CAMPEONES POR SORPRESA (X)

Maradona y la Juve de Platini sucumben ante el Hellas Verona

Un serial que repasa a las grandes sorpresas de la historia del fútbol, desde el Nottingham Forest campeón de Europa al Leicester que conquistó la Premier.

Debut de Maradona ante el Hellas Verona.
Getty

El año 1984 llegó y el Gran Hermano no era ese ojo que todo lo ve que dominaba el mundo. Quién sí reinaba sobre el planeta fútbol era Michel Platini, que en el verano de aquel mismo año se proclamó campeón con Europa con Francia, ganó su segundo Balón de Oro y en Turín, donde lideraba a la mejor Juventus de la historia, era casi tan importante como la FIAT. Fue el mismo verano en que llegó a la Serie A un jugador que vino a romper todos los esquemas. El Nápoles fichó a Maradona, destinado a arrebatarle la corona al francés. También fue el verano en que Rummenigge, la gran estrella alemana del momento, fichó por el Inter, y en el que la Fiorentina contrató al mago Sócrates, estrella de la selección brasileña. Era la Edad de Oro del Calcio. Zico, Gentile, Paolo Rossi, Júnior, Laudrup, Souness, Falcao, Passarella, Boniek, entre otros, formaban una constelación de estrellas que se repartían entre los distintos equipos de la Serie A. Cada equipo tenía una gran figura; el calcio era como la NBA del fútbol.

En pleno apogeo del fútbol italiano se coló un protagonista inesperado procedente de una ciudad en la que la palabra amor tiene una dimensión omnipresente: Verona, capital eterna del romanticismo gracias a la obra Romeo y Julieta. Cuatro siglos después, sería el técnico Osvaldo Bagnoli y no Shakespeare, el gran autor de una apasionante historia que aconteció en la ciudad italiana. Y es que este humilde entrenador italiano tomó las riendas del Hellas Verona en 1981, cuando el club militaba en la Serie B, y en cuatro años lo hizo campeón de la que por entonces era la mejor liga del mundo. Seguro que Shakespeare hubiera catalogado la hazaña como El Sueño de una Noche de Verano.

De la mano de Bagnoli, el Hellas Verona fue dando pasos de gigante temporada tras temporada. Ascendió a los pocos meses de que llegara el entrenador, se clasificó para la UEFA al año siguiente, en 1983, año en el que también llegó a la final de Coppa, en la que cayó ante la poderosa Juventus de Platini. Al año siguiente consolidó su éxito volviendo a disputar la final, pero esta vez perdió ante la Roma.

La temporada 1984-85 fue un curso con circunstancias especiales que Bagnoli interpretó como nadie. La Juventus se centró en la Copa de Europa, que terminó ganando tras la catástrofe de Heysel, y desechó la liga. Fue la temporada de adaptación de Maradona, la Roma, que había jugado la final de la Copa de Europa la temporada anterior, estaba en un proceso de transición, Sócrates se estrelló en la Fiorentina, el Milán estaba en reconstrucción y al Inter le faltó aguantar el ritmo en los meses finales de competición. Eran los grandes tiempos del catenaccio. La Italia campeona del Mundo de Bearzot y la Juventus de Trapattoni marcaban el estilo a seguir. Un estilo perfecto para un hombre como Bagnoli, acostumbrado a trabajar con más esfuerzo que talento. Entre tanto fichaje galáctico, el Hellas Verona fichó al danés Elkjaer Larsen y al alemán Hans Peter Briegel, que aquel año dejarían su firma en la historia de la Serie A. Con los dos nuevos y únicos extranjeros del equipo en ataque, el Hellas Verona se convirtió en un equipo sólido, rocoso, contragolpeador, especializado en sacar más provecho de los errores del rival que de sus aciertos. Sólo recibió 19 goles, el equipo que menos encajó. Larsen y Briegel, junto a Galderisi, ídolo local, acabaron en el Top-10 de goleadores del campeonato, marcando ocho tantos el danés y nueve sus dos compañeros. Eran tiempos difíciles para el gol en la Serie A.

Tras aquel título, la historia del Hellas, como la de Romeo y Julieta, acabó en tragedia: el equipo se fue desvaneciendo poco a poco y en la 1989-90 acabó descendiendo. Desde entonces se ha convertido en un equipo ascensor del calcio, con ascensos y descensos constantes y problemas financieros. Y es que no hay lugar como Verona donde encajen mejor las historias de pasión y las tragedias.