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Herminio Menéndez: “Creo que merecíamos algún podio más”

Herminio Menéndez (Candás, 1953), fue piragüista olímpico en cuatro ediciones. Tiene tres medallas pero se quedó con ganas de más...

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Herminio Menéndez: “Creo que merecíamos algún podio más”
Eloy Alonso / Diario AS DIARIO AS

Durante muchos años ha sido usted el deportista español que más veces había subido al podio olímpico.

Es que me exprimían. Me ponían todo lo que hiciese falta, con cuatro, con dos, en 500 metros, en 1.000. Era una especie de comodín. Pero contento.

Dos platas y un bronce.

En Montreal teníamos que haber ganado el oro en el K-4. Éramos la mejor tripulación, la favorita porque veníamos de ser campeones del mundo. De diez veces que hubiésemos competido con aquellos finalistas, habríamos ganado nueve. Acabas disgustado porque querías más, pero con el tiempo te das cuenta que una medalla olímpica, de plata tiene mucho valor.

En Moscú hizo doblete, en 500 y en 1.000 metros.

Por un lado iba con Misioné, con el que ya había dado muchos tiros y ganado muchas medallas. La plata fue con Del Riego, que entraba de nuevo.

En Los Ángeles, en sus cuartos Juegos, sin embargo, no subió al cajón.

Ese fue el mayor revés que sufrimos. Nunca había tenido tan sencillo subir al podio, porque con el boicot de los países del Este nosotros éramos de los mejores, pero hubo algunos errores, y fracasamos. Mientras todos los equipos se quedaron cerca del lugar de competición, nosotros estábamos entre ida y vuelta a cinco horas. Hubo muchos errores y perdimos dos medallas, por lo menos. Yo, al menos, siento que me faltan dos de Los Ángeles y una de Montreal. En el K-1, que quedé cuarto, aunque tardaron más de veinte minutos en decidir el bronce. En aquellos tiempos no había fotos, y decidió el jurado. Es lo que ocurrió.

¿En qué ha cambiado el piragüismo?

Antes hacíamos de todo, y ahora son más especialistas. Afinan más.

Usted pasó de remar a retirarse tras Los Ángeles y ocupar puestos de dirigente deportivo. ¿De qué está más satisfecho?

Sin duda, del trabajo en el despacho. En 1987, con Gómez Navarro, llegamos al CSD y cambiamos todo el deporte español. Le dimos la vuelta como un calcetín. Hicimos una Ley del Deporte, cambiamos la mentalidad de las federaciones, trajimos técnicos extranjeros para mejorar a nuestros deportistas, y así empezó el boom de nuestro deporte. Pero lo más importante es que creamos unas estructuras por si venía un tonto detrás que no pudiese destruir aquel trabajo. Y sí, vino algún tonto, pero no lo pudo cambiar.

Usted, que pasó por cuatro Juegos, me imagino que habrá vivido los cambios en las villas olímpicas.

Sin duda. Yo era un crío en Múnich, y el atentado rompió la alegría que teníamos, y entonces pasamos a estados de psicosis por la seguridad, y ya no fue lo mismo. Pero es lo que ocurre ahora en la sociedad, que los atentados obligan a una serie de precauciones que va en detrimento de otras cosas.