TOKIO 2020 | SUEÑOS DE ORO

Lydia Valentín soporta el peso de la halterofilia española

La berciana, que ha roto estereotipos y es bandera contra el dopaje, se encuentra en la carrera por conseguir la que sería su cuarta medalla olímpica.

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El palmarés que acumula Lydia Valentín, a sus 34 años, ya la convierte en una de las mejores deportistas de la historia de España. Pero la carrera de la berciana no sólo ha sido cosechar éxitos, sino que buena parte también ha residido en derribar prejuicios y barreras. La halterófila se encuentra en plena carrera para llegar a Tokio 2020, focalizada en el importante Europeo de abril, de cara a la cita olímpica en la que buscará la guinda a una trayectoria que la ha convertido en referencia mundial.

Su figura, la más brillante de siempre de la halterofilia española, se ha convertido en un símbolo. Comenzó a llamar la atención entre el público no especializado por detalles, quizá superficiales, pero que mostraban rasgos de su carácter. Se negó a aceptar la visión general estereotipada de mujer que se dedicaba a la halterofilia. Su cuidada imagen en las competiciones parecía querer romper con los prejuicios que ponían en duda la feminidad de las halterófilas. El maquillaje no tapó su enorme calidad para colarse entre las mejores del planeta. Pero permanecía a la sombra de rivales dopadas.

Porque los analísis retroactivos se dedicaron a demostrar que si el palmarés de Lydia no era mayor se debía a que las que le ganaban hacían trampa, y vio cómo su oro de Londres y su plata de Pekín le llegaban con justicia por descalificaciones de 'compañeras', que le privaron de la gloria del podio y la inyección económica de sus premios. "Es algo penoso, y he tenido que asumir que es algo que ocurre, que está ahí y que es muy difícil que no siga ocurriendo en el futuro. No debo obsesionarme con eso porque es algo que no puedo controlar. Lo que sí está en mi mano es entrenar y entrenar", analiza.

Lydia fue una de las grandes perjudicadas por una época oscura de este deporte, aunque para la española las trampas no compensan. "No debe ser agradable tener la carga de las trampas, estar 24 horas nerviosa por si te hacen un control... Poder dormir tranquila tiene más valor que cualquier éxito logrado con dopaje", reflexiona.

Y es que a Lydia le van otro tipo de nervios: "Son esas sensaciones positivas que entran cuando te acercas a una gran cita como es la olímpica. Yo no lo llamaría nervios, más bien ganas. No veo nada negativo en eso, yo ya me siento una auténtica privilegiada por estar aspirando a meterme en mis cuartos Juegos Olímpicos". Un logro que sería la guinda de la mejor bandera de la halterofilia.