David Cal entra en la historia

PIRAGÜISMO

David Cal entra en la historia

David Cal entra en la historia

FRANCISCO LEONG

AFP

El gallego firma una remontada memorable en el canal de remo para convertirse en el deportista español más laureado de la historia de los Juegos Olímpicos.

David Cal ya es leyenda. El chaval que con 21 años, abrumado por la momentánea fama, casi no acertaba a abrir la boca en Atenas 2004 tras cazar un oro y una plata (C1 1.000 y C1 500) no falló tampoco en Pekín 2008 (dos platas en C1 1.000 y C1 500). Y ha seguido fiel a su cita con el podio en Londres, donde con la plata en C1 1.000 se convierte en el deportista español con más medallas olímpicas. La quinta le sirve para desempatar con Arantxa Sánchez Vicario y Joan Llaneras.

El “keniata de la piragua”, como le llama su técnico Suso Morlán, tiene un motor diésel, que va de menos a más y que le hace dar más paladas que nadie, como el molinillo de Alberto Contador. Pero arrancó mal. Al paso por los 250 metros era quinto y por los 500, sexto. Suso, en la grada, iba picando las paladas con un contador manual. “Venía a 64-65 por minuto y en el último 200 se puso a 71. Y eso es definitivo. Sólo él aguanta así hasta el final después de 800 metros. Tiró como un jabato. Los demás se comenzaron a partir en el paleo… ¡Ya estaba!”, relataba emocionado su padre espiritual. Sólo el alemán Sebastian Brendel, actual campeón de Europa, entraba por delante (3:47.176). Cal, a 0.877 y el canadiense Mark Oldershaw, tercero a 1.326. Fundidos, por detrás boqueaban otros favoritos como el uzbeko Menkov o el invencible Attila Vajda.

Cal, a sus 29 años, es el prototipo de deportista sacrificado, metódico, obediente. Su historia es una historia de renuncias a cambio de medallas. “Ahora sólo quiero desconectar, dejar la piragua a un lado, hacer lo que no puedo hacer en un ciclo olímpico: salir con la novia, con los amigos…”. Olvidar esa desagradable sensación del lactato inundando sus músculos (acaba a unos 15 o 16 milimoles en sangre), provocando la nausea. Saborear el triunfo mirando al mar en Aldán.

Desde el 20 de mayo David Cal estaba encerrado en el embalse del Río Cervo, en la costa de Lugo. Con la mole de la empresa acerera Alcoa delante y haciendo del pequeño hotel rural Natur su casa. Sin casi visitas, sin ver a su novia. Suso Morlán con él. Tres meses lleva también sin ver a su bebé de un año. Y tres años estudiando las condiciones de viento y humedad de la pista de Eton Dorney, descargando los datos de la estación metereológica del canal día a día para adaptar luego los entrenamientos a lo que se iban a encontrar. En el escenario más parecido que hayaron para hacerlo en Galicia. En Cervo.

Para la final, el gallego intentó salir por la calle siete y lo consiguió con su posición en semifinales, aunque no soplara mucho el viento. Era la más resguardada en una pista en la que entra de atrás a favor de diestros y le perjudica por ser zurdo. “Por la calle 3 no habríamos tenido medalla. En 2005 nos robó una medalla el viento por una calle 1 y esta vez supimos ayudar al viento para conseguir la del 2012”, cuenta Morlán. La historia de los dos es la historia de las cinco medallas. Ahora por delante les queda una liberación momentánea. En 2013 pensarán en si siguen hasta Río. “La concentración se hace eterna. Ahora sólo queremos recuperar la vida de la gente normal. Después del ‘no puedo ir de camping, no puedo comerme un churrasco, no puedo, no puedo…’. Ahora es el momento de decir sí a todo”, estalla Morlán. De disfrutar de ser "el más chulo de la historia".

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