El Madrid 'joga bonito'
El Madrid 'joga bonito'

REAL MADRID

El Madrid 'joga bonito'

Hasta 27 jugadores nacidos en el país brasileño han vestido en alguna ocasión la camiseta blanca: unos fracasaron, otros, la gran mayoría, triunfaron. Aquí repasamos sus historias.

Nada asegura el éxito en el deporte y menos en el fútbol, que está muy lejos de ser una ciencia exacta, pero contar con los mejores ayuda mucho a recorrer ese camino hacia lo triunfal. Y seguramente por eso el Real Madrid, reconocido en la cima del siglo XX por la FIFA, haya guardado a lo largo de su historia una relación tan estrecha con la selección de Brasil, pentacampeona mundial, superior al resto: con 27 brasileños, ningún otro país ha vestido a más jugadores con la nítida camiseta madridista. Ni ha marcado tantos goles, 383 en 2.805 partidos, a excepción de Portugal, léase Cristiano, que está en 525. La clave para entender esta simbiosis la dio Ronaldo Nazário, uno de los más ilustres: "El Real Madrid es como si fuera Brasil… pero todos los días".

Los precursores

En la casilla de salida aparece Fernando Giudicelli, desde entonces y para siempre el primer brasileño en jugar en el Madrid. Ocurrió en la temporada 1935-36, con Francisco Bru en el banquillo y, como suele pasar en estos casos, nadie imaginaba lo que ofrecería el vínculo Madrid-Brasil. Su aportación fue prácticamente testimonial y pintoresca por lucir una gorra: se limitó a un encuentro en la sexta jornada de la Liga ante el Racing… que acabó en derrota. Trotamundos del fútbol, pasó por su país, Italia, Francia o Portugal, desde donde llegó al Madrid con el halo propio de quien había estado en la primera edición de un Mundial, el de Uruguay 1930. Su fracaso ante el conjunto racinguista fue de tal magnitud que pocos días después del encuentro se le dio la baja y emigró a Portugal. Tenía 36 años, tres más de los que había declarado a su llegada… 

Por las huellas que dejó Giudicelli continuó Didí. De nombre Waldir Pereira y en plena moda de lo brasileiro (la selección sudamericana había ganado el Mundial de Suecia con un juego maravilloso), Bernabéu vio en él lo que se intuía que sería Pelé, con el que coincidió en la selección, e intentó su fichaje en 1958, pero no sería hasta un año después, en 1959, cuando Didí aterrizaría en Madrid. La adquisición, por unos 5 millones de pesetas de la época, fue de campanillas. Campeón, y más decisivo que un joven Pelé en el Mundial de Suecia 58 y luego en Chile 62, consta como el inventor en 1956 de la folha seca, esa suerte de tiro de efecto endemoniado e imposible para los porteros que patentó debido a una lesión en un tobillo y que perfeccionó gracias a la brisilla que se producía en el Bernabéu. Sin embargo, no terminó de mezclar con Di Stéfano o Puskas, los emblemas de la casa. Su breve etapa, una campaña con 6 goles en 19 jornadas ligueras, tuvo un final entre el rosa y el amarillo: su mujer, doña Guiomar, que trabajaba como columnista de un periódico brasileño y para una agencia, escribió un día que los futbolistas del Madrid, a excepción de su marido, criticado, pagaban a los medios para que no faltaran halagos. Cuando eso fue rebotado desde Brasil, se montó la marimorena.

La experiencia mejoró con las compras escalonadas de Darcy Silveira dos Santos 'Canario' (1959-62) y Evaristo de Macedo (1962-65). El primero, jugador de garra y temple que se había instalado junto a Didí, aguantó cuando el refuerzo estelar de su compañero se apagó. Lo hizo hasta 1962, con un botín de dos Ligas, una Copa de Europa y una Intercontinental. Hay debate, en cambio, sobre si, como a Didí, computarle la Copa del Generalísimo de 1959 porque la reglamentación les impedía disputarla por ser extranjeros. Sea como fuere, le relevó Evaristo, que se atrevió a cambiar el azulgrana por el blanco. Antes se había apuntado un hito con Brasil, convirtiéndose en el primer futbolista de su selección en anotar un repóquer, en 1957 contra Colombia. En el Barça había triunfado (dos Ligas, dos Copas de Ferias y una Copa del Generalísimo con asterisco por el motivo ya comentado), pero sobre todo con un golazo que le marcó de cabezazo en plancha al Madrid en la Copa de Europa. Se le llamó 'El bello gol de Evaristo' y sirvió para eliminar a los blancos de la máxima competición europea en 1961, pero se proveyó también un huequito en la memoria del Madrid, con el que levantó dos Ligas. 

Didí, posando el día de su presentación con el Real Madrid.
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Didí, posando el día de su presentación con el Real Madrid.

De la nada a la abundancia

Con ese buen sabor de boca de 1965 se quedó la cuestión brasileña, ajeno el Madrid incluso al jogo bonito de México 1970, hasta que transcurrido un cuarto de siglo Ricardo Rocha (1991-93) probó en el Bernabéu lo más amargo del fútbol. Muy duro ("la sonrisa es un lujo que no está al alcance de un central", dijo), El Xerife integró una plantilla que cayó en desgracia en dos Ligas seguidas, aquel doblete de hecatombes en Tenerife. Y no es que el defensa pasara por allí, sino que en la primera un autogol suyo supuso el 2-2 que precedió al definitivo 3-2. Antes, otro tanto en propia meta suyo había provocado la eliminación con el Torino en la UEFA, y después se equivocaría de portería de nuevo, en un encuentro ante el Deportivo en Riazor. Regresó a casa y, jugando en las filas de Santos desde 1993, celebró la conquista del Tetra, el cuarto Mundial de Brasil.

Hasta el cierre del siglo hubo un triple fiasco, el encendido de una estrella y un sí pero no. Decepcionaron Vítor (1993-94), al que tan pronto se calificó de próximo Cafú como se le despidió, con un reencuentro en Vasco da Gama en la Intercontinental de 1998, recordadísima por El Aguanís de Raúl. La leyenda que pululaba por la antigua Ciudad Deportiva dice que el Madrid llegó a un acuerdo con el Sao Paulo para fichar a Cafú, que el club brasileño pidió que continuara hasta la final de la Intercontinental y que, a cambio, se apañara con este joven lateral. En uno de sus primeros entrenamientos, Benito Floro le dio unas órdenes precisas, pero no le hizo caso alguno. Disfrutó de tres encuentros de Liga. El día de su debut se llevó un palo por parte del entonces presidente, Ramón Mendoza: "Este es un petardo…".

Tampoco llegaron a triunfar ni Zé Roberto, traído en el invierno de 1996 y vendido en 1998, pese a ser un pedido de Capello; ni Julio Cesar (1999-00), central al que el salto del Valladolid al Madrid se le hizo abismal y se conformará con enseñarle a sus nietos la foto de la Octava… aunque aquella noche en París estuvo en la grada. Firmado tras asolar al Madrid en un trofeo en Mallorca con Flamengo, a Savio Bortolini (1997-02) le abrasaron las lesiones, pero no se dio por vencido y en su currículo hay tres Champions, una Liga, una Intercontinental y una Supercopa de España. Pudo haber destacado más, haber marcado una época, pero que le quiten lo bailao. Por él y por todos sus compañeros se coronó Roberto Carlos (1996-07) , un mito comprado en una operación exprés, de alrededor de 24 horas, dirigida por un Lorenzo Sanz que acordó un precio de saldo (500 millones de pesetas, unos 3 millones de euros al cambio) por el desprecio al paulista de Hodgson, técnico del Inter. Cuando se presentó se le asoció, por evidente motivo de nomenclatura, al cantante, una anécdota a la vuelta de 11 años copados de trofeos: tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, una Supercopa de Europa, cuatro Ligas y tres Supercopas de España. Y todavía sobresale un dato del menudo y potente zurdo, los 526 partidos que le colocan aún hoy como el extranjero con más encuentros de siempre en el club.

Un siglo XXI verde amarelo

En el verano de 2000, como tirita para la sentida venta de Fernando Redondo al Milán, llegó Flávio Conceiçao, objeto de deseo de Vicente del Bosque y de Jorge Valdano. Florentino sacó la chequera por uno de los iconos del SuperDépor, pagando 27 millones de los recién estrenados euros por él. Sin embargo y a pesar de los trofeos hasta 2003 (dos de Liga, uno de Champions, uno de Supercopa de Europa y uno de Intercontinental), no terminó de cuajar en una medular a la que sí se adaptó Makélélé, especialmente por las lesiones: una molesta pubalgia y una dura rotura parcial del tendón de Aquiles. Para las historias de despachos queda aquel tirón de orejas de Florentino a Vicente del Bosque, pidiendo el mandatario explicaciones por el escaso rendimiento del centrocampista; el entrenador le respondió "mire, es que no acabo de verle…", a lo que fue cortado rotundamente por su jefe: "Vicente, si un empleado mío me pide que compre una excavadora de 4.000 millones y luego no la pone a funcionar, al día siguiente está en la calle…".

En 2002 Florentino reclutó a Ronaldo, su tercer galáctico tras  Figo en 2000 y Zidane en 2001. Repuesto de dos gravísimas lesiones de rodilla, enamoró en el Mundial 2002, una proeza que le condujo a vestir de blanco, previo choque con el técnico argentino Héctor Cúper. Tras una negociación de infarto, prolongada por Massimo Moratti hasta casi el descuento de agosto, el acuerdo con el Inter se tradujo en 45 millones. Balón de Oro en 1997 y 2002, su debut fue una delicia, con un doblete en 15 minutos al Alavés. Y su periplo madridista, con evidente sobrepeso, igual. En cinco años dejó 104 goles en 177 partidos, una estadística brutal y con una guarnición de máxima categoría: una colección de regates, controles, carreras o la mítica función en la que Old Trafford le despidió en pie, aplaudiendo, sin importar que estuviera eliminando a su United… Su premio fueron dos Ligas, una Supercopa de España y una Intercontinental, aunque nunca se quitó la espina de la Champions, una conquista que hubo de dar por imposible cuando colgó las botas en 2011.

Con Roberto Carlos y Ronaldo coincidieron Julio Baptista (2005-08, con una temporada cedido al Arsenal, la 2006-07), Robinho (2005-09) y Cicinho (2005-07), firmados en un verano de pura samba en las oficinas. Con una inversión de 50,3 millones (20+24,5+5,8), el clan brasileño fue muy protagonista dentro y fuera del césped. Acumularon 51 goles (13+35+3) y 38 asistencias (6+27+5), y celebraciones criticadas por pintorescas, como La Cucaracha contra el Alavés o El Canguro frente al Mallorca. La Liga de 2008 no se entiende sin ese golazo de La Bestia en el Clásico del Camp Nou que, según confesó en AS en mayo de 2019, es uno de los dos más importantes de su carrera: días antes había posado para ese periódico dentro de una jaula de leones; fue duramente sancionado económicamente por ello, pero al marcar el gol del triunfo se le levantó el castigo.

Tampoco se podría abordar la figura de Robinho sin su estreno de fuegos artificiales en Cádiz, después del que salpicó su trayectoria de detalles sin consistencia; se unió al City "para ser el mejor del mundo", pero en su palmarés lo más lucido son las dos Ligas y la Supercopa de España que ganó en el Bernabéu. Cicinho, con perfil y potencial para ser en la derecha lo que Marcelo sería en la izquierda, hizo las maletas rumbo a Roma con Baptista, aunque por motivos muy diferentes. "En el Madrid se me fue de las manos, era un alcohólico, bebía hasta caer", se señalaría en 2017.

Cicinho, Robino, Ronaldo, Roberto Carlos y Julio Baptista posan en el Bernabéu.
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Cicinho, Robino, Ronaldo, Roberto Carlos y Julio Baptista posan en el Bernabéu.

Por entonces surgieron un borrón, Emerson (2006-07), y dos joyas que incrustar en el escudo, Marcelo (2006-) y Pepe (2007-17). Emerson, requerido junto a Diarra por Capello para aquel centro del campo macizo en la teoría y de papel en la realidad, se volvió a Italia, cambiando Turín por Milán, a las primeras de cambio. A Marcelo le resbaló como agua la presión de la etiqueta de El nuevo Roberto Carlos. El propio Roberto pidió a la dirección deportiva que no le cedieran y bajo su tutelaje se formó en la élite, en la que se quedó a vivir: puede presumir 21 títulos en 509 encuentros, acariciando los 527 de Roberto Carlos; el alumno, a punto de superar al maestro. A Pepe, nacido en Brasil e internacional por Portugal, se le escrutó hasta el tuétano por ese nombre tan de andar por casa y por su coste, 30 millones, siendo un desconocido salvo para los más parabólicos. Con 14 títulos, 334 partidos, un puñado de polémicas como la de su agresión a Casquero y el olvido del problema central del Madrid gracias a su sociedad con Ramos, se marchó entre ruido tras una década prodigiosa por su no entendimiento con el club para renovar.

Pero no siempre se acierta tan a lo grande, y para muestra varios botones. El que más costó descoser fue el de Kaká (2009-13), uno de los galácticos 2.0 de Florentino para la reconquista; de hecho, el único que fracasó, a años luz de Cristiano y Benzema. Balón de Oro en el Milán en 2007, visitó demasiado la enfermería (120 partidos en cuatro temporadas) y regresó gratis a la Ciudad de la moda, un contraste brutal con los 65 millones que valió. Fabinho (2012-13), ahora campeón de Europa y de la Premier desde la media del Liverpool, no tuvo ocasión de demostrar y, aunque debutó con los mayores, anduvo encerrado en Castilla hasta que el Mónaco olió que ahí había algo más que un lateral derecho. Tampoco le soltaron las riendas a Rodrigo Fabri (1998-1999), que no superó la barrera del filial, ni a Willian Jose (2013-14), que también se estrenó con el primer equipo pero tampoco gozó de cierto recorrido. Luego haría goles donde fue: Las Palmas, Zaragoza y, actualmente, en la Real Sociedad finalista de Copa. Más tormentosa fue la experiencia de Lucas Silva (2015-19), 13 millones que parecieron estar de paso. Disputó el 18% de los minutos y enlazó cesiones en Olympique Marsella, Sporting Portugal y Cruzeiro, pensadas más como desembarazos que como parte de un proyecto a largo tiempo. Entre medias, lamentó unos problemas de corazón a los que derrotó. Gremio ha apostado por él 2020.

El último fiasco, alcanzando aun así el aprobado, fue Danilo (2015-17). No es para los laterales brasileños un hábitat apacible el carril derecho del Madrid, donde antes ya habían patinado Vítor y Cicinho. Cuentan personas cercanas a Danilo que le faltó talla para soportar la camiseta, y no como crítica al jugador, que alzó dos Champions o una Liga y que fuera del Bernabéu ha hecho carrera en el Manchester City y en la Juventus, sino como forma de dimensionar al Madrid.

Presente y mucho futuro

A todas esas particularidades merengues que a muchos aplastaron antes se ha hecho con naturalidad Casemiro (2013-), que ganó la Décima en su primer curso con un papel secundario, fue cedido al Oporto en el segundo y volvió para encadenar tres Orejonas consecutivas. Su compra, por 5,5 millones, fue una ganga difícil de creer hoy que es el pilar que sostiene el esquema blanco. Con él comparte vestuario y amistad, además de Marcelo, una nueva camada de brasileños prometedores, quizá los que aparecerían en la diapositiva inicial del Power Point con el que explicar la vigente política de fichajes del club: Vinicius (2018-; 45 millones), Rodrygo (2019-; 40) y Militao (2019-;50).

Vini es el proyecto más ilusionante, MVP del último Clásico, por ejemplo, y listo para afinar la puntería y romper en crack total. Nacido en 2000 en Río de Janeiro, en edad temprana se inclinó hacia el madridismo. Aunque su corazón era de Flamengo, al calor de los éxitos del Madrid, y especialmente atraído por la figura de Cristiano Ronaldo, empezó a latir también en blanco. Su progresión fue increíble, como explicó en AS Carlos Eduardo Abrantes, su descubridor y director de la Escolinha de Flamengo: "Siempre entrenaba con chicos mayores que él. Con siete años, por ejemplo, jugaba con los de nueve con mucha soltura". El runrún sobre ese chaval tan habilidoso fue creciendo por Río y se hizo clamor cuando iba subiendo escalones por la base de O mais querido do Brasil a velocidad de vértigo, algo que tampoco fue desapercibido en el Bernabéu. Y lo que era un sueño, jugar en Europa y en concreto en el Madrid, fue convirtiéndose en real. "Fue justo después de volver del Sudamericano de Chile. Ya había rumores en la prensa, pero nunca los creí. Tanto el Madrid como el Barcelona pusieron ofertas sobre la mesa y sólo tuve tres días para tomar mi decisión. Siempre quise jugar para el mejor club, así que por eso elegí el Real", desveló Vinicius en marzo en FourFourTwo, donde dio más detalles: "Mis padres visitaron ambos clubes y les gustó más el Madrid. Combinaba con lo que yo quería, y sentí que su proyecto era mejor para mí. Vi que daban muchos minutos a los jugadores más jóvenes, como yo, y estaban pasando por un momento sobresaliente de éxito en la Champions en ese momento". Lo que no contó, por aquello del decoro, es que en el Camp Nou le ofrecían (bastante) más dinero.

Vinicius, Rodrygo, Marcelo, Militao y Casemiro, posando en Valdebebas.
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Vinicius, Rodrygo, Marcelo, Militao y Casemiro, posando en Valdebebas.

Ejemplo de talento, esfuerzo y paciencia, Vinicius encaja como el espejo en el que se ha de mirar su gran amigo Rodrygo, que cayó de pie en el Bernabéu. Tardó 96 segundos en meter su primer gol, el más precoz de un madridista en Liga, con un control previo que Zidane valoró como "la hostia"; fue titular ante el Galatasaray en Turquía, con el ZZ jugándose el puesto y el equipo la clasificación para octavos de Champions, y en su siguiente aparición europea grabó su nombre a fuego en el torneo más prestigioso del mundo: suyo es el hat-trick más joven, 18 años y 301 días, de la competición. Como a Vini, a El Rayo le tentó el Barcelona, pero la negociación no prosperó y el Madrid supo llevarse el gato al agua. Los informes de sus diabluras en Santos y en las inferiores de Brasil eran inmejorables, los propios de una perla casi desde la cuna: con 11 años, Nike se comprometió con él y se convirtió en el patrocinado más pequeño de siempre. Por eso el Barça envió a su casa en mayo de 2018 una comitiva formada por Pep Segura y Óscar Grau, su mánager general del área de fútbol y su CEO, respectivamente, con la misión de volverse con el futuro de Rodrygo al menos apalabrado. El desenlace, sin embargo, como con Vinicius, fue bien distinto…

No apuntan tanto los focos a Militao, de aniversario en el Madrid con 17 partidos en las piernas y una anécdota carne de meme, el mareo que le sobrevino en su presentación. Las frenéticas horas antes de su puesta de gala, con la celebración de la Copa América conquistada con la Selección brasileña y un viaje transoceánico, le resultaron una losa. En el otro lado de la balanza están los millones pagados por él y su creciente estatus con Tite, que le tiene como fijo en las listas de la Canarinha desde septiembre de 2019. Son los argumentos que sostienen en el Madrid, que le prefirió a Matthijs de Ligt, para defender a su defensa, que requiere ese periodo de adaptación habitual, especialmente habiendo actuado mayoritariamente en la banda derecha en sus últimos meses en Oporto. Ahora necesita trabajo y paciencia, que lo que se le ha encargado es de una complejidad extrema: asegurar a corto, medio y largo plazo el relevo en el centro de la zaga, donde las edades de Sergio Ramos, su ídolo, y Nacho exigen savia revitalizante.

Aún cabría añadir a Reinier (2020; 30 millones), el último de la fila, que tras 15 encuentros en el equipo profesional de Flamengo sólo ha tenido tiempo de lucirse en el Castilla. A las órdenes de Raúl, de febrero a marzo desplegó sus dotes como si hubiera sido moldeado en La Fábrica: en tres jornadas en la selva de Segunda B asistió de tacón en el primer gol del 2-0 al San Sebastián de los Reyes, no tuvo respuesta en Pontevedra y se inventó un doblete contra el Coruxo. La recompensa a esos méritos le llenó de alegría el 26 de mayo, acabada la competición para el B por el coronavirus, cuando le comunicaron que Zidane contaba con él para integrarse en la dinámica de los mayores en Valdebebas, aunque por el cupo de extracomunitarios no opta a ser convocado en Liga. En los despachos hay mucha ilusión por la evolución de un mediapunta que ha bebido de la fuente de madridismo según aprendió a andar, con su padre, el exjugador de fútbol sala Mauro Brasília, poniéndole vídeos de los blancos desde crío. "El Madrid es lo mejor que le podía pasar a mi hijo", presumió orgulloso Mauro al abrirle las puertas de su casa de Río de Janeiro a este periódico. "Soy madridista por los Galácticos", aseguró por su parte Reinier en AS a las horas de anunciarse su fichaje, fruto de una operación muy sencilla, de apenas un mes. En diciembre de 2019 Florentino puso a funcionar la maquinaria y en una reunión en el hotel de concentración de Flamengo para el Mundial de Clubes, el representante Giuliano Bertolucci les explicó al futbolista y a su familia las intenciones desde Concha Espina. El resto fluyó, con la única pega (que los problemas sean esos…) de la tensa espera hasta que Reinier alcanzara la mayoría de edad, el 19 de enero de 2020, para que se oficializara el trato.

Y a toda la tropa hay que relacionarla con Juni Calafat. El chief scout del Madrid y mano izquierda de Florentino Pérez, con un olfato genuino para la detección de talento ha puesto su sello verde amarelo en un Madrid en el que cada vez tiene más poder decisorio. Los mejores, con los mejores.

Juni Calafat, el hombre siempre en la sombra

Y a toda la tropa hay que relacionarla con Juni Calafat. El chief scout del Madrid y mano izquierda de Florentino Pérez, con un olfato genuino para la detección de talento ha puesto su sello verdeamarelo en un Madrid en el que cada vez tiene más poder decisorio. Llegado a comienzos de siglo, siendo el hombre que resolvía los problemas de sus compatriotas, y debido a su buena red de contactos, ha abierto de nuevo el mercado brasileño a la entidad blanca. Sus últimos fichajes (Vinicius, Rodrygo, Militao y Reinier) así lo atestiguan. Tiene un lema: 'Los mejores, con los mejores', y lo está consiguiendo...

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