LA INTRAHISTORIA

El ‘último suspiro’ de Guardiola en su vida tranquila en Múnich

Para seguir las huellas de Guardiola en Múnich, el Schumann's Bar es una parada innegociable. Allí se produjo el famoso encuentro con Thomas Tuchel. Y allí acudía a relajarse y leer a Buñuel.

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Imagen de la planta baja del Schumman’s Bar de Múnich; en la primera planta, Les Fleurs du Mal.
RODOLFO MOLINA / DIARIO AS

Sólo siete futbolistas han jugado con las camisetas de Bayern y Barça a lo largo de la historia: Mark Hugues, Patrick Andersson, Van Bommel, Arturo Vidal, Pepe Reina, Thiago Alcántara y Coutinho. Y sólo tres técnicos han dirigido a los dos clubes: Udo Lattek, Louis Van Gaal y Pep Guardiola. El técnico de Santpedor, sin duda, es el eslabón más fuerte que une a los dos clubes y el que, obviamente, ganó más títulos (21) de todos. Pep, que estuvo acompañado de su inseparable Estiarte en su aventura en Múnich, llevó a la Bundesliga muchos de los postulados que le hicieron triunfar a lo grande en el Barça y, pese a marcharse con la relativa frustración de no ganar la Champions, llevó a un estadio de modernidad superior al Bayern, que en esa línea ha ido buscando nuevos revolucionarios del fútbol como Nagelsmann.

Para seguir las huellas de Guardiola en Múnich, el Schumann's Bar es una parada innegociable. Allí se produjo el famoso encuentro con Thomas Tuchel, que aquel curso estaba de año sabático tras dejar el Mainz, que tanta leyenda ha dejado atrás. "Fue Tuchel quien vino a ver a Guardiola, no Pep quien acudió a Tuchel". Quien habla es Charles Schumann, dueño y fundador en 1982 del American Bar que lleva su nombre en la Maximilianstrasse de Múnich, aunque el preferido de Pep era el Tagesbar (Maffeistrasse, 6), más modesto. "Le encantaba su café, iba a menudo", recuerda Schumann, un enamorado de Donostia que presume de que el primer entrenador intelectual del fútbol que pasó por allí fue Menotti.

"Pep fue un amigo muy cercano de la casa Schumman. Antes de ir de vacaciones a España, celebró alguna vez aquí la Navidad con su familia". Sobre aquel encuentro con Tuchel, en el que se dice discutieron de táctica durante horas, es discreto. "La regla de cualquier buen bar es no molestar. Todos pueden hablar de sus cosas. Si no lo quieren hacer abajo, aquí en la primera planta", explica en Les Fleurs du Mal, un espacio superior del bar que evoca a Baudelaire y hace de reservado; y por el que también ha pasado alguna estrella cinematográfica como Jorge Perugorría.

Schumann desvela una anécdota que habla de las inquietudes de Guardiola. "En este bar, aquí mismo, vi a Pep leyendo... un libro, ¿cómo se dice? Mi último suspiro, de Luis Buñuel. Es uno de los recuerdos que tengo de él...".

Guardiola hizo una vida tranquila en Múnich. Una de las cosas que más le sorprendió era ese punto familiar que tenía el Bayern, donde el telefonista podía comer al lado de Uli Hoennes con total normalidad en Säberner Strasse, el cuartel general del club bávaro. Además del Schumman, tuvo otros sitios de culto: el Brenner, Seerose, en Münchner Freiheit; la Locanda, en el barrio de Giesing; y el Käfer. El Bayern y Buñuel. Nombres que sólo puede unir un tipo único como Guardiola.