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ATLETISMO | MUNDIALES | 100

Coleman vuela desde la sombra

El estadounidense ganó la final de 100 metros con 9.76, que le coloca como el sexto de todos los tiempos. Se reivindica así tras su 'affaire' de faltar a tres controles.

El estadio Khalifa se convirtió en una especie de sala de música electrónica, con espectáculo de luces incluido, para que la megafonía lanzará una pregunta: “¿Quién será el hombre más rápido del mundo?". Era la final de 100 y la respuesta es Christian Coleman, cuyo nombre se proyectó en el tartán en letras gigantes cuando se anunció la calle cuatro. Era la antesala para tratar de redimirse y olvidar esos asuntos turbios de controles en los que no estuvo presente. El bólido de Atlanta era de oro. Un velocista ‘pura sangre’ compacto, bajito (1,75, como Mo Greene) y musculoso, de 23 años. Una bala de cañón controlada que tardó 9.76 en recorrer un héctometro. Un heredero ‘maldito’ de Bolt.

En lo netamente atlético, ver desplazarse a Coleman es brutal. Salida tremenda (128 milésimas) y una arrancada por la que es el plusmarquista mundial de 60. Su cuenta pendiente era llegar vivo, con energías hasta los 100 metros, y en Doha lo logró. El cañonazo aguantó la recta del Khalifa.

Coleman gritó de rabia para convertirse en el sexto mejor esprinter de todos los tiempos tras Bolt (9.58), Gay (9.69), Blake (9.69), Powell (9.72) y… Gatlin (9.74), que cazó la plata con 9.89 y 37 años (bronce fue De Grasse con 9.90). Es la novena medalla en los Mundiales de Gatlin, un villano de libro, que ganó la primera en 2005. Tres oros y seis platas manchadas por dos positivos. Un historial deportivo poco verosímil, encenagado de por vida.

Trata de limpiar su imagen Coleman, que en esta final encontró una manera de salir del purgatorio. Había sido el mejor de 2019, hasta que la Agencia Americana (USADA) anunció que había fallado a tres controles en un año y todo se ensució a su alrededor. Aparecían abogados, su imagen de futuro de la velocidad se veía manchada y era puesto en cuarentena en las competiciones. A los pocos días, la USADA le absolvió por errores de forma. Coleman decía: “Yo no tomo nunca drogas, ni siquiera suplementos”. Tras el oro volvió a reivindicarse: “He sido dotado con un enorme talento y por fin olvidé todas mis preocupaciones. Es increíble unirme a una lista con gente como Greene, Bolt, Gatlin..”.

Coleman ya había sido plata mundial en Londres 2017, por delante de Usain Bolt, siendo el único que había ganado dos veces al Relámpago en un Mundial. Con su estilo nervioso, el estadounidense muestra siempre un rictus tirando a serio, aunque en distancias cortas a veces sonría. Ahora su gesto se ha endurecido más todavía tras el affaire. Siempre con estilo callejero, con ropa ancha y zapatillas de calle gigantes. Más introvertido y tímido que el Relámpago, invocar a Bolt sería una buena solución para escapar del lado oscuro.

A partir de hoy está inscrito en las series de 200. Si aparece tendría enfrente a Noah Lyles, otro estadounidense prodigioso, mucho más amigable que Coleman. “Es realmente buena para el deporte esta rivalidad”, dice Lyles. Puede que Coleman no piense lo mismo. Un bala de cañón, de gesto serio... pero de oro.