bárcenas, Román continuó la labor del histórico personaje. Su imagen en los banquillos marcó a toda una generación. Primero con el Atlético, pero sobre todo con la Selección, ya que de su mano España conquistó los primeros grandes éxitos internacionales, con los que el equipo español pasó de la segunda fila internacional a ser considerado una potencia a nivel mundial.

Una carrera de más de 50 años que este licenciado en Educación Física, Magisterio y Filosofía y Letras comenzó en 1964 con los más jóvenes, formando a la base en el Colegio de Jesuítas de Chamartín, desde donde dio el salto en 1971 al Atlético de Madrid. Al frente de la sección del club madrileño se ganó el derecho a ser considerado una leyenda colchonera ya que conquistó cinco Ligas, cinco Copas y el subcampeonato de Europa de 1985. Posteriormente, en 2003, volvería al banquillo de un club, el Ciudad Real, para ganar una Liga y llegar a una final europea en los inicios de la época dorada del club manchego.

Sin embargo, el recuerdo imborrable de Román está en el banquillo de la Selección, con la que se le empezó a reconocer fuera del ámbito del balonmano gracias a que España, con su dirección, empezó a frecuentar los podios más importantes. Su llegada en 1995 supuso una auténtica revolución para un combinado que, un año después, se subía al cajón en el Europeo de España (plata) y los Juegos de Atlanta (bronce). Algo que conseguiría cuatro años después con dos bronces, continental y olímpico en Sídney. La plata europea de 1998 fue su otra gran conquista.

Considerado la gran referencia de los entrenadores españoles que años después inundarían los banquillos de todo el mundo, Román pasó en 2008 a una labor más oscura, en los despachos, pero con el tiempo muy reconocida. Su incansable trabajo fue el gran motor del Mundial 2013, cita que el extremeño sacó a flote en 2013 rodeado de problemas por la crisis económica y que acabó siendo uno de los grandes eventos organizados en la historia reciente de España, con una inolvidable final conquistada por la Selección en Barcelona.

Enamorado del balonmano, cuya actualidad siguió hasta sus últimos días, pasión que transmitía con una pericia divulgativa que le otorgaba su experiencia en la enseñanza, siempre intentó aportar a su deporte, ya fuera como protagonista o resaltando la labor de sus colegas, como hizo en su época de comentarista, columnista o como ponente en numerosas conferencias y charlas. La medalla de oro al mérito deportivo es un ejemplo de los muchos homenajes de los que pudo disfrutar en vida. Ahora, tras su marcha, el balonmano pierde a un padre y a un maestro.