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España se lleva un susto para cerrar el tramo soso

Baloncesto | Gran Bretaña 78 - España 79

España se lleva un susto para cerrar el tramo soso

España se lleva un susto para cerrar el tramo soso

Partido desmadejado entre una España que aseguró estar entre los tres primeros de grupo y Gran Bretaña, que vendió cara su piel. Muchos errores y lagunas de concentración.

Londres

Tienen tendencia los equipos poderosos y veteranos, y España lo es, a avanzar en estos torneos de menos a más. Si además el calendario lo propicia colocando a los rivales más débiles al principio (China, Australia y Gran Bretaña), sucede lo que hemos presenciado estos días: tres victorias sosas con rotaciones largas y esfuerzos cortos. Cada gota de sudor ahorrada cuenta a partir de ahora: Rusia y Brasil para cerrar el grupo y evitar el lado del cuadro de EE UU. Es normal, sí, pero ayer España se pasó de lista.

Y se llevó un buen susto cuando se vio a poco más de un minuto del final con Gran Bretaña a dos (69-71) y el balón en poder de Deng. Sin embargo, el alero de los Bulls, que había llevado a los anfitriones hasta allí con su primer gran partido del torneo (26 puntos, 9 rebotes, 7 asistencias y grandes porcentajes), perdió dos balones seguidos que acabaron con el sueño del emocionado Basketball Arena. Mérito para Rudy Fernández, que había sufrido en la defensa de un NBA once centímetros más alto que él (1,95 contra 2,06), pero estuvo enorme en ambas acciones. A partir de ahí, el intercambio de tiros libres y triples dio emoción, pero el partido estaba decidido.

Lo curioso fue que, al fin, España parecía dispuesta a decidir de salida: 11-22 con los Gasol ejerciendo de primos de Zumosol. El pobre Mensah-Bonsu­ tenía que mirar hacia arriba para verle la barba a Pau y Free­land se vengaba de sus sufrimientos defensivos anotando con facilidad. Pero fue verse plácidamente por encima, tan superior, y España echó el freno de mano para no volver a quitarlo. Decidió jugar a mantener la renta alrededor de los diez puntos. Un riesgo que casi paga.

Pero evitó el drama, cierra el pase a cuartos y toca mirar hacia delante. O hacia ese banquillo donde ayer, para tranquilidad de Scariolo, ya se pudo sentar el preparador físico, Nacho Coque. Pero también estaba allí Navarro, que calentó con cierta normalidad, pero no jugó. El capitán no es importante, es necesario. El piloto automático se apagó ayer para siempre.

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