TOKIO 2020 | SUEÑOS DE ORO

Jesús Tortosa, el taekwondista diseñado para subir al podio

El madrileño, hijo de un subcampeón mundial, ya estuvo en Río, donde fue quinto a los 17 años. Para la cita japonesa llega en el momento clave de madurez.

Jesús Tortosa, visto de perfil, es como una figura de El Greco. Tan fino como que compite en -58 kg y mide 1,87 metros. El prototipo de luchador de taekwondo del Siglo XXI, elástico y con un alcance tremendo para su categoría. Parece diseñado para las medallas. Por su tipología y por sus genes, porque su padre fue subcampeón del mundo (1987) y cuarto en los Juegos de Seúl, cuando el taekwondo entró como deporte de exhibición.

Un talento precoz que llegó con 17 años a la cita de Río y sólo el dominicano Luisito Pie, en el punto de oro (desempate), le privó de ganar uno de los dos bronces. En Tokio, más maduro, es su momento. Actual número tres del mundo, tiene por delante a dos surcoreanos, de los que sólo acudirá uno a Japón por normativa.

"En el taekwondo, lo más difícil es lograr la clasificación. En Tokio seremos sólo 16 por peso y en un buen día cualquiera puede sacar medalla. Al final son casi cuatro años en los que hay que estar siempre al pie del cañón para no dejar de sumar puntos", relata el de Alcobendas, que fue el primero de los tres españoles (los otros son Javier Pérez Polo y Raúl Martínez) en lograr el billete olímpico. Los tres han tenido que lidiar con el endiablado sistema de ranking olímpico, que se extiende por cuatro años y por el que sólo se meten cinco luchadores por cada categoría (sólo hay cuatro pesos, cuando en Mundiales son ocho). Un deporte sobre el que hay depositadas muchas esperanzas, pues desde Londres 2012 ha sumado cinco metales. El listón está altísimo.

"Llevamos años entre los mejores del mundo y somos regulares. Yo he sacado nueve medallas en todo el ciclo (includo un bronce mundial), Raúl ha sido el primer español en ganar un Grand Prix. Y Javi es subcampeón del mundo y campeón de Europa, está intratable y en los Juegos por supuesto que se pueden obtener medallas", cuenta confiado sobre sus compañeros de fatigas en el CAR de Madrid. Los tres viven en la Blume y tienen por delante siete meses para seguir convenciéndose de que es posible