Resumen del año 2015 en la NFL

2015: adiós al año en que se desinflaron las pelotas en la NFL

El Deflategate, una intercepción in extremis, Alejandro Villanueva, Los Ángeles, Cam Newton, el punt fake de Pagano, Chip Kelly... protagonistas en la NFL.

2015: adiós al año en que se desinflaron las pelotas en la NFL
AL BELLO AFP

Entre tú y yo, creo que todos estábamos un poco hartos de 2015. En los últimos días de diciembre es inevitable hacer más o menos balance, aunque en seguida nos olvidemos de cualquier propósito y volvamos a meternos de lleno en la consola, pero la sensación que tengo, por lo que me comenta la gente que me rodea, es que 2015 no ha sido un año especialmente bueno para casi nadie.

Tampoco creo que lo haya sido para la NFL. Si tuviéramos que resumir lo sucedido en un solo acontecimiento, no hay otra que recordar el ‘Deflategate’. Y si de lo que más se habló en casi todo un año fue de unos balones desinflados, es que no debieron pasar muchas cosas especialmente interesantes. Lo más curioso es que la consecuencia de un tema del que antes o después todos acabamos hasta las pelotas, fue que a partir de septiembre hemos visto a Goodell menos que ningún año.

Sí, sí, Roger Goodell, ese tipo con pinta de comandante de una Panzer Division en el frente del Este, al que siempre hemos tenido hasta en la sopa, está desaparecido. Este año los recién llegados a la NFL ni siquiera deben ponerle cara, porque después del ridículo ha preferido hacer mutis por el forro.

Así que ahora que lo pienso, ojalá haya un 'Deflategate' cada año si la consecuencia es que perdamos de vista unos meses a Goodell y sus ocurrencias, aunque también hay que decir que la NFL se está aficionando a este tipo de espantadas, y no le suele salir mal la jugada. Por ejemplo, tras el estreno de ‘Concussion’, la película de Will Smith que está pasando sin pena ni gloria, la NFL no ha querido ni nombrar a la bicha y el plan les está saliendo perfecto. En lo que a ellos respecta, ni un solo espectador se ha asomado a los cines por culpa de una declaración inconveniente de un directivo despistado. La lección estaba bien aprendida.

De todas maneras, que ‘Concussion’ iba a ser un fracaso lo sabía hasta el Tato. Fuera de EEUU no le importa a nadie la historia. Dentro de EEUU, y del mundo de la NFL, los interesados en el tema ya pudimos ver hace un par de años el fantástico documental de la productora Frontline ‘League of Denial’, que cuenta la misma historia sin histrionismos ni caracterizaciones teatrales. A palo seco. Sin aditivos. Y alguien me tiene que explicar para qué quieres ver a un actor contando la historia de un tipo que ya la contó en primera persona y mucho mejor, mostrando la realidad con una crudeza desgarradora. Así que los que estamos interesados en el tema no necesitamos ver ‘Concussion’, y los que no están interesados en él, ni han visto el documental, ni verán la película.

‘Concussion’ ha sido como esos remakes espantosos que hacen los estadounidenses de las mejores películas europeas, pero a lo bestia y sin salir de casa.

Donde la NFL no está dando ninguna espantada, sino más bien todo lo contrario, con más propietarios de los debidos haciendo declaraciones contradictorias, es en el asunto del movimiento de alguna franquicia a Los Ángeles. Probablemente, éste haya sido el tema más comentado después del ‘Deflategate’ (que manda narices).

A día de hoy lo único que sabemos claro es que ni los Raiders quieren seguir en Oakland, ni los Chargers en San Diego, ni los Rams en St Louis. También sabemos que la mayoría de los dueños de la NFL no quieren que Stan Kroenke construya un estadio en Inglewood, y si pudieran le quitarían la propiedad de la franquicia. Le temen más que a una vara verde porque va a lo suyo, en plan Al Davis pero a lo bestia, y con una iniciativa aún mayor que la del viejo cascarrabias de los Raiders. Así que, mientras terminan de aclararse, y los tres equipos están despidiendo la temporada como quien ya tiene hechas las maletas y está a punto de echar la llave por última vez por fuera, nadie sabe muy bien cómo va a terminar la historia. Ni siquiera si va a acabar, que Kroenke se va a Inglewood ya caigan sobre él las setecientasmil plagas de Egipto de forma simultánea.

¿Y en el aspecto deportivo qué ha pasado? Pues poca cosa. Sobre todo, porque el deporte es mucho más efímero que todo lo demás. Una intercepción en el último momento del último partido debió ser la imagen del año, pero a esas alturas todos estábamos tomando lecciones de cómo se desinfla un balón en menos de tres segundos. Y del cuarto anillo de Belichick y Brady ya casi ni nos acordamos. Como también ha terminado entrando en la lista insigne de los grandes interruptus la temporada casi perfecta de Panthers. En Carolina soñaron con la historia de la Cenicienta, pero acabaron perdiendo el zapato en casa de los Nuns, el Grinch, los Falcons, o como queramos llamar a unos tipos que a finales de octubre tenían pie y medio en postemporada y a mediados de diciembre eran la imagen viviente del ridículo.

¿El MVP? Seguramente se lo den a Cam Newton, que ha jugado una temporada descomunal, pero ya que hablábamos de ridículos, yo, sin duda, se lo daría a Chuck Pagano, que nos regaló el momento mágico de 2015, casi de cuento de hadas, con un fake punt ante los Patriots sobre el que escribirán odas los trovadores durante años y años. Aunque el intentional grounding interceptado de Matt Cassell hace pocas semanas también merece algunas estrofillas.

2015 fue también un año muy especial para los aficionados españoles a la NFL. Alejandro Villanueva, un paisano en todos los sentidos, no solo entró a formar parte de la plantilla de los Steelers, sino que durante dos tercios de la temporada ha sido el tackle izquierdo titular de los Señores del Acero. Y ha jugado de lujo. Pocas veces hemos disfrutado de una temporada con tanto interés e implicación con un jugador. Todos hemos empujado con él en cada snap en el que el gigante aparecía con su número 78.

También ha sido el año de la NFL de las dos velocidades, en el que más de media liga ha jugado con el único objetivo de evitar un récord negativo. El año en el que los quarterbacks de clase media, esos que siempre miramos de reojo, se han reivindicado. El año en el que Chip Kelly cogió un equipo y consiguió destruirlo con una eficacia sin antecedentes en los anales de la NFL. El año en que Dalton resultó ser bueno pero terminó sustituido por un macarrón. Y de los Cardinals si hablo, que me parece que tendremos que dedicarles muchas líneas en los próximos meses.

Por último, fue el año en que todos discutimos con el puñal entre los dientes sobre Peyton Manning, desde enero hasta diciembre, sin conseguir ponernos de acuerdo. No me atrevo a decir que haya sido su último año en la NFL, porque llevo demasiado tiempo diciéndolo y equivocándome. Es más, este domingo ya estará otra vez vestido en la banda de los Broncos, y sospecho que antes de que acabe enero habremos vuelto a hablar, y mucho, sobre este quarterback genial. Eso sí, con un puñal entre los dientes, que si no, no mola.

¡Feliz 2016 a todos, menos a uno! Él sabe quién es, y por qué se merece todo lo peor…