Muere Maradona

Maradona en el Barça: más noviazgo que matrimonio

Las negociaciones para ficharle duraron más que su etapa en el club, que se vio marcada por la hepatitis, la lesión y la pelea ante el Athletic además de sus partidazos ante el Madrid.

Maradona en el Barça: más noviazgo que matrimonio
© Antonio Espejo EL PAÍS

El 29 de mayo de 1982 el Barcelona de baloncesto jugaba contra el Cotonificio en el Palau Blaugrana. A la media parte, procedente directamente de Buenos Aires, el presidente del Barça, Josep Lluís Núñez, entraba en el palco del pabellón y daba la orden: “ponedlo”. Acto seguido, por la megafonía del Palau se anunciaba que Diego Armando Maradona acababa de fichar por el Barcelona. El público se olvidaba de lo que pasaba en el parquet, se ponía en pie y estallaba una sonora ovación. Acababan cuatro años de negociaciones y empezaba la Era Maradona en Barcelona. Fue breve, pero intensa.

De hecho, las negociaciones del fichaje duraron casi el doble de lo que estuvo Maradona en Barcelona. El agente Josep Maria Minguella acompañado muchas veces del vicepresidente Nicolau Casaus habían vajado en innumerables ocasiones a Argentina para tratar de fichar primero de Argentinos Júniors y luego de Boca al que iba a ser el mejor jugador del mundo. Lograron cerrar un primer compromiso en 1980, pero la Junta Militar impidió la salida de Diego para que “jugara el Mundial de ustedes”, tal y como explica Minguella que le dijo el propio Julio Grondona, presidente de la AFA.

Con la camiseta blaugrana jugó menos de dos años. Desde su debut el tres de agosto de 1982 en el estadio Hindemburg de Meppen en un amistoso hasta julio de 1984 cuando se marchó rumbo a Nápoles.

El amor entre Maradona y el Barça tuvo un noviazgo muy largo y apasionado que resultó en un matrimonio decepcionante. Con momentos gloriosos como la final de Copa contra el Real Madrid en La Romareda o el regate en el Bernabéu a Juan José que se estrelló contra el poste y con peleas memorables como la vergonzosa tángana en la fnal de Copa contra el Athletic de Blbao. Estuvieron más juntos en la enfermedad, sufrió una controvertida hepatis y Goikoetxeea le fracturó el maleolo y el ligamento dejándole tres meses y medio en el dique seco, que en la salud.

Maradona pisó por primera vez el Camp Nou como jugador del Barcelona el 4 de junio de 1982 cuando obtuvo un permiso de Menotti para ausentarse de la concentración de la selección argentina en Vilajoyosa para el acto de la firma de su contrato. Como era preceptivo en esa época, se firmó en las oficinas profesionales del presidente en la Calle Urgell de Barcelona antes de desplazarse al estadio. Los actos fueron con retraso sobre el horario previsto porque hubo que esperar en las oficinas a que llegara Nicolau Casaus, que se había dormido.

Tras la firma, Maradona posó en el estadio y luego toda la comitiva fueron a comer opíparamente al restaurante Las Indias. La comitiva de amigos que acompañó a Maradona en su domicilio en la calle San Francisco fue una de las leyendas que acompañó el paso de Diego por el Barcelona fuera de los terrenos de juego.

Según el periodista Jimmy Burns, autor de una de las numerosas biografías que existen sobre el astro, y confirmado luego por él mismo, Maradona empezó en la capital catalana a consumir estupefacientes antes de irse a Nápoles.

En su primeras campaña en el Barça, Maradona ganó dos títulos, ambos al Real Madrid: la Copa del Rey, donde en la final sufrió un marcaje espeluznante de José Antonio Camacho y la Copa de La Liga, que jalonó en el mismísimo estadio Santiago Bernabéu con el tanto con el regate sobre la línea de gol a Juan José. No obstante, el Barça no acabó de funcionar. Principalmente, por la hepatitis que se le diagnosticó y que le tuvo apartado de los terrenos de juego durante tres meses (14 partidos) en los que el Barça también cayó eliminado de la Recopa costándole el puesto al entrenador Udo Lattek. El técnico alemán y Maradona nunca llegaron a mezclar bien. Lattek, que ya tenía a Schuster en su equipo, prefería el fichaje de Littbarski y sus encontronazos con las estrellas provocaron la llegada de César Luis Menotti. Con el ‘Flaco’ el Barcelona ganaría esos dos títulos frebte al Real Madrid.

La siguiente temporada tenía que ser la de la consagración de Maradona de blaugrana, pero nada más empezar el curso llegó a entrada de Goikoetxea que dejó al Barça sin Maradona de septiembre a enero. Esa entrada fue la espoleta que desató la animadversión entre las plantillas y los técnicos de ambos equipos que explotó de manera descontrolada en la final de la Copa del Rey de esa temporada en el Bernabéu con la famosa pelea multitudinaria entre los jugadores de uno y otro bando. A raíz de ese lamentable espectáculo, Maradona fue sancionado por la Federación Española de Fútbol con tres meses de suspensión. El primer paso para que saliese del Barcelona ya se había dado.

Maradona estaba cansado de las patadas que recibía por los campos de España y la sanción de la Federación fue la gota que colmó el vaso. También consideraba que la junta de Núñez no le defendía lo suficiente y notó que se empezaba a atacar a su entorno, en especial a su agente y amigo personal desde que eran niños, Jorge Czysterpiller.

Núñez, que nunca entendió la proyección futbolística del Diego por encima del rendimiento económico, vio con buenos ojos la oferta del Nápoles. Como el Barça había comprado a Maradona en dólares cuando la cotización de la divisa americana era muy baja y lo iba a vender con la moneda patrón muy alta, el negocio era redondo, pero sólo a nivel económico.

Para asegurar más el tiro de la rentabilidad económica, Núñez le encargó la negociación de la venta a Joan Gaspart, el vicepresidente era el directivo de la junta que más se opuso a la venta del astro argentino. “Como tú no quieres venderlo, me conseguirás el mejor precio”, explica Gaspart que le ordenó Núñez.

El 5 de julio de 1984, Maradona se presentaba en el estadio de San Paolo lleno a rebosar y empezaba a escribir la leyenda que se quedó a medias en el Camp Nou en una ciudad en la que se sintió como en casa, quizás demasiado y que le elevó a los altares literalmente. Atrás dejaba 58 partidos con el ’10’ del Barça en los que marcó 38 goles y ganó dos títulos en una historia de amor que se rompió en cuanto llegó el matrimonio.