ATLÉTICO DE MADRID

La madurez de Carrasco

El belga ha añadido disciplina a su desborde y calidad. Como carrilero, no para de recorrer la banda, sin escatimar esfuerzos en defensa y siendo clave arriba.

Yannick Carrasco pelea con Bouna Sarr por el esférico.
Gonzalo Arroyo Moreno Getty Images

Yannick Carrasco es un jugador nuevo desde su regreso de China en enero. Y no porque antes no fuese determinante, ya que siempre había dejado píldoras de su calidad, desborde y remate. Su gran cambio ha venido en su madurez y entendimiento del juego. 

El belga ha regresado de su periplo asiático concienciado para seguir las directrices de Simeone al pie de la letra, y si estas pasan por tener que ayudar a Hermoso y ejercer como carrilero así las lleva a cabo. Además, lo que siempre ha tenido Carrasco es que se crece en los partidos grandes. En su primera etapa ya había marcado en la final de la Champions contra el Madrid, en grupos de la competición europea para ganar al Bayern o había dejado grandes partidos ante el Barcelona. En esta segunda etapa sigue por el mismo camino, pero aportando además trabajo a destajo. 

Algo que dejó patente ante el propio Barça, haciendo el gol del triunfo, o contra los alemanes, donde fue un dolor de muelas constante dejando un despliegue físico excepcional. Carrasco siempre está para echar una mano en la nueva defensa formada por tres centrales, con Hermoso desplazado a la izquierda, pero además es el primero en tirar el desmarque en ataque. Su estado físico le permite conducir prácticamente de área a área y contra el Bayern fue el primero en sumarse para dar una solución a João Félix o Correa cuando el equipo estaba más encerrado. 

Con el portugués ha comenzado a desarrollar una conexión que es pura ilusión para los atléticos. Tienen la misma zona de influencia donde se sienten más cómodos, desplazados ligeramente a la izquierda para controlar y encarar, pero no se estorban. Carrasco y João Félix se entienden a la perfección y cuando uno tira el desmarque en largo el otro baja a recibir para coger ese espacio. Y si dos jugones así se entienden es el equipo el gran beneficiado. Ya son varias las jugadas con detalles preciosistas entre ellos, taconazos, dejadas, espuelas, donde no hay culminación por detalles, pero se está potenciando esa asociación.

Un Carrasco menos individualista, que mira más por el equipo y que gracias a eso se potencia individualmente, ya que es uno de los grandes jugadores de este inicio de curso. Si su marcha a China parecía una retirada prematura, con 27 años ha vuelto en un momento dulce y queriendo demostrar que está capacitado para ser clave en un Atlético decidido a pelar por todo.