ALEMANIA

El hijo de dos pasteleros, a la caza de Lewandowski

Patrik Schick mantiene el nivel que mostró en la Eurocopa con la República Checa en el Leverkusen. Lleva doce goles este curso en la Bundesliga.

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Patrik Schick, el hijo de un pastelero que amenaza a Lewandowski.
THILO SCHMUELGEN REUTERS

El gol en la Bundesliga ya no es cosas de sólo dos jugadores. A Lewandowski y Haaland les ha salido un competidor que amenaza con pelearles el trofeo al máximo goleador de Alemania: Patrik Schick. El delantero, de 25 años, ha arrancado la temporada como un avión en el Leverkusen con el que lleva doce goles este curso, cuatro de los cuáles se los hizo al Fürth el pasado fin de semana. No es la primera vez que el checo se coloca en el mismo escaparate que las grandes estrellas. En la Eurocopa anotó cuatro goles, los mismos que Lukaku y uno menos que Cristiano, máximo goleador del torneo.

Hijo de dos pasteleros, resulta paradójico lo que ha tardado Schick en dulcificar su carrera en la élite. En su etapa como director deportivo de la Roma, Monchi se fijó en él cuando militaba en la Sampdoria. Se lo 'robó' a la Juventus, que iba a pagar 30 millones por el delantero, pero finalmente los bianconeri rechazaron su fichaje porque le detectaron unos problemas en el corazón. Monchi llegó a decir de aquella operación que era de la que estaba más orgulloso, pero las cosas no salieron como se esperaba. En dos años apenas anotó ocho goles y quedó a la sombra de Dzeko. Entonces Schick hizo las maletas y se fue al Leipzig, donde Nagelsmann, experto en jóvenes talentos, tampoco pudo exprimirlo al máximo. Aun así, anotó diez goles en los 22 partidos que disputó.

Su amargor se acabó cuando llegó a Leverkusen la temporada pasada por 26,4 millones. En el equipo de la aspirina ha jugado 51 partidos y lleva 25 goles anotados. A eso hay que sumarle su magnífica Eurocopa, de la que además salió con cuatro goles y un récord: el del gol anotado desde más distancia (45,2 metros) en la historia del torneo, por el que, para más inri, está nominado al premio Puskas. La guinda al pastel.