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Maider Unda: “Aquel bronce olímpico no me cambió la vida”

LUCHA

Maider Unda: “Aquel bronce olímpico no me cambió la vida”

Maider Unda.

PAULINO ORIBE

DIARIO AS

La medallista en los Juegos de Londres 2012, ahora granjera en su caserío de Olaeta (Álava), disfruta de la maternidad. "Inviertes media vida en lograr ese momento".

En el caserío de Olaeta (Álava) que gobierna Maider Unda las cosas no vienen dadas por exhibir una medalla olímpica. “No sé ni dónde la tengo”, suelta espontánea con esa sonrisa sincera tan suya. Al final lo recuerda para posar para el reportaje. “El bronce no me cambió mucho la vida, la verdad”, aclara. Bien es cierto que aquel 9 de agosto de 2012 en el que al fin vio cumplido su sueño de mordisquear el preciado metal, al más puro estilo Rafa Nadal, jamás se le irá de la mente. “Inviertes media vida en lograr ese momento. ¡Cómo se me va a olvidar!”, zanja con media sonrisa.

Pero esa imagen es un recuerdo lejano, refrescado casi mecánicamente, que le acompaña en su nueva vida, bueno, la que prolonga la que antes alternaba con la competición oficial. El tatami es el olvido, el presente es una amplia finca que debe explotar cada jornada, sin regateos de esfuerzo. Se levanta todos los días a las siete de la mañana para cuidar de sus cerca de 300 ovejas y atiende el caserío de Olaeta, a 25 kilómetros de Vitoria, junto a su hermana mayor, Igone. Continúa produciendo cuatro mil quesos de la Denominación de Origen Idiazabal al año, bautizados como ‘Atxeta Gazta, un queso olímpico’. Pastora, quesera y comercial, cuenta con una pequeña nave junto a la iglesia del pueblo, próxima a la carretera que une la localidad con la vecina Otxandio.

Se levanta a las siete de la mañana para cuidar a cerca de 300 ovejas

Su jornada

Además, hay una criaturita que le desvela, en el sentido positivo, más que el hormigueo que le producía la competición. Su hija Iraide nació el verano de 2014, tras hacer un parón forzoso en la lucha. “Es muy despierta”, se le ilumina la cara. Quiso dedicar a la cría su último baile, la participación en los Juegos de Río de 2016, pero no pudo ser, pues en el segundo Preolímpico Mundial celebrado en Estambul, perdió su última oportunidad tras caer en primera ronda con la rusa Ekaterina Bukina por un rotundo 10-0. Bastante hizo con intentar llegar al primer nivel nuevamente.

La alavesa dominó la lucha a nivel nacional desde su irrupción en 2001, nadie conseguía ni toserle en su categoría (-72 kilos), peso en el que consiguió subir al tercer peldaño del podio en Londres. “A partir de ser madre, las prioridades ya no fueron las mismas”, desvela. Su cuerpo y su condición física también mudaron. Para la cita de Río cambió de categoría a la de menos de 75 kilos y se apuntó a todas las clasificatorias. “Quería intentarlo después de ser madre, clasificarme para Río, vivir de nuevo las increíbles sensaciones de Londres, pero no fue posible, así que decidí que mi carrera deportiva había terminado”, alude con un punto de nostalgia.

La retirada fue dura. “Lo medité mucho pero era lo mejor, algún día tenía que llegar el momento”. Dejaba decenas de temporadas situada entre las cinco mejores del mundo. “Había otra parte de mi vida que me estaba reclamando”. Ahora, a sus 40 años, aún tiene fresco el a su primer tatami en la escuela con nueve años.

No es que con su nuevo quehacer haya caído en la inactividad precisamente. “Lo llevo bien, no es fácil llevar esta vida, pero es lo que sé hace y lo que me toca. Ahora tengo menos tareas, no estamos en temporada. Doy de comer a los corderos, atiendo la casa y llevo la niña al autobús. Luego trabajo en la huerta y corto leña... Y así continuaré, no imagino otra cosa”, va detallando. No sólo eso, acude a ferias con sus quesos, que desprenden un aroma difícilmente expresable en estas líneas, y hace visitas guiadas por su ‘reino’ y hasta cestas de Navidad. También da cursillos sobre explotación en un caserío y el ciclo reproductivo de la oveja, con vídeos y una cata final de quesos.

Tocó el cielo con el bronce: “Inviertes media vida para eso”

Londres 12

Tras casi 30 años sobre el tatami, 2016 fue el curso en el que ‘Iron Maider’ decidió bajarse de él y ponerse las zapatillas. Formada en el sambo, una arte marcial soviética, pasó dos años en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid (“No era feliz allí, no me sentía realizada, no estoy hecha para dedicarme únicamente a entrenar”), pero pronto volvió a su caserío para seguir, hasta hoy, con lo suyo. Durante largos inviernos se preparaba en su desván con su entrenador de siempre, Luis Crespo, todavía electricista a media jornada…

Sobre sus hombros ha recaído el peso de la lucha en España. Hablamos de una supermujer con dos participaciones olímpicas (diploma en los Juegos de Pekín por su meritorio quinto puesto y bronce en Inglaterra), una medalla mundial (bronce en 2009 en Dinamarca) y tres europeas (bronce en 2010 y 2012 y plata en 2013). Ahora también tiene un cargo de directiva en la Federación Española, como representante de los deportistas y los lunes dirige a un grupo de luchadores en Otxandio. “Me temo que van a pasar unos años, un período de vacío, hasta que vuelvan a salir luchadores. En los siguientes Juegos a los de Tokio lo veremos Están cambiando las reglas y los pesajes y en algunos casos se dificulta mucho”.

En efecto, la lucha ha evolucionado mucho. Años atrás de buscar el corte para entrar en Río, el Comité Olímpico (COI), deseoso de deportes jóvenes y adinerados, amenazó a la Federación Internacional de Lucha (UWW) con la expulsión de la Carta y ésta respondió con una revolución total de la disciplina: para reducir el número de atletas y agilizar los combates, cambió todas las categorías y exageró las sanciones por pasividad. En pleno regreso de su maternidad, Unda pasó a competir con rivales más grandes que ella (de +72 kilos a +75) y comprendió muy castigado su reconocido estilo táctico. “Ahora te piden estar siempre activa, no puedes pensar”. Y concluye: “A los jóvenes les interesa la lucha, aunque es verdad que el salto a las competiciones internacionales es difícil. Muchos adolescentes lo dejan por no poder compaginarlo con los estudios.

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