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PERÚ-ARGENTINA

Messi vuelve al estadio de la mayor tragedia en la historia del fútbol

328 personas fallecieron en 1964 como consecuencia de los altercados producidos en el estadio Nacional de Lima durante un Perú-Argentina de clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio.

Actualizado a
Imagen de los disturbios producidos en el Estadio Nacional de Lima durante el Perú-Argentina de 1964.
Internet

El 24 de mayo de 1964, Perú y Argentina se jugaban en el Estadio Nacional de Lima, ante más de 47.000 personas, el pase a los Juegos Olímpicos de Tokio. Un gol anulado a los locales terminó degenerando en una violenta protesta por parte de los aficionados peruanos, que tuvo una durísima respuesta policial. El balance oficial fue de 328 fallecidos y varios centenares más de heridos, aunque hay quien defiende que la cifra real fue superior. Es la mayor tragedia en la historia del fútbol. En este mismo recinto, Perú y Argentina se miden este martes en la cuarta jornada de las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial 2026. Será la tercera visita de Leo Messi a este estadio. Las dos anteriores se saldaron con empate, 1-1 en 2012 y 2-2 en 2016.

El detonante que desató la ira de los aficionados, y que provocó la suspensión del partido, fue ese gol anulado al peruano Víctor Lobatón y que hubiera significado el empate a uno. El árbitro uruguayo Ángel Eduardo Pazos lo anuló y dos hinchas peruanos saltaron al césped para agredir al colegiado. Uno de ellos, Edilberto Cuenca, fue reducido de forma violenta por la policía y a raíz de esa respuesta se generó el caos. El otro, Víctor Vásquez, también conocido como el ‘Negro Bomba’, dio años después en medios peruanos su versión de lo sucedido: “Me metí a la cancha porque el gol de Lobatón fue legal. No aguanté la cólera y quise pegarle al árbitro. Soltaron a sus perros para que me mordieran. Mi conciencia está tranquila. Yo no he matado a nadie. Por eso salí libre”.

La policía no soltó a los perros, pero sí dejó que lo mordieran y que le rompieran la ropa. A la gente no le gustó la manera en que estaban sacando al aficionado de la cancha. Los volvió locos”, recordó en la BBC el exfutbolista peruano Héctor Chumpitaz, que disputó aquel encuentro.

Comenzaron a volar objetos desde la grada y varias decenas de aficionados trataron de acceder al césped. La policía respondió disparando gases lacrimógenos hacia la grada. Los hinchas trataron de abandonar el estadio y salir a la calle, pero muchas de las puertas de esa tribuna norte estaban cerradas. La versión oficial habla de que la avalancha provocó la muerte por asfixia de la mayoría de los hinchas que perdieron la vida aquel día. “Yo ordené lanzar bombas lacrimógenas a las tribunas. Nunca imaginé las nefastas consecuencias”, declaró el comandante de policía Jorge Azambuja, que acabó siendo condenado a 30 meses de cárcel. Fue el único condenado por lo ocurrido en el Estadio Nacional de Lima.

Los disturbios continuaron por las calles de la capital de Perú, donde “las balas venían de todas partes”, según contó a la BBC Jorge Salas, uno de los aficionados que estuvo presente en el estadio y que logró salir de él con vida gracias a la ayuda de unos amigos. Al menos dos policías fallecieron durante los disturbios.

El juez Benjamín Castañeda, encargado de dirigir la investigación sobre lo ocurrido aquel día, aseguró que hubo “una siniestra conjura para avasallar al pueblo con un trasfondo que debe ser investigado” y concluyó en su informe que en la investigación oficial del gobierno no se reflejó el número real de muertos, “basado en las sospechas bien fundadas de la desaparición secreta de aquellos que murieron por balas”.

Esa misma teoría la defiende el fallecido periodista Jorge Salazar, que en su libro ‘La ópera de los fantasmas’ sostiene que hubo muchos más muertos de los que reflejó la versión oficial y que la mayoría murió por disparos de bala y no por asfixia. Salazar aseguraba que muchos de esos fallecidos fueron enterrados en una fosa común en Callao.

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