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"Maradona destacó de mí que no utilicé patadas para defenderle"

Pepín, ex del Real Valladolid, habla de su enfrentamiento con 'El Diego', de las camisetas que le regaló y de la ayuda que le prestó tras sufrir un robo.

"Maradona destacó de mí que no utilicé patadas para defenderle"
AS.COM

Diego Armando Maradona se enfrentó dos veces al Real Valladolid en su trayectoria profesional. No pisó nunca el José Zorrilla, pero, en cambio, el primer choque en el Camp Nou le dejó huella, puesto que enfrente tuvo a quien después reconocería como el mejor marcador que tuvo en la Liga española, José Calzado, más conocido como Pepín. El exblanquivioleta recuerda para AS aquel partido, las dos camisetas que le regaló 'El Pelusa' y la ocasión en que este le ayudó tras un robo que sufrió a la salida de un 'clásico' en Barcelona.

¿Qué sentimiento le despertó el fallecimiento de Maradona?

De mucha tristeza por lo que era 'El Diego'. Se me puso la piel de gallina y me emocioné mucho. Era un chaval muy noble, no era un creído. Era una persona normal que se comportaba como un jugador de fútbol, nada más.

¿Qué recuerda de enfrentarse a él?

Nos enfrentamos solo una vez, porque después cayó enfermo de hepatitis y yo me vine al Córdoba. Era un jugador muy listo, que se movía mucho y corría y hacía jugar a sus compañeros. En esa época el Barcelona tenía un equipo bueno, pero no el mejor. Él hacía jugar al equipo, no jugaba el equipo para él. Su pie era como una mano, jugaba como quería, y era muy atento. Era muy allegado a sus amigos; yo tenía mucha amistad con Julio Alberto y otros compañeros suyos y decían que se comportaba fenomenal en el campo y en el vestuario.

¿Y ese partido cómo fue?

Ese día jugué como lateral y Mesones me pidió que le cubriera. No pudo hacer nada conmigo y hasta le hice un sombrero. Cuando terminó el partido estuve hablando con él y le pedí la camiseta, y me dijo que no me la podía dar porque la tenía ya comprometida, pero que cuando volviera a Valladolid en la segunda vuelta, me la regalaba. En la vuelta no vino por la enfermedad, pero tuvo el detalle de mandarme dos camisetas a través de Tente Sánchez, el capitán del Barcelona. Me impresionó mucho. Me dio una alegría enorme y me mostró que era humilde.

Guardará esas camisetas como oro en paño...

No las tengo, las tienen mis sobrinos. Son del Barcelona y se las regalé a ellos. Las tienen guardadas para su hijo con la importancia que tienen, aunque no pone Maradona, porque antiguamente no llevábamos el nombre a la espalda, pero saben que era de Diego y que se las había regalado a su tío. Están en mejores manos que las mías, que yo seguro que me habría despistado y se las habría dado a cualquiera, porque yo las regalaba siempre que me las pedían (ríe).

Maradona dijo más tarde que nadie en la Liga española le defendió con más nobleza que usted.

Lo dijo en una entrevista a la revista del Barcelona. Yo no lo supe hasta que, ya en el Córdoba, un amigo cordobés me trajo de Barcelona la revista que le había dado mi familia para mí. Decía que había sido un marcaje limpio y destacó que nunca utilicé las patadas como recurso para defenderle. No lo hice porque yo no necesitaba dárselas ni a él ni a nadie. Yo me intentaba anticipar o de aguantarle.

¿Volvió a tener más contacto con él?

Estuve en Barcelona ese año de vacaciones, porque mi familia vivía allí. Estuve viendo un partido de la Copa de la Liga contra el Real Madrid y luego salí a tomar algo donde estaban jugadores del Madrid y del Barcelona. Al marcharme, me habían roto el cristal del coche y me habían robado. Él salió, me reconoció y estuvimos hablando un rato grande. Me dio su número de teléfono y me dijo que le llamara si necesitaba algo. Cuando hice la denuncia llamé a su casa para agradecérselo y me cogió su mujer, y le pedí que no le molestara. Cuando llegué a Valladolid me llamó por teléfono y me 'riñó' por ello. Si llega a estar conmigo, creo que me habría dado un coscorrón (ríe).

Cambiando de tema, ¿qué recuerdo tiene del Real Valladolid?

Uno muy bonito, porque fue donde debuté en Primera División. Yo me eduqué deportivamente en el Espanyol; allí me hicieron futbolista, aunque tengo la espinita de no haber triunfado allí. Al ver que no tenía la oportunidad, decidí irme. Me fui al Júpiter y allí me vio el Getafe Deportivo, a donde me fui después. El Valladolid acababa de subir a Primera cuando me vinieron a fichar el presidente y Ramón Martínez, que me conocían porque me había enfrentado a ellos. Después de cuatro años y con dos más de contrato, pedí la carta de libertad para venirme al Córdoba y no se creían que me fuera a Tercera, pero yo tenía la ilusión de jugar en el equipo de mi tierra, aunque fuera en Tercera. Fui profeta en mi tierra y me siento querido por todo el mundo.