REAL ZARAGOZA / HISTORIAS DE SEGUNDA (XXIV)

El cuarto ascenso del Real Zaragoza (I)

Chaves sufrió la lesión de rodilla que le retiraría con 26 años, Alierta no le aceptó la dimisión a Mundo y el equipo aragonés alcanzó la Primera División en la promoción, tras un triunfo inolvidable en Mendizorroza el 29 de junio de 1956.

Zaragoza
El cuarto ascenso del Real Zaragoza (I)

La promoción de ascenso había vuelto a llenar Torrero y a expandir la ilusión entre el zaragocismo, pero Cesáreo Alierta tuvo que salir otra vez al paso de ese chisme sin fundamento de que su junta directiva no tenía como prioritario el ascenso a Primera División. “Mientras estemos en Segunda, no tendremos más remedio que vivir lánguidamente. Así que desmiento todos esos rumores sobre que no nos interesa ascender. Son absurdos”, recalcó con énfasis el presidente en la Junta General Ordinaria del 14 de julio de 1955.

En esa asamblea se aprobaron las cuentas de la temporada recién concluida, que, como se recogió en el capítulo anterior de esta serie, arrojaron un beneficio de 561.492 pesetas, rebajando la deuda hasta las 3.105.000 pesetas, una cifra que apretaba, pero que ya no ahogaba. No obstante, Alierta mantuvo su discurso de austeridad ante los socios: “El dinero que mejor emplea el Real Zaragoza es el que destina a cancelar atrasos, ya que la deuda tiene inmovilizada la economía del club, vinculándola a una tónica de pobreza que no nos corresponde ni por categoría de ciudad ni de afición”.

El Zaragoza continuaba en Segunda, pero durante la liguilla de promoción se habían revalorizado varios de sus futbolistas y, como en la campaña anterior, no tardaron en llegar las ofertas. Después de una rápida negociación telefónica, el 4 de agosto Alierta se desplazó a Barcelona para firmar con el presidente azulgrana Francisco Miró-Sans el traspaso del defensa izquierda Castañer por medio millón de pesetas, convirtiéndose la operación en la venta más elevada hasta entonces de la historia del club, 50.000 pesetas mayor que la del extremo izquierdo Daví al Español en el verano de 1952.

El Valencia pidió precio por el central Alustiza, el Español volvió a interesarse por el goleador Chaves y el Oviedo presentó una propuesta conjunta por el interior Baila y el extremo Rivas, pero Alierta declaró a los tres primeros intransferibles y le puso al último un valor prohibitivo para la economía del club asturiano: 250.000 pesetas.

Además de Castañer, también causaron baja, entre otros, los cedidos por el Real Madrid Vidal y Ucelay II, el húngaro Samu y Mena, que colgaron las botas, y Esquerda, que retornó al Lérida, tras cuatro temporadas en Torrero, pasando a ostentar la capitanía Avelino Chaves.

José Estiragués, ‘El Sordo’, fue el fichaje más importante de esta temporada.

Mundo, que renovó su contrato por una temporada, tuvo que conformarse otra vez con refuerzos modestos. Y así, del Arenas local llegaron por 30.000 pesetas el defensa izquierda Gil Ramírez y el medio volante Camolo, mientras el defensa central Bolao, el interior José Luis (García Traid) y el extremo Rubio ascendieron del filial Celta. El Zaragoza concentró todo su esfuerzo inversor en dos futbolistas: el delantero centro Valero Serer y el interior derecha José Estiragués. Serer, al que conocía perfectamente Mundo de su etapa inicial en el Mestalla, fue el relevo de Ucelay II en la punta del ataque y hubo que pagar un traspaso al Gandía de 75.000 pesetas, ya que había sido el máximo goleador del Grupo IX de Tercera División, con 33 goles. Por Estiragués, al que pronto se apodó en Zaragoza ‘El Sordo’ –no porque fuera sordo, sino porque pegaba ‘a lo sordo’, sin que se le viera-, se abonaron 70.000 pesetas al Sabadell y pasó a ser el segundo mejor pagado del equipo, tras Chaves. Fue otra de esas incorporaciones sin mucho nombre, pero que hizo carrera en el Zaragoza. Estiragués empezó como interior, pero se acabó convirtiendo en un eficaz medio volante defensivo. Jugador muy viril, sacrificado y durísimo, fue después un secante y marcador implacable de los grandes interiores del fútbol español de su época: Rial, Peiró, Luis Suárez, Kubala, Uribe, Puskas... Y, claro, enseguida se le hicieron rimas: “Si le das a Estiragués, no jugarás en un mes” o “Estiragués pega primero y se queja después”. El gran Alfredo Di Stéfano, cansado de sus patadas, llegó a decirle lo siguiente durante el partido del Real Zaragoza en el Santiago Bernabéu de la temporada 1957-58: “Tú serás sordo, pero yo me cago en la concha de tu madre”.

Lo que nunca pudo imaginar Estiragués es que alguien creyera que fuese sordo de verdad, pero lo cierto es que cuando acudió a la Dirección General de Tráfico de Zaragoza para recibir su carnet de conducir, tras haber aprobado los exámenes, se encontró con un funcionario que interpretó al pie de la letra el apodo que le había puesto un camarero de ‘La Maravilla’, el restaurante del Paseo de la Independencia donde se reunía a comer el equipo antes de los partidos en casa: “Soy aficionado al fútbol, lo conozco a usted y me tiene que traer un certificado de un médico otorrino de que no es sordo”. Y, aunque parezca mentira, Estiragués tardó ocho días en recibir su permiso de conducir y no sin mediación de un directivo del Zaragoza.

El Real Zaragoza 1955-56 se presentó esta vez ante su público con un amistoso frente al Alavés, recién ascendido a Primera División, al que acribilló literalmente a goles, 9-3, con reparto goleador de toda su delantera: Serer (3), Chaves (2), Villarrubia (2), Baila y Estiragués. Una semana después, el 11 de septiembre de 1955, dio comienzo el campeonato de Liga en Segunda División, una categoría que mantuvo su formato de las últimas campañas. Es decir, 32 clubes divididos en dos grupos de 16, agrupados por criterios de proximidad geográfica. Los dos primeros equipos de cada grupo ascendían automáticamente a Primera División, mientras que los segundos y terceros, junto al decimotercero y al decimocuarto clasificados de Primera División, disputaban una promoción, con una liguilla a doble vuelta, que daba dos plazas de ascenso o permanencia en Primera División.

Después de dos años fuera del grupo de principales candidatos al ascenso, el Zaragoza compartió con el Oviedo y el Gijón la condición de máximos favoritos en el Grupo Norte, y así también lo entendieron sus aficionados: por primera vez en el mandato presidencial de Cesáreo Alierta hubo más altas que bajas de socios y los casi 600 nuevos elevaron el número de asociados, con cuota de entrada de 500 pesetas, hasta los 5.511.

Un entrenamiento de la pretemporada 1955-56 en Torrero. Chaves, en primer término, saltando una valla. Le siguen en la carrera Estiragués, Gil Rubio y Baila ante la atenta mirada de Andrés Lerín, auxiliar de Mundo.

El equipo aragonés comenzó el campeonato como un cohete, empalmando cuatro victorias consecutivas y situándose en lo más alto de la clasificación. Pero el triunfo frente al Indauchu de Bilbao en la cuarta jornada en Torrero le acabó saliendo carísimo: una dura entrada del defensa Olivares le produjo a Chaves, la gran figura del Zaragoza, una rotura del menisco interno y del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda. Pese a su evidente cojera, acabó el partido e, incluso, le sirvió a Parés el gol en bandeja en el último minuto, pero esa articulación ya no sería nunca la misma y le obligaría a retirarse del fútbol con sólo 26 años y después de dos temporadas en blanco.

Inicialmente, y sin los medios de diagnóstico actuales, el doctor Enrique Pelegrín, médico oficial del Zaragoza desde el 1 de marzo de 1953, dictaminó que la lesión era sólo un fuerte esquince de rodilla y Mundo le hizo reaparecer a Chaves tres semanas después, en el partido frente al Osasuna en Torrero, pero Chaves, que salió a jugar infiltrado, acabó cojeando y con la rodilla muy inflamada y se negó a seguir jugando. Estuvo a punto de ser declarado en rebeldía por el Zaragoza, hasta que decidió someterse a una revisión médica por parte de la Federación Española de Fútbol, que determinó la gravedad de su lesión. Fue operado en noviembre por el doctor Pelegrín y reapareció dos meses después, el 22 de enero de 1956, en el encuentro de la segunda vuelta frente al Lérida, pero sufrió una recaída y ya fue incluido en la lista de bajas por lesión de larga duración.

El Zaragoza capeó el temporal de la ausencia de Chaves alternando en el extremo derecha a Rivas, Villarrubia, José Luis y hasta a un medio volante puro como Villegas, cuando Mundo dejó fuera del once a Villarrubia en Gijón por haber bajado tarde al comedor. Y llegó al duelo directísimo frente al Oviedo, en la penúltima jornada de la primera vuelta, empatado a puntos con el sorprendente líder Caudal de Mieres. Torrero rozó el lleno el día de Año Nuevo y se recibió al Oviedo con una lluvia de almohadillas y abucheos. El partido fue de escasa calidad, pero de muchísima dureza, por cuestiones pendientes de la última promoción. Después de una primera parte nivelada, el oviedista Toni, que ya venía muy picado del famoso 7-0 de la temporada anterior, recibió una entrada destemplada de Estiragués y le respondió con una agresión, por lo que fue expulsado en el minuto 47. A partir de ahí, el Zaragoza asedió al Oviedo y logró el gol del triunfo a siete minutos del final, precisamente por obra del ‘sordo’ Estiragués

Un carnet de socio del Real Zaragoza de Tribuna Central de la temporada 1955-56.

El Real Zaragoza parecía lanzado al ascenso directo, pero dos derrotas seguidas en el Obispo Irurita de Tarrasa (2-1) y la Cruz Alta de Sabadell (3-1), donde el portero Lasheras se ‘tragó’ dos de los tres goles vallesanos, provocaron lo inesperado: Mundo tuvo un momento de flaqueza al regreso a Zaragoza y le presentó su dimisión por carta a Alierta. El presidente no se la aceptó y salvó la crisis dándole al técnico baracaldés todo su apoyo en público y ante los futbolistas, pero se puso ya a buscar entrenador para la próxima temporada, ya fuera en Primera o en Segunda.

El equipo aragonés se mantuvo en puestos de promoción hasta que en la jornada vigesimosegunda perdió en Pamplona y cayó hasta la cuarta plaza, aunque a sólo dos puntos del líder Osasuna. Segundo era el Caudal de Mieres, la revelación del grupo, y tercero el Oviedo.

Cinco triunfos y un empate en Santander colocaron de nuevo segundo al Zaragoza, a dos puntos del Osasuna, pero la derrota por 2-0 en Oviedo en la penúltima jornada, en medio de un ambiente de hostilidad máxima, le hizo perder el ‘goal-average’ particular y le privó prácticamente de sus opciones de conseguir el ascenso directo.

El equipo de Mundo cerró el campeonato el 22 de abril de 1956 con una goleada frente al Tarrasa (4-0), pero el Osasuna también vapuleó al Sestao en San Juan (4-0) y logró el campeonato del Grupo I y el ascenso directo a Primera División. El Oviedo, por su parte, empató en Sabadell y acabó segundo.

El portero Pedro Lasheras fue el menos goleado del Grupo I de la Segunda División.

Al Zaragoza, tercero al final, le faltaron los goles de Chaves, pero fue el equipo menos goleado de la categoría, con sólo 27 tantos encajados en las 30 jornadas, gracias a la fiabilidad de su cuarteto defensivo titular: Lasheras; Torres, Alustiza y Bernad, que suplió con notable alto la marcha de Castañer al Barcelona.

Como en la temporada 1950-51, se había escapado el ascenso directo, pero quedaba otra vez la promoción y el Real Zaragoza no estaba dispuesto a desaprovechar una segunda oportunidad.

(El relato de esta temporada continuará mañana en el capítulo XXV de esta serie de Historias de Segunda).