COMUNICACIÓN

Álex Grijelmo: "Perdamos los complejos en el léxico deportivo y acabemos con el colonialismo"

Álex Grijelmo presenta 'Con la lengua fuera' (Taurus Ediciones), su décimo libro sobre lenguaje con raíz en AS. Compila los artículos que publicó sobre el uso del léxico deportivo, con sus aciertos y desaciertos, entre 2016 y 2019. Sirve para esta charla con Alfredo Relaño, director del periódico entonces y autor del prólogo.

Madrid
Momento de la charla entre Alfredo Relaño y Álex Grijelmo, a propósito de la publicación de 'Con la lengua fuera'.
JESUS ALVAREZ ORIHUELA DIARIO AS

El encuentro con Álex Grijelmo a propósito de su último libro, 'Con la lengua fuera' (Taurus Ediciones), deriva en esta charla a dos voces de manera natural. La propuesta nace del mismo Álex. "Como el prólogo lo ha escrito Alfredo Relaño, ¿qué te parecería una conversación entre los dos, moderada por ti?". Dicho y hecho. Alfredo acepta. Era el director del Diario AS cuando los artículos que hoy llenan las 368 páginas de este libro se publicaron domingo a domingo, desde 2016 a 2019, es el autor del prólogo. Llegan a la vez a la redacción, tan diferente de como la vieron tantas veces, vacía por la pandemia, el COVID. Más de dos metros separan sus sillas cuando comienzan a hablar. El libro es el inicio de una charla inteligente e hipnótica entre los dos que se hace, casi, partido de tenis. Es imposible apartar los ojos de ellos mientras hablan, debaten. De la lengua y sus complejos. De los modismos. De 1975. De Joaquim Maria Puyal. Y de ese término, Final Four, sobre el que siempre acaban discrepando y que cuenta tanto el por qué de 'Con la lengua fuera'.

-¿Qué tiene de especial 'Con la lengua fuera'?

-Álex Grijelmo: Son comentarios sobre el léxico deportivo a favor y en contra. No sé si hay una recopilación sobre el léxico deportivo tal y como se vinieron publicando en el Diario AS, en la etapa de Alfredo Relaño. Yo creo que no tiene precedentes.

-Alfredo, usted escribió el prólogo, ¿siente que una parte del libro es suya? ¿Qué tiene que ver con la idea?

-Alfredo Relaño: Sí, lo siento. Porque salió en AS siendo yo director. Lo que ya no me acuerdo es si fue inspiración mía...

-Á. G.: Fue, fue.

-A. R.: En realidad es una copia de la sección que Álex tiene en El País y que yo sigo desde hace tiempo. Se lo dije y me dijo que sí. Hubo un momento que él llamaba a 'Carrusel Deportivo' cuando cometían alguna incorreción. Y lo tomaban eso como una regañina muy importante, como si llamara el director general. En algo contribuyó a que se mejorara.

-Esto es casi como una Biblia para el periodista deportivo.

-Á. G.: Bueno, una Biblia no sé. Un libro de consulta sí, para el que quiera ser un periodista esmerado. Lamentablemente eso escasea. Hay periodistas que les da igual una palabra que otra, sin darse cuenta de que eso tiene una importancia. Hay un segmento del público que aprecia el lenguaje bien escrito. Y que cuando ven que un periodista no usa bien las palabras, o usa un lenguaje de aproximación, tienden a creer que no está bien formado. Las palabras son la ropa que nos ponemos. Si somos descuidados en la ropa pueden pensar que somos descuidados en algo más.

-A. R.: A mí me gusta el lenguaje, el castellano bien tratado, y considero esencial defenderlo. Sé que no es una época muy buena para eso. Sale gente de Periodismo con faltas de ortografía. Tiempo atrás se suspendía por eso en Ingeniero de Caminos.

-¿Cuando Álex le ofreció escribir el prólogo...?

-A. R.: Me sentí muy honrado. Me encantó. Me lo dijo con meses vista.

-Á. G.: Pero es que le conozco de hace muchos años. Se lo dije con tiempo para que no se agobiara (ríe).

-A. R.: Pues casi es peor (ríe).

Álex Grijelmo, durante la charla con Alfredo Relaño en AS a propósito de 'Con la lengua fuera'.

Muchos años. Concretamente 46, desde 1975. Les vinculó un amigo aún común, Miguel Moreno. "Fue compañero mío en 'La Voz de Castilla', el periódico en el que comencé de becario en Burgos", esgrime Álex. Moreno había sido compañero de Alfredo en la facultad. "Cuando yo vine a Madrid, tras dos años de carrera en Pamplona", continúa Grijelmo, "me dijo que llamara a Alfredo, que en algo me podría ayudar". Relaño trabajaba entonces en el 'Arriba', Álex ya le leía. Cuando le llamó, esas palabras, "que soy el amigo de Miguel Moreno", dieron lugar a una cena.

-Á. G.: Alfredo me llevó con Ernesto López Feito, Vicente Carreño y Julio César Iglesias con quienes se reunía los jueves. Me sentí muy honrado. Y fue, además, la primera vez en mi vida que probé la pizza. Entonces en Burgos no había (ríe).

-A. R.: (Ríe) ¿Sí? Pues a lo mejor fue también la primera vez que la probé yo también.

-Á. G.: Luego Alfredo me llamaba de vez en cuanto. "Acompáñame, que voy a entrevistar a Alfredo Evangelista". Y yo tres o cuatro veces me fui ahí, con él. Y, luego, cuando Alfredo entró en El País yo tenía que entrevistar a Juan Luis Cebrián para una revista de Barcelona con la que colaboraba y le pedí enlace. Con el tiempo seríamos compañeros, aunque con un camino independiente.

-¿Recuerda lo de la pizza?

-A. R.: No, no me acuerdo (ríe). Me acuerdo de lo segundo, de la gestión con Cebrián. Siempre me llamó la atención el cuidado de Álex con el castellano. Hacías una recopilación de coplas, de cantares antiguos de Castilla La Vieja, y eso me llamaba la atención, tu búsqueda de palabras. Como su programa en Radio Nacional, con la sección palabras moribundas, para rescatar las que estaban en desuso. Pensé que su sección en El País se podía hacer en AS, para impedir que el lenguaje se deteriore sin fin. Hay un cierto esnobismo en algunas cosas. "Como estoy más avanzado en motos, pongo esta palabra que no la entiende nadie". Eso se da. Yo, como leo muchas cosas antiguas, percibo que hay términos extranjeros que invaden y luego retroceden. Por ejemplo, las estiradas de los porteros se definían con la palabra "plongeon", algo así como zambullidas. O el término "embalaje", que luego se impuso sprint. Yo creo que a la lengua extranjera sólo hay que acudir cuando no haya más remedio. La final a cuatro yo la tolero mejor. Yo es que no sé cómo llamarlo. Semifinales no son exactamente, no incluye la final. Álex es más purista que yo.

-Á. G.: Fase a cuatro mejor.

-A. R.: Cuando ya se impuesto se ha impuesto. Copiamos otra cosa que hacen en otro sitio y, encima, lo traducimos mal. Nos convenía más final a cuatro que los últimos cuatro.

-A. G.: Claro, porque en inglés es los cuatro del final. Final no es un sustantivo sino un adjetivo que se ha antepuesto al sustantivo. Y no es una final a cuatro, son los cuatro del final. Un profesional debería estar al tanto de esas cosas. Yo me acuerdo cuando iba al fútbol con mi padre, que decía: "Ha sido offside". Tardé mucho tiempo en descubrir que era lo mismo que órsay (ríe), adaptación al castellano de offside. En el libro, en distintas partes, hago un cierto homenaje a Joaquim Maria Puyal, que fue quien primero transmitió en catalán los partidos de fútbol. Se encontró que había muchas palabras que se utilizaban en castellano porque en catalán no tenían equivalencia en el ámbito deportivo. Vestuario se decía vestuari. Y Puyal empezó a decir vestidó, vestidor, lo más correcto en catalán. O decían camisetes y Puyal dijo zamarretas. Ahora todo el mundo dice zamarretas y vestidor. Porque él se tomó la molestia de traducir a su idioma, conforme a las reglas y a los recursos de su propia lengua. Pasó a la historia por esto. Bueno, pues a esto han renunciado los comentaristas de Fórmula 1. Son incapaces de traducir palabras que las tienen perfecta. Boxes, pit-lane. Todas son perfectamente traducibles. Si hubieran adoptado la mentalidad de Puyal, ahora las tendríamos en castellano y las utilizaríamos. Y ese complejo de inferioridad de que todo lo tecnológico, lo que viene de fuera, es más importante que nuestro propio idioma, acrecienta el sentido de inferioridad que tenemos los hispanos.

-A. R.: Eso lo tratas mucho en tus columnas.

-Á. G.: Hay una responsabilidad.

-A. R.: Fíjate, desde que AS tiene ediciones americanas que manejan el castellano con pequeñas variables, salen palabras en las crónicas que son de allí pero se entienden. Por ejemplo, ciclistas, 'pedalistas'. Me hacía mucha gracia que en México llaman fútbol de estufa al periodo de fichajes porque allí es invierno. Y, un día, en una reunión, uno de márketing planteó que eso había que traducirlo. Y dijimos: "Tiene narices. Se usan palabras en inglés, de las cuales, por cierto, no hay ninguna pista para saber qué quieren decir, y te va a molestar que se llame pedalistas a unos tíos que le dan al pedal y que se entiende a la primera". Pero es porque lo que viene del anglosajón es superior y lo que viene de una evolución del español parece que no es entendible.

-Á. G.: Y luego hay hallazgos. Por ejemplo, 'piscinazo'. Es un españolismo, se usa en España nada más. En México dicen 'alberca', no piscina, en Argentina, 'pileta'. 'Piscinazo' es un hallazgo perfecto del léxico deportivo. O 'Villarato', obra de Alfredo. Son palabras que utilizan los propios recursos de la lengua. La terminación en azo, el sufijo, que sirve para formar otras palabras. Villarato, aparte de Califato, Triunvirato…, todas estas palabras que ya nos dan una pista por analogía con lo que eso va a significar, además tiene su antecedente en el Porfiriato.

"Piscinazo es un hallazgo perfecto del léxico deportivo. O Villarato"

-A. R.: Exacto. De ahí lo tomé yo.

-Á. G.: De Porfirio Díaz que estuvo en el poder 20 años en México. El Porfiriato. Una etapa concreta y una manera de gobernar vinculada a una persona. Son hallazgos fabulosos. Si somos capaces de hacer eso, cómo no somos capaces de traducir palabras que tienen un significado evidente en español.

-¿Por qué 'Con la lengua fuera'?

-Á. G.: (Ríe) Porque ya me imaginaba que iba a ir con la lengua fuera para escribir los artículos. Tenía otras actividades en El País, en el Grupo, en la Escuela de Periodismo, y ya veía que los iba a escribir con la lengua fuera. Y con la lengua fuera también es una manera de jugar al fútbol, sobre todo en los últimos minutos. E incorporaba la palabra lengua. Unía varias polisemias que hacían al caso. Y a Alfredo le pareció bien. ¿Igual hasta fue idea tuya?

-A. R.: No, no. No soy bueno poniendo títulos. Me acuerdo cuando quedé con José Ramón (De la Morena) para encargarle 'El Larguero'. Iba yo con 30 nombres y no me gustaba ninguno. Él llevaba dos o tres. Uno, 'El Larguero'. Dije: “Este es el bueno”.

-Á. G.: Esto es una gran capacidad de Alfredo y de muy pocos periodistas. Reconocer las buenas ideas ajenas. Esto es importantísimo. Ver el talento ajeno.

-Durante muchos años ha parecido que la literatura y el deporte eran como agua y aceite. ¿Ha cambiado eso ahora?

-A. R.: Estuvo peor. Ahora ya no desprestigia meterse a escribir de fútbol. Al principio, los practicantes que se han retirado, los camisas viejas, fueron los primeros que hacen crónicas, las grandes firmas estaban en los toros. Enseguida, además, toma un cariz, en el tiempo de la República, cuando estaban todas las tensiones en España, que acabaron en una Guerra Civil, que salen ahí muchas pasiones regionales, que es muy bronquista. Y luego, después de la guerra, el franquismo dedicó a eso, primero, una retórica pro española bastante absurda. Yo la he llegado a leer, que todos en el Tour de Francia estaban contra Manzaneque para que no ganara la etapa. Tú lo leías con 12 años y decías: "Joe, qué cabr… son todos, que van contra Manzaneque". Y entre eso y que la intelectualidad de izquierdas hizo un poco ver que el deporte era una cosa de borricos había pocas excepciones. Antonio Valencia Gilera en el ABC, que me gustaba a mí mucho, Manolo Alcántara… Fue a raíz de la transición, la salida de los periódicos generalistas, que comenzaron a interesarse más en el deporte, El País fue de los primeros, Candau incorporó a escritores para hacer las crónicas, que eso está mejor visto. El deporte tomó carta en ser una de las banderas de la modernidad en España, sobre todo con los Juegos de Barcelona. Y ahora no se ve tan mal. Ahora lo que hay es que te encuentras muchas veces en el Telediario, por ejemplo, que han puesto un rótulo y ni se han molestado en ver que falta una 'n', que hay una errata. Y lo dejan ahí. Y ese Telediario, si es fin de semana, lo repiten dos veces y sale con la misma errata. Es un descuido general. Sí veo un cierto esnobismo del especialista en una cosa y querer epatar… Otro galicismo.

-Á. G.: (Sonríe) Sorprender, asombrar…

-A. R.: A mí si son latinos no me duelen.

-Á. G.: Si quien hubiera ido desde el principio a la Fórmula 1 hubiese tratado de traducir términos… Los del fútbol no nos podemos quejar porque bien poco se ha torcido. Decimos córner, decimos penalti, decimos fuera de juego ya.

-A. R.: Sí, sí, efectivamente. Fíjate que se empezó a decir "referee", o referí, que permanece en Argentina. En las crónicas de los cincuenta se decía goalkeeper en lugar de portero. Y, por cierto, en lo de aproximar el deporte y cultura, la escritura al fútbol, también tuvo una influencia muy importante Valdano. En eliminar esa desconfianza. Al principio lo sufrió él del propio mundo del fútbol. García le llamaba 'El Filósofo', a lo que escribía lo llamaban 'Valdanadas'.

-Á. G.: Y 'El Rapsoda'. Eso demostraba el desprecio por la cultura que había en cierto sector del periodismo deportivo.

-A. R.: A Puyal le llamaba 'Doctor Puyal' pero con ironía. Porque Puyal era filólogo y daba gusto oírle hablar.

-Á. G.: García Hortelano, gran autor, iba al fútbol de incógnito. No se lo contaba a nadie. No estaba bien visto que un intelectual fuera al fútbol. Ahora hay muchos escritores a los que les gusta hablar de fútbol, escribir y presumir de que saben de fútbol.

-A. R.: A mí me llamó la atención, y esto lo comenté con Valdano, que después del atentado en la sala Bataclán en París, la reaparición de Europa con su modo de vivir no fue un concierto, ni de rock, ni de música clásica, fue un partido de fútbol en Wembley, entre Inglaterra y Francia, con los presidentes de los dos países, como diciendo: "No nos vais a parar". Porque hubo que suspender un partido aquel día. El fútbol tiene una importancia muy grande.

-Á. G.: De hecho la primera articulación de Europa fue la Copa de Europa.

-A. R.: Sí, sí. Antes del mercado común, antes del Tratado de Roma, es la creación de la Copa de Europa, en la cual intervienen democracias y dictaduras; había monarquías, repúblicas; había protestantes, católicos, ortodoxos, musulmanes… Eso se hizo en 1955. La primera iniciativa de verdad, desde Carlomagno. Ha tenido una importancia muy grande, por eso bueno cuidarlo desde el lenguaje, y tratarlo como una cosa seria.

-Á. G.: Sin complejos. El asunto es: perdamos los complejos ante las palabras que nos vienen de fuera, ante todo colonialismo. Sintámonos fuertes en nuestra cultura que eso es bueno para la economía, la autoestima de un país. El fútbol es una actividad que se aproxima a la actividad cultural. Hay una cultura del futbol, igual que de los toros, aunque esa sí que parece que va en salida. Pero el fútbol está en crecimiento. Yo soy aficionado, disfruto y sufro, no tengo ningún complejo en decirlo. Acabemos con los complejos también en el léxico deportivo, con lo que nos viene de fuera y que consideramos más prestigiosas sólo por eso.

-A. R.: Hay un término futbolístico que viene de los toros. ¿Sabes cuál es?

-Á. G.: Hay varios. Uno es mano a mano.

-A. R.: Sí, sí, pero yo me refería a leña. Salió el toro dando leña a los caballos. En mano a mano no pensé.

-Á. G.: Sí, que antes se decía: "Se quedó solo con el portero". Ahora se dice: "Mano a mano".

Alfredo Relaño, durante la charla con Álex Grijelmo a propósito de 'Con la lengua fuera'.

-A. R.: También está en el tango. "Mano a mano hemos quedado". Pero la utilización de la palabra leña no. A mí, de chaval, me extrañaba. Hasta que un día leyendo crónicas antiguas leí eso: "Salió el toro dando leña a los caballos". Y dije: "Ah, por esto será". Se sigue usando, por cierto. Menos.

-Á. G.: Creo que se usa más en las divisiones inferiores (ríe).

-¿Cómo ven ahora esta transición de ver a un chaval que se cuenta en 'Tik Tok', que lee en 140 caracteres?

-A. R.: A mí no me gusta. A ver, es un proceso irreversible y hay que mirarlo con compresión, es inevitable, pero va en contra del lenguaje. Las crónicas que se hacen en los periódicos, de hecho, son mucho más cortas que las de antes. Cada vez hay menos tiempo para dedicar a eso, para prestar atención a cualquier cosa. Da lugar a otro tipo de sociedad, ya veremos en qué mejor y en qué peor. Más informaciones puntuales tienen, seguro, pero tendrán menos profundidad de conocimiento. Hombre, ya no es mi época. Yo lo miro con curiosidad.

-Á. G.: Son épocas. Y ahora ha llegado ésta. Un informe reciente explica que la comprensión lectora de los alumnos de 15 años es peor si leen en pantalla que en papel. La pantalla emite luz y el ojo humano no está acostumbrado a recibir luz durante mucho tiempo, por eso se produce un cansancio. El ojo envía al cerebro un mensaje: "Esto me está cansando". La generación que viene va a perder en comprensión lectora en capacidad de concentración, espero que obtengan unos beneficios que compensen esos.

-¿Qué enseñanza deja al lector 'Con la lengua fuera'?

-Á. G.: Que los recursos de la lengua española son infinitos. Para crear palabras y adaptar ideas que vienen de otras lenguas. Por dos procedimientos. Por bien, mostrar una equivalencia con otras palabas: 'referí', árbitro, bien. O bien, adaptando el anglicismo cuando ya se ha instalado y cuando nombra algo nuevo. Como fútbol. Que tiene luego su derivación que decimos futbolero, futbolísticas, futbolista. Cuando ya una palabra se ha incorporado va teniendo sus derivaciones. Este libro muestra esa capacidad del idioma para adaptar y para crear.

-¿Cómo podría hacerse con ese término, Final Four, Final a Cuatro? Está instaladísimo ya.

-Á. G.: Es que es una final a cuatro…

-A. R.: Suena mejor final four.

-Á. G.: Pero es que final a cuatro es una equivocación en los términos. Como decir nieve negra.

-A. R.: Lo que no sabemos es cómo decirlo.

-Á. G.: Pero final no puede ser con cuatro. La final es con dos.

-A. R.: Pero será mejor que final four...

-Á. G.: Este debate lo tenemos siempre (ríe).

-A. R.: Pero decir cualquier otra cosa sonaría artificial, después de ya tan instalado. A lo mejor sale solo. Como salió palomita, después de flangeón. Pero en los años veinte se escribía así.

-Á. G.: Sí, sí.

-A. R.: A mi padre se lo he oído decir, cuando Ricardo Zamora se lo oía decir. Luego se fue cambiando a palomita

-Á. G.: Mira, una discusión que teníamos siempre era los minutos de descuento. ¡Los minutos de descuento no se descuentan, se añaden! Y al final ha salido una fórmula, que la empezó a utilizar Iñigo Markínez, de la SER: "Quedan dos minutos, tres, más la tablilla". Perfecto. Usando los propios recursos de la lengua. Esa es la riqueza y gran capacidad de los creadores de la lengua que podemos ser los periodistas.

"Álex Grijelmo es un ecologista de las palabras"

-Habla de que el himno del Sevilla tiene un error sintáctico.

-Á. G.: Sí. "Es por eso que hoy vengo a verte".

-A. R.: Eso es francés. Pero en poesía se admite. Para que encaje.

-Á. G.: Bueno, bueno…

-¿Le chirría mucho cuando lo escucha?

-Á. G.: Muchísimo. Y cosas que se cantan en el Bernabéu. "Cuando el Madrid ganará, cuando el Madrid marcará". Cómo. Será cuando el Madrid marque. A mí me da patadas en los oídos y supongo que a unos cuantos miles más que yo.

-A. R.: Ahí es cuando te digo que eres más purista que yo. Soy más compresivo con eso.

-Las columnas de Álex les ha dado para debatir mucho…

-Á. G.: Sí, porque hablamos de todo eso y mantenemos puntos discrepantes dentro de la misma ilusión, por el periodismo y por el lenguaje cuidado. Yo con la palabra purista… Preferiría más ecologista de las palabras.

-A. R.: Sí. Los ecologistas deben ser exagerados. Pero si no se pasaran, estaría asfaltada la Casa de Campo. Tiene esa misión.

-Á. G.: (Ríe) De pérdida de patrimonio. Te da pena perder patrimonio cultural.

Álex Grijelmo con su libro 'Con la lengua fuera'.

-A. R.: Activista del idioma.

-Á. G.: Activista del idioma, vale. Sin poner bombas.

-Hablaban antes de la sección de Álex en Radio Nacional, 'palabras moribundas'. ¿Qué palabras que hayan muerto en el lenguaje del periodismo deportivo les apena que hayan desaparecido?

-Á. G.: Caseta. "El árbitro lo mandó a la caseta". Ya no hay. Antiguamente sí. Sobre todo en el fútbol modesto, casetas auténticas. Ahora los vestuarios tienen gimnasio, sauna, todas las comodidades. Las casetas que yo he conocido cuando hacía periodismo deportivo en Burgos eran infames y la palabra ha desaparecido por vestuarios.

-A. R.: Yo me acuerdo cuando empecé en Marca que también hacía vestuarios. Cuando encargaba los servicios de los periodistas, decías: Eutrapelia, que era como una contracrónica. Y luego ponía: Casetas, el cargo de estar en los vestuarios. Se perdió trencilla, que era un poco cursi. Porque los árbitros llevaban un bordadito blanco, alrededor del cuello, una trencilla. Por aquella época en la que yo empecé a trabajar se decía salto de campo, porque los campos los rodeaban de una zanja, y los equipos la saltaban y, claro, en las primeras crónicas… "Saltaban al campo…". Y esto ya no se dice.

-Á. G.: Yo creo que sí. Pero todos los vocabularios se renuevan conforme se va renovando la realidad. Lo que es absurdo es que las cosas que se decían en español se empiecen a decir en inglés. Y modismos como "le ha ganado la posición". Le ha adelantado de toda la vida.

-A.R.: Ganado la posición… Yo creo que viene del baloncesto, donde va bien, porque ganar la posición es "yo me pongo aquí y tú ya no puedes venir". Pero en los coches no, en los coches es "se ha adelantado".

-Hay otro aspecto llamativo de Álex. Que le ha dedicado casi más tiempo a la portería que al periodismo. Alfredo, ¿alguna vez lo ha visto?

-A. R.: Sí, claro.

-Á. G.: Hemos jugado juntos alguna vez.

-A. R.: Ahí anduvo en el Burgos así, así. Pero es que entonces salió Manzanedo, que llegó a la Selección.

-Á. G.: Sí, fue internacional.

-A. R.: Le cortó el camino a Álex.

-"Le tomó la posición".

-Á. G.: (Ríe) La verdad es que cuando éramos juveniles en Burgos se decía: "O Álex o Manzanedo". Éramos los porteros referencia en el fútbol juvenil de Burgos. Y más que Manzanedo fuera mejor que yo, que lo era, lo que me cortó la carrera futbolística fue que me fui a estudiar fuera. Si hubiera seguido... Fíjate, un portero que era suplente mío en el equipo Cervezas El Aguila llegó a jugar en el Burgos. Yo creo que habría podido jugar al menos en Segunda. Y, como sabéis, sigo jugando en La Liga de Medios, y panchangas con los amigos. Los jueves, en El Retiro.

-¿Álex, cuántas veces le ha contado a Alfredo esa anécdota, de cuando entrevistó a Juanito llorando?

-Á. G.: (Ríe) Muchas porque se le olvida.

-A. R.: No, no me acuerdo. ¿Entrevistaste a Juanito?

-Á. G.: Entrevisté a Juanito, llorando él. Y yo casi también. Fue un partido contra el Barakaldo. Entonces las porterías tenían hierro detrás y el balón fue con tanta violencia que golpeó en el fondo y volvió, y el árbitro, Sánchez Arminio, dijo: "Sigan, sigan". Creyó que había dado en el larguero. Y cinco minutos después, fui a entrevistar a Juanito que estaba recién salido de la ducha y apenas pudo decirme cuatro palabras. Lloraba de rabia porque le habían anulado ese gol, el de la victoria. Sería el año 73, por ahí.

Dos antes de que se conocieran, de que Álex Grijelmo probara por primera vez la pizza, de la verdadera raíz de este libro, 'Con la lengua fuera', que acaba de publicarse y ya debe ser una Biblia para todo aquel que quiera dedicarse a esto, el periodismo deportivo.